Martes 28 de Agosto de 2012
De todas las esquinas de Rosario, Laprida y San Luis es sin duda alguna la más castigada tanto para el transporte motorizado como también para los peatones. Las angostísimas veredas prácticamente no existen, están destrozadas por los ómnibus y camiones que estacionan para cargar o descargar. Las motos para esquivar los contenedores de basura se suben a las veredas. Por calle San Luis circulan siete líneas de colectivos, y súmese a ello que los ómnibus que vienen por Laprida y doblan por San Luis hacia el este y los que vienen por San Luis, doblan por Laprida hacia el sur, siempre con las trompas afeitando las veredas destrozadas. El estacionamiento de ambulancias y motos en la vereda por Laprida, los dos contendores a escasos 20 metros de la esquina, por San Luis, el edificio semiderrumbado y tapialado en la esquina sudeste y el permanente tapón de tránsito ocasionado por los ómnibus, e impedidos de girar en la esquina y podemos felicitar a los valientes que sobreviven la experiencia de cruzar cualquiera de las calles por las sendas marcadas (inútilmente) completan el panorama. Y no hablemos de polución ambiental —durante el día con un mínimo de tres colectivos arrancando permanentemente- más el tránsito obstruido y regulando, más coches y camiones en tránsito hacia el sur y hacia el este, hacen de esta esquina un foco infeccioso. Me pregunto si los funcionarios que pretenden regular el flujo del transporte se han tomado alguna vez la molestia de ver cómo funciona la demarcación de carriles, y me pregunto también si han tenido en cuenta que puede suceder un accidente grave, ya que al menor tropiezo de un peatón en estas veredas puede terminar en tragedia.
Gisela Klumpp / DNI 4.225.535