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Capozucca: “Yo no soy Sebastián Pira, siempre estuve acá, no me fui”

“La cruz la voy a llevar hasta que muera”, aseguró en exclusiva a La Capital Matías Capozucca, al tiempo que muestra los tres tatuajes que se hizo hace unos cinco años en homenaje a sus amigos.

Domingo 26 de Octubre de 2014

“La cruz la voy a llevar hasta que muera”, asegura Matías Capozucca al tiempo que muestra los tres tatuajes que se hizo hace unos cinco años como homenaje a sus amigos. Tiene una estrella sobre cada lado del pecho. “Esta es Ursula y esta es Carla”, detalla. “Y este es Nayib, mi hermano del alma”, dice mientras desnuda uno que recubre todo su hombro izquierdo. Hace una pausa y lanza: “Yo no soy Sebastián Pira, siempre estuve acá, no me fui”.

   De este modo, el joven que el 22 de mayo de 2005 protagonizó un terrible accidente en parque Norte, cuando estrelló contra un árbol el BMW que conducía y provocó la muerte de Ursula Notz y Nayib Abraham y dejó en coma vigil a Carla Alfaro, se diferenció de Pira, quien en 1997 atropelló a dos chicas pero se fugó del país para evitar el peso de la Justicia.

   Capozucca fue juzgado, estuvo en prisión seis meses y se lo inhabilitó para conducir durante diez años, pero podía tramitar el carné un año antes. Eso hizo semanas atrás, pero finalmente desistió por la “presión social” que percibió en su contra.

   “Yo siempre me sentí responsable y culpable por el accidente”, le dice a La Capital en el pequeño departamento del macrocentro en el que convive con su novia y horas después haber tomado la decisión de cejar en su intento por solicitar el carné de conducir. Capozucca tiene hoy 29 años y está a punto de cumplir una década de haber sido condenado por los delitos de homicidio culposo y lesiones gravísimas culposas.

   Pero más allá de la condena legal siente que pesa sobre él una peor, la social. Al punto que teme que alguien reaccione con violencia sobre él o su familia.

   Pide “buscarle otra vuelta a esa condena”, quiere poder ir a la facultad y a su trabajo sin mirar de dónde puede venir el golpe. Clama que le permitan “resocializarse”. Insiste en que está dispuesto a dar charlas de concientización vial, “lo que sea”. Asegura que esa idea se la transmitió varias veces a Mónica Gangemi, la madre de Ursula Notz y conductora de la asociación civil Compromiso Vial.

   —Por lo que trascendió en estos días del informe de psicólogos y psiquiatras que te evaluaron para dictaminar si podían darte nuevamente el carné, no te sentís responsable de lo que ocurrió.

   —Cuando ocurrió el accidente yo tenía 19 años. Hoy tengo 29. Siempre me sentí responsable y culpable. Es algo que lo voy a llevar toda la vida. Estuve los dos primeros años sin salir a la calle. Después estuve preso. Me llevó mucho tiempo de terapia poder salir de la depresión que tenía. Por eso no entiendo que hoy venga un grupo de profesionales y diga que no me siento responsable. Hoy lo puedo hablar un poquito más porque ya pasaron casi diez años en los que viví muchas cosas. Cinco años después del accidente, y gracias a la terapia, retomé los estudios. En eso estaba cuando me llamaron y me dijeron que tenía que ir ocho meses preso. Y fui preso. No me escapé. Siempre puse la cara. Y ahora intenté sacar el carné acá, no me fui a Victoria. Yo hago las cosas como me lo pide la ley. El carné lo necesitaba para el trabajo. Como se ha visto en todos lados, mi viejo y mis familiares me llevan y me traen desde hace muchos años.

   —¿Por qué crees entonces que los seis profesionales del gabinete psicológico que te analizaron sacaron esa conclusión?

   —La verdad, no sé. Incluso fijate que no puse perito de parte, porque después de tantos años de terapia, primero con Fernando Tavella y hoy con José Capineri, no imaginaba esa respuesta.

   —¿Por qué pediste sacar el carné faltando nueve meses para que finalice tu inhabilitación para conducir?

   —Tengo la concesión de un espacio gastronómico. Entre las cosas que tengo que hacer está comprar mercadería, y cada vez que eso ocurre tengo que llamar a un familiar para que me lleve al mercado. Además, si la ley me habilita desde hace cuatro años a solicitar el carné, y creo que psicológicamente estoy bien, ¿por qué no puedo pedirlo? Entiendo que la sociedad esté resentida. Pero yo no quiero el registro para correr en TC 2000. Si bien la pena principal es un castigo por un delito, la pena accesoria es una prevención tanto para la sociedad como para quien lo cometió. Esa prevención en algún momento tiene que estar subsanada, porque yo también tengo derecho a rehabilitarme. También se habló de que actúo con soberbia. Quiero ver a alguien en mis pantalones y que se le acerquen periodistas con afirmaciones del estilo: «¿Qué se siente ser un asesino?». Entonces uno se pone en esa situación de blindaje, a la defensiva, pero de ahí a ser una persona soberbia, no. Estoy lejos de eso. La gente que me conoce sabe como soy.

   —La familia de Carla Alfaro plantea que nunca la fuiste a ver, que esquivás tus responsabilidades, incluso económicas, al punto que deben presentar hasta la más mínima factura para poder cobrar.

   —Al principio mi papá se acercó a un tío de Carla, porque mi papá es papá y los que veníamos en el auto eramos todos amigos. Pero en un momento comenzó a correr una versión de que queríamos sobornarlos y ahí desistimos. Los chicos que venían conmigo en el auto, con los que salía todos los fines de semana, no eran desconocidos, eran amigos. ¿Ir a verla a Carla? Es algo que yo la tengo permanentemente presente. La cruz la llevo y la llevaré de por vida, hasta mi muerte. Pero diez años después tengo que tratar de seguir adelante. El problema hoy también es que se meten con mi mamá, con mi novia. Publican barbaridades en los foros de los medios, en Facebook. ¿Qué tiene que ver mi novia? Ella me ayudó cuando estuve preso y hoy está conmigo. Estamos juntos desde hace cinco años. Creo que no se lo merece. Hoy me cuesta ir a todos lados, a la facultad (estudia Derecho). Cuando sale una nota dejo de ir por dos o tres semanas. Me siento atrás de todo. Y llega un punto en el que me digo: “¿Cuánto más?”. Este cuatrimestre ya lo perdí, porque estamos en plena época de parciales y ya se vienen los finales. Me duele mucho que me digan “ahí está el hijo de puta”, “el asesino”, y que mezclen mi causa con la de Pira. Yo no soy Sebastián Pira, yo me quedé acá.

   —¿Y te sentís un hijo de puta?

   —Siempre me sentí hijo de puta en el sentido de lo que pasó, responsable por lo que ocurrió e inclusive en la terapia aparecía todo el tiempo. Y fueron mi psicólogo Fernando Tavella y el padre Tomás Santidrián los que me ayudaron a poder dejar de pensarlo. Hoy no creo que la palabra sea hijo de puta, sí responsable.

   —Otra de las cosas que se te señalan es que intentaste escapar después del choque.

   —¿Dónde me escapé, dónde consta, está en la causa? Han desdibujado todo, nunca salí a desmentirlo porque no quería darle de comer más a las fieras. Y hoy tampoco estoy dispuesto a entrar en un cruce. Al punto que de Nayib Abraham nunca se habló. Yo choqué, recuerdo que me abrieron la puerta del auto, bajé y estaba caminando por la esquina. De ahí no recuerdo hasta que fui detenido. Pasaron cuatro días. Estuve en el hospital. Para mi solo habían pasado diez minutos. No me escapé a ningún lado.

   —¿Y por qué crees que nunca se habló de Nayib?

   —¿Por qué la familia de Nayib no me hizo juicio?

   —¿Cuál es hoy tu relación con la familia de Nayib?

   —La sigo viendo. Al hermano más grande y a su hermana también. Me es muy difícil para mí, porque manejaba yo.

   —¿Vas a volver más adelante intentar sacar el carné?

   —A mí en la facultad de derecho me enseñan el deber ser de la norma, pero ahora me doy cuenta que no. Esto es como una persona que comete un ilícito y tiene por primera vez una libertad condicional. A los dos tercios de la condena se puede acceder a la libertad condicional. Pero a Matías Capozucca no. Por eso pedí todos los informes para ver puntualmente la unanimidad de lo que dicen los psicólogos, porque me va a servir a mí y mi psicólogo para ver dónde está el problema y qué no vi pese a tantos años de terapia. Esta tortura ya excede a lo normal. No he visto otro caso con tanta saña. Busco jurisprudencia y no existe.

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