Martes 11 de Junio de 2013
El lenguaje va cambiando, como bien dice la docente Susana Sarmiento en su carta del 5/6/2013. Pero nuestra lengua castellana es tan rica, que es apasionante, por ejemplo, descubrir que ha abrevado de tantas vertientes, entonces, conservar ciertas notas esenciales que tienen su razón de ser. Es así que ante la opinión de algunos de rehacer nuestra lengua sin tantas reglas, reduciendo a una de las letras que suenan igual, omitiendo haches mudas, es que prefiero coincidir con Alejandro Dolina, en que me gusta que las palabras conserven su impronta y su estructura, lo que me permite conocer, en muchas ocasiones su origen. Y así, por ejemplo, en la palabra almohada, saber por su “h” intermedia, (parafraseando al negro) que “un árabe anduvo por ahí”. Comparto la preocupación de Susana sobre cómo hablan y escriben los niños, adolescentes y adultos, promovidos por estos últimos, por extraños cambios y modismos hoy ampliamente aceptados. Quisiera saber dónde quedó tanta tinta y saliva derramada en los campos de batalla de las aulas. Por ejemplo de Mabel, mi maestra de primaria esforzándose en nuestro tercer grado por explicarnos que madres y comadres, apiñadas chusmeando en la entrada de la escuela, se estaban expresando mal. Que ella se iba unos días por cuestiones personales y quien venía en su lugar era una maestra reemplazante y no “reemplazanta”, como escuchó decir a las mamás. Hoy, en el sin duda bien intencionado afán de ser inclusivo, se escribe y se dice, por ejemplo: presidenta, intendenta, en palabras (caracteres y títulos) que terminan en “te”. Final éste que no denota género y por lo tanto más inclusivo que eso imposible, ya que incluye justamente a ambos géneros. Así Susana y yo somos aspirantes, que se escriba bien (¿o aspiranta ella y aspirante yo?). Aunque vale aclarar que si se fuera coherente con la manía será: “aspiranta” y “aspiranto”. Respiré aliviado cuando oí por radio que no desclasificaron inútilmente a los y las jóvenes púberes en un anuncio de educación para niños, niñas y adolescentes. Pero no por mucho tiempo: al rato escucho al locutor del programa decir: “¡Bienvenidos oyentes y oyentas!”
Aníbal Meotto / anibalmeotto@hotmail.com