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Carlos Aguirre, creador de otra estética

  El pianista y compositor entrerriano Carlos Aguirre actuará esta noche, a las 21.30, en el teatro Príncipe de Asturias del Centro Cultural Parque de España, Sarmiento y el Río. El artista ofrecerá...

Viernes 26 de Octubre de 2012

El pianista y compositor entrerriano Carlos Aguirre actuará esta noche, a las 21.30, en el teatro Príncipe de Asturias del Centro Cultural Parque de España, Sarmiento y el Río. El artista ofrecerá un repertorio integrado por obras de autores del Litoral argentino con arreglos propios, género que el propio Aguirre denomina "la música del agua".

El músico propone un recorrido por la obra de creadores como Chacho Muller, Miguel "Zurdo" Martínez, Ramón Ayala y Aníbal Sampayo, entre otros.

Carlos Aguirre integra la generación de músicos que cuentan con una sólida formación que incluye desde elementos de la música clásica hasta de diversos géneros como el jazz, la bossa nova y otros ritmos de la música popular latinoamericana.

Tras veinticinco años en el camino artístico, Aguirre compartió experiencias y conocimientos con músicos argentinos, chilenos, uruguayos y brasileños lo que le permitió abordar diversos proyectos entre los que se cuenta su editorial discográfica Shagrada Medra y sus giras artísticas como la que lo llevó en mayo último a Japón, país que visitó por segunda vez acompañando su álbum "Orillania" (2012).

El pianista, compositor y arreglador, cuenta con una discografía que comenzó con "Crema" (2000), "Rojo" (2004), "Caminos" (2007), "Violeta" (2008), "Arrullos" (2008) y el reciente "Orillania", y es uno de los creadores más respetados en el ámbito folclórico argentino.

Al final de una de las jornadas del Seminario de Composición de Arreglos que ofreció en el nuevo Espacio Cultural Universitario que abrió sus puertas en el antiguo edificio del Banco de la Nación Argentina, el músico entrerriano dialogó con Escenario. "Lo que voy a mostrar hoy es un trabajo que tengo intenciones de grabar, tal vez este verano" reveló el artista y aclaró que el proyecto no es nuevo.

—¿Qué autores seleccionó para este trabajo?

—No porque esté en Rosario sino porque forma parte de mi vida, de mi recorte del folclore, arranqué con el Chacho (Müller). Era lo que más a mano tenía. Después me fui para el Uruguay y armé un par de cosas de Aníbal Sampayo. Para mí la trilogía fundamental del Litoral, en esa generación, es Chacho (Muller), (Aníbal) Sampayo y Ramón Ayala. Son tipos que modificaron la cancionística del Litoral porque en ellos aparece otra poesía.

—¿En estos momentos hay gente que esté produciendo cambios similares?

—El Coqui Ortiz, por ejemplo, que para mí es como una síntesis de influencias.

—Usted también aporta lo suyo.

—De todas maneras yo no estoy tan ceñido a la música del Litoral por eso, justamente, lo que quise fue versionar para involucrarme más con esa estética y a partir de ahí empezar a componer. Me siento un poco afuera, aunque he compuesto algunas litoraleñas y algún chamamé también, pero mi trabajo no está centrado en eso.

—¿Hay algo en las composiciones elegidas que diga que se trata de agua?

—En Ramón Ayala, por ejemplo, hay melodías de notas largas, como unos grandes arcos en una espacialidad muy amplia y, para mí, son de los ríos de allá arriba, de las cataratas, de esa sonoridad más poderosa de la selva. En el caso de Ramón la espacialidad que él propone está muy atravesada por el espacio físico. Después, en el caso de Aníbal no sé si musicalmente, pero sí obviamente en las letras que aluden todo el tiempo a la problemática del río, de los pescadores, de la gente que cruza cosas de una orilla a la otra. No me refiero a un contrabandista sino al tipo que conecta un universo con otro.

—Una especie de puente vivo.

—Exactamente. En Ramón son más manifiestas la condición, la disciplina y los elementos musicales con respecto del río. Hay gente como el Fander, como el Negro Pino, que van arrimando otras miradas de esta misma música. Lo interesante es que son emergentes de estas músicas y son influencias a la vez. Emergen de una contemporaneidad con otros compositores, pero a la vez sus obras están influyendo a los nuevos y se va como amasando una estética que va mutando en relación a cada tiempo. Ya no es la estética de Aníbal Sampayo, pero es a la vez un cimiento para una nueva estética, porque el río y el paisaje se van moviendo: el río no es el de entonces y las problemáticas son otras.

—¿Por qué decidió hacer nuevas versiones de otros autores en lugar de componer nuevos temas?

—Tenía una asignatura pendiente que era profundizar en el Litoral. Antes que ponerme a componer, decidí tomar obras que yo considero importantes dentro de la canción del Litoral y versionarlas. Versionar para mí, en primer término, es como detectar aquellos lugares que son fundamentales en cada composición, como que representan huellas que son exclusivamente de ese tema y no de otro. Trato de respetar las melodías de origen, tal como las concibió el compositor y a partir de allí lo que hago es ponerlas en otro contexto. De alguna forma yo me fui metiendo en este desafío de tocar música del Litoral con un instrumento que no es propio de esa música. El piano es como un injerto en la mayor parte de la música popular. Las rítmicas vienen de la mano del rasgueo de la guitarra o de otros instrumentos, como en la melodía en la música del Litoral tiene que ver con el acordeón. Hay cosas como la respiración del fuelle, en el abrir y cerrar, que no ocurre en el piano, la nota larga que en el acordeón queda sonando.

—¿Qué distingue a sus versiones de otras?

—Quiero recuperar la idea del solista que tiene que ver con otras épocas. Me imagino en la guitarra a Eduardo Falú, Atahualpa Yupanqui, El Zurdo Martínez, Walter Heinze, Omar Moreno Palacios, que han desarrollado un lenguaje en el instrumento, que no acompaña sino que dialoga con un protagonismo similar al de la voz. Cuando pensaba qué referencias había a ese nivel en el piano no me aparecieron cosas cercanas en el tiempo, como por ejemplo Bola de Nieve, que desarrolló un cantante y un pianista conviviendo en él mismo. Esta sería un poco la idea.

—Con Chacho Muller tuvo una experiencia que lo acercó mucho a su obra cuando arregló el que sería su último disco.

—En aquel entonces la Editorial Municipal me propuso arreglar el disco y me vine a vivir a la casa del Chacho. Mi familia es oriunda de Rosario: mis dos padres son de acá. Luego se fueron a vivir al pueblito de Seguí y yo me crié allí. Uno de mis tíos, que para mí era entrañable, era el tío Ernesto. Era maestro rural, creo que en Arroyo Seco. La cosa es que tío Ernesto había colaborado mucho con un historiador de Rosario y cada vez que iba a Seguí tocaba y cantaba unas vidalitas del año de ñaupa: era como un museo vivo. Cuando llega la instancia de grabar el material del Chacho, a mí me llamaba la atención que una práctica que Chacho había recuperado de otra época era la de hacer temas de carácter épico, sobre la batalla tal o cual como el "Ay, si no" o "Mariano, el abanderado". Entonces en un momento le pregunto: "¿Cómo te asesoraste?". Porque había muchos datos precisos. Y me dice: "Mirá, el que me daba todos esos datos era el viejo Aguirre...". Y pasó. Nunca me iba a imaginar que ese viejo Aguirre era mi tío Ernesto. Cuando llegamos a esa conclusión para mí fue como una vuelta de las generaciones, como de atar cabos entre un tío querido y yo, que traía una información que después Chacho me la refresca. No sé, algo muy hermoso.

—Será que la gente que tiene cosas en común termina por encontrarse.

—Hay tipos que vos sentís ligados aunque toquen géneros diferentes. En algún momento confluyen en un disco porque esa ligazón era tangible. Se tenían que conocer nomás.

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