Miércoles 19 de Enero de 2011
Hace meses siento que soy víctima del caos que se produce en Sarmiento y San Lorenzo, de lunes a viernes, entre las 9 a 12. El referido desorden se origina en la acción de un grupo de inspectores de Tránsito (cuatro o cinco), empeñados en dirigirlo, dándole prioridad a una de las arterias por vez. Esto que suena razonable, se traduce en un atascamiento que se extiende más allá de dos cuadras. El "loable" propósito de aligerar el flujo de tránsito se malogra por la manera de querer implementarlo. Los alternativos cortes, generalmente inoportunos, acompañados por histéricos movimientos de brazos e insoportables pitidos estridentes y continuos, además de agregar a este sector del microcentro, un grado de contaminación auditiva insoportable, transmiten su histeria a los desprevenidos concurrentes, y ni hablar de los vecinos, sin lograr su cometido. Como si todo eso fuera poco, para lograr el desorden descripto, se emplean de 4 a 5 agentes, uno de los cuales se dedica a "desordenar el tránsito" y los otros charlan, generalmente acodados en el puesto de venta de revistas emplazado en la esquina. Ahí aparece el segundo aspecto del referido caos: el puesto de diarios se ha convertido en "centro de reunión" del quiosquero y los agentes de Tránsito. Todo eso sucede en una vereda cuyo ancho no alcanza los 1,80 metros, impidiendo el paso de peatones, que en la mayoría de los casos debemos descender a la calzada para poder pasar. Los que no se atreven a tal imprudencia, hacen cola y piden permiso para pasar. El referido desorden desaparece a las 12, con el retiro de agentes y la esquina vuelve a ser una más del microcentro. En resumen a quien corresponda, deje sin efecto el "operativo" y destine a los agentes a otras tareas (por lo menos que no sean nocivas) y traslade el puesto de venta de diarios a mitad de cuadra, por Sarmiento, en la vereda que mira al oeste. Allí, dado el retiro de un par de edificios, el espacio disponible sería más adecuado a sus necesidades.
D. Juraga
DNI. 6.076.295