Domingo 19 de Febrero de 2012
Amalia Lacroze recibió al morir su esposo Alfredo Fortabat 23 campos que abarcaban 160.000 hectáreas con 170.000 cabezas de ganado y una finca de 160 hectáreas en Middleburg, Virginia, Estados Unidos.
Además, recibió cinco empresas cementeras, un edificio sobre avenida Del Libertador, una casa en Libertador y San Martín de Tours, otra casa en San Isidro, una casona en Mar del Plata, el edificio donde funcionaba la sede Loma Negra, en Diagonal Norte 634, un dúplex en el hotel Pierre, en Nueva York, un avión Lear Jet, un avión Beechcraft 90, un helicóptero Hughes 500, un barco y automóviles.
Para ese entonces su emporio económico contaba con 5.000 empleados y una producción de cemento de 200.000 bolsas diarias y 1.000 toneladas de cal, 3.000 toros de raza y 6.000 vacas Aberdeen Angus por año.
Para 1980 Lacroze de Fortabat había cuadruplicado su patrimonio a punta beneficios estatales y una etapa de florecimiento en el negocio cementero. En 1977 había tomado la decisión de expandir Loma Negra hacia la provincia de Catamarca para lo cual había accedido a una reciente ley de promoción industrial: una desgravación del impuesto a capitales por diez años, de ganancias y exención de derechos de importación por 23 millones de dólares.
El resto de la ecuación se explica cuando en los dos años siguientes a 1977 el precio de la tonelada de cemento creció de 80 a 110 dólares. Esto, sumado a los picos de consumo de consumo de cemento incentivados por los planes de obra pública que instrumentó la dictadura, multiplicó sus ganancias.
Su valiosa pinacoteca se convirtió en una reserva de valor para las turbulencias financieras de Loma Negra, jamás reconocidas públicamente. En 2001 y 2002 subastó más de veinte piezas para hacer frente a deudas.
El último balance que firmó la empresaria como dueña de su grupo de empresas fue el de 2004, el año en que facturó 726 millones de pesos.