Domingo 19 de Julio de 2009
Cuando se vio encerrado por los patrulleros que habían llegado a rodearlo una vez más, se
resignó con mansedumbre. Los policías iban preparados para la resistencia más cruda. Es que unos 15
años antes, el mismo hombre que ahora iban a buscar los había mantenido a raya con una cortina de
balas, perforando con dos tiros el cuerpo de un oficial que hoy es comisario. Ahora, Alejandro
Arturo Quevedo, Carau, ponía a un lado su ferocidad legendaria. Adentro de un remís, en la
localidad de Alvear y como estaba, las chances de ofrecer lucha no eran las mejores. Los policías
de la ex Drogas Peligrosas reportaron que trasladaba un kilo de pasta base de cocaína, una pistola
calibre 40 con 11 proyectiles de punta de teflón, 13 mil pesos en efectivo y un bidón con acetona.
Fue el miércoles 10 de junio pasado y se le atribuía ser el dueño de una cocina de elaboración de
cocaína, una de las tres descubiertas esa semana en Rosario.
La ferocidad del Carau, de 54 años, se adivina en su prontuario
enciclopédico. Pero mucho más en el terror que inspira a los de su propio bando. Lo tienen como un
hombre que no perdona deslices en sus hombres ni ahorra sangre si lo supone negocio para su propio
pellejo.
Multifacético. Estrenó prontuario hace casi cuarenta años, el 15 de octubre de 1970, con robos
reiterados. La mayoría de los ilícitos posteriores son consecutivos robos con armas de fuego,
privación ilegítima de la libertad y hasta un ataque sexual investigado en el juzgado de
Instrucción Nº 2 de Rosario, según el sumario 968/73. El 27 de julio de 1973, según la policía,
tiene su primer homicidio. Hasta 1991 fue involucrado formalmente en 20 delitos.
La foja de hechos de Quevedo tiene a partir de esa última fecha un
intervalo de cinco años. La siguiente llamada es por un despiadado enfrentamiento ocurrido el 14 de
mayo de 1996 en Avellaneda y Rueda, en la que tres individuos se enfrentaron con una patrulla de la
Guardia de Infantería. Allí murió un cómplice de Carau, Enrique Muñoz, y un policía que hoy es jefe
de la comisaría 15ª, Fernando Arco, recibió dos balazos (ver aparte). Quevedo ya tenía completos
todos los casilleros de su prontuario y por eso, al ser detenido, dio una identidad falsa: Juan
Carlos Pérez.
Cuatro años después, el 17 de diciembre de 1998, el juzgado de
Instrucción Nº 9, entonces a cargo de Carlos Carbone, lo investigó por un intento de asesinato.
Desde la ex Drogas Peligrosas señalan que el blanco fue su ex mujer.
Una carga pesada. Esa fue la antesala de otro delito que asomó con gran resonancia en la prensa:
el 1º de mayo de 2000 la ex Drogas Peligrosas lo detuvo con otro hombre sobre un Renault 19 cerca
del aeropuerto de Fisherton. Tenían 32 panes de cocaína que totalizaban casi 40 kilos. Por este
arresto se le abrió una causa a cargo del ex juez federal Carlos Carrillo y otra por tentativa de
cohecho.
Así se llega a la última cuenta del collar, el expediente abierto tras
la detención en el remís en Alvear, hace un mes. Ese día cayó también la actual mujer de Carau,
conocida como La Japo, de 50 años, a quien le atribuyen el control sobre la distribución de la
droga. También fue detenido Oscar Camino, quien era buscado por el crimen de Fernando Ponce,
ocurrido en pasaje Belén y Clavel en octubre de 2008. En su casa los pesquisas incautaron 3 kilos
de marihuana y un kilo de cocaína.
Carau (ave de gran pico que vive en pantanos y ciénagas y se alimenta de
reptiles y anfibios) traía la pasta base —de acuerdo a cruzamientos telefónicos— desde
Bolivia por vía terrestre en embarques de entre 7 y 10 kilos. En su cocina esa pasta se estiraba
hasta obtener 20 o 30 kilos de cocaína.
Las pesquisas tras el arresto de Carau permitieron desmontar varios
locales de su cadena: uno en pasaje Larguía al 3400, en barrio Tablada; otro en cortada Gomensoro
al 1400, en villa Corrientes; en una unidad básica del PJ de Juan Manuel de Rosas al 4400, donde
secuestraron 6 kilos de marihuana; y una casa de Gaboto al 1000 donde había 3 kilos de esa droga y
medio kilo de pasta base.
Quevedo está con prisión preventiva confirmada por el juez federal
Marcelo Bailaque. Quienes lo atraparon hace un mes, echaban una ojeada al prontuario y destacaban
su capacidad de reincidencia. Un sujeto con reputación de sanguinario que sortea el destino que
Rubén Blades les augura a guapos como Pedro Navaja. Aquello de que “quien a hierro mata/ a
hierro termina”, hasta ahora, Carau lo viene gambeteando. l