Miércoles 10 de Diciembre de 2008
El miércoles 3 de diciembre la Cámara de Diputados aprobó la expropiación de Aerolíneas Argentinas. El kirchnerismo, con el apoyo de los diputados del sí, del socialismo K, de algunos radicales, del cobismo, de fuerzas provinciales y de Claudio Lozano (CTA) obtuvo 153 votos; mientras que la oposición (UCR, Coalición Cívica, PRO y el peronismo anti K) apenas obtuvo 84. La votación iguala en relevancia histórica a la que condujo a la estatización del sistema jubilatorio. En efecto, la privatización de Aerolíneas Argentinas fue, junto con la privatización de Entel, YPF y el sistema jubilatorio, el símbolo de la rapiña neoliberal que destruyó a la sociedad en los noventa. La obsesión privatista, fogoneada por el Consenso de Washington tras el derrumbe del imperio soviético, transformó a la Argentina en un gran mercado persa donde todo estaba sujeto a la voluntad omnímoda de los grupos económicos nacionales y transnacionales que se habían beneficiado gracias a su "amistad" con el ex presidente Menem. Aerolíneas Argentinas, un orgullo argentino, fue vendida al mejor postor para beneplácito de quienes celebraron a rabiar "el fin de la historia". Su expropiación es el punto final de un período nefasto de nuestra historia dominado por un paradigma que no fue otra cosa que una apología del individualismo más exacerbado, del éxito a cualquier precio, del negocio como acción humana más relevante. La votación en Diputados puso en el baúl de los recuerdos una época donde unos pocos se enriquecieron de una manera escandalosa y la mayoría fue condenada a una exclusión lesiva de la dignidad humana. Esos 153 votos permitieron al paradigma progresista sepultar al paradigma neoliberal, con lo cual la solidaridad, la justa distribución de la riqueza y la armonía social comienzan, por fin, a gozar de mayor legitimidad que el egoísmo, la propiedad privada y la fragmentación social.
Hernán Andrés Kruse, hkruse@fibertel.com.ar