Viernes 09 de Noviembre de 2012
Carmina Burana tiene un estilo basado en un no estilo, y lo disfrutan a su manera, con estilo. "La música es una suerte de trinchera", dice Kamono, la voz líder de la banda oriunda de Firmat. Con mezcla de pibe de pueblo y especialista en hablar lenguas muertas, el cantante cuyo nombre real es Leandro Ramón Ibarra lleva el estandarte creativo de una agrupación que sabe de rompe moldes. Hoy, a las 22.30, Carmina Burana presenta su nuevo disco de estudio, "Tenebris Carmina In Domina Serpens", en Willie Dixon (Suipacha y Güemes). Amantes de las canciones intimistas, abstenerse.
—¿Cómo hicieron para lograr esta combinación de ska, música balcánica, cumbia, salsa y hip hop?
—En los años 90 se le llamó música alternativa, pero escapa a eso, esto es una combinación de gustos de cada uno. Somos 9 integrantes y ninguno encuadra al género que hacemos. El batero, por ejemplo, es un tipo que le gusta mucho la música extrema, el heavy metal, y los demás respetan su manera de tocar; y los que hacen vientos les tira más el swing, y termina sonando algo raro.
—¿El no tener un estilo les termina dando un estilo propio?
—Sí, pero, mirá, una vez Goy Ogalde, el ex líder de Karamelo Santo, dijo que nosotros sonábamos como un pasodoble hardcore, y quedó. Nos parece que no es tan descabellada la definición, cierra bastante.
—Los descabellados son ustedes, no sólo por la música sino por las letras.
—Sí, y nos gusta mucho eso. Mis compañeros me dieron el aval para que yo escriba las letras y eso está bueno, porque puedo somatizar a través de las canciones cosas que uno piensa. Lo mío va siempre por el camino de la crítica, pero no ya hacia el sistema, sino hacia el íntimo de la persona, hacia uno mismo y hacia las diferentes energías que tiene cada uno, que son las que que van creando tu mundo exterior.
—No es tan sencillo entender las letras de Carmina Burana, ya que usan expresiones poco convencionales.
—Y, sí, hay palabras inventadas, palabras que forman parte de un dialecto de la banda, otras en un castellano antiguo que escuchaba en la casa de mi abuela, como cuitas. O también la palabra changango, que la podés descubrir en el "Martín Fierro", pero la decía mi abuela refiriéndose a un baile, y eso le da una identidad al grupo.
—¿El tema que abre el nuevo disco tiene un aire de ritual e invoca a una macumba?
—(Repasa de un tirón el inicio del tema "Frecuencia yueppes")Padre sol protegeme/dame tu frío de fuego/ yo soy un negro sincero/ que ha venido a cantar tu macumba. Sí, es una suerte de invocación, es también un viejo verso que traje de una poesía de Rosacruz, por eso tampoco está firmada, porque es de nadie (sic). El primer tema sale de una secuencia que hacíamos siempre con el tecladista, que se llama secuencia yueppes, y después, al elegir el nombre de la canción, quedó "Frecuencia yueppes".
—¿"Possessed" habla de alguna posesión satánica?
— "Invoca a sus cuatro santos y mata un gallo" dice el tema. Antes de "Possessed" se oye un pastor que habla en lenguas, está poseído. Y "Possessed" cuenta la historia de un ser poseso, como tantos posesos por un laburo, por la tevé, por la internet, en definitiva, poseso es una lectura que puede ser sobre cualquiera de nosotros, que cuando llega a su casa de su laburo se prende fuego, y que trata de hacer en una hora lo que tenía ganas de hacer en todo el día y no pudo.
—¿Cómo hicieron para pasar de la parsimonia de una localidad como Firmat a la locura de una banda que se anima a cantar en otras lenguas?
—Bueno, ahora yo solo quedé viviendo en Firmat, pero originariamente eramos todos de allá, pero ojo, que Firmat no es tan parsimonioso, es un pueblo con un gran contenido de locura. En los pueblos también existe la locura, pero va por otro costado, y a veces está bueno que uno haga música y lo haga sin tantas influencias.
—¿A qué influencias te referís?
—Muchos tocan de una manera respetando una onda, una manera de vestirse y todo eso. Pero lo que se rescata es que uno, en un pueblo, utiliza otros modismos para hablar, y hacemos la diferencia porque suena curioso o raro. En Buenos Aires se usa el vocabulario guachín, y acá no hablamos guachín. La forma de vestirse, la manera de moverse y la confianza que nos tenemos en el otro te da un matiz especial que también se traslada a la música.
—¿A partir de la alegría de su música y el concepto de romper lo establecido lo toman como una manera de dejar un mensaje?
—Mirá, los 9 integrantes nunca trabajamos haciendo música, todos tenemos nuestros laburos. Carmina Burana es una suerte de trinchera donde combatimos saliéndote de lo que hacés todos los días, y los temas no buscan vender o que se conviertan en un hit radial, son expresiones nuestras y no nos obliga a ninguna cosa más que las ganas de hacerlo.
—¿Desde esa trinchera, como decís, apuntan a construir un espacio artístico de absoluta libertad?
—Sí, es lo que se intenta. Queremos ser posesos, citando nuestro tema, pero por el espíritu grupal de la banda. Y desde ese descontento que todos tenemos somatizarlo en una suerte de violencia de la tormenta, que no deja de ser natural.
—¿Qué significa el título de este disco y por qué eligieron ese nombre?
—Significa "Poemas oscuros desde el reino de la serpiente", en definitiva tiene una lectura mística.
—¿Son de leer mucha literatura mística para aportar a la composición?
—Mirá, a mí me gusta leer mucho, y también lo místico. Este disco tiene temas mas oscuritos, hay un cambio, porque tiene ribetes más oscuros y fueron creados desde una situación emotiva particular, que tiene que ver con la oscuridad. Como dice el misticismo, con la energía que se mueve en el sacro, o en la parte más densa del ser humano, atómicamente hablando, que es el reino de la serpiente.
—¿El mix ideal de este disco de Carmina Burana sería oscuridad en las letras y festividad en la música?
—Esa es una combinación propia de Carmina, hay loops de trompetas festivos y letras que son para matarse, y sale una mezcla de cuestiones que si laburás con un productor, te diría «loco, estás haciendo ska y esta letra no da para ska», pero acá no pasa eso, todo se va acomodando dentro del criterio de la banda y sale.
—¿La idea es que la banda te invite a pensar y también a moverte?
—Yo, como cantante, me como una locura mística con las letras, pero no es toda la banda así, y está bien. Hablando con el batero, Billie Gómez, me dijo que después de cuatro años de haber grabado un tema del primer disco captó recién ahora qué decía la letra. «Casi me muero» me dijo. Hay letras que tenés que escucharlas y que te muevan un pensamiento. La cuestión del artista es así, que te mueva algo, o los pies o la cabeza, o las dos cosas, pero algo. He visto recitales de la banda a gente que no se mueve, pero al loco le miré la cara y vi que estaba prendido fuego.