Martes 20 de Agosto de 2013
La solidaridad invadió el alma de gran parte de los rosarinos. Algunos donaron dinero, sangre, un sandwich o algo tan simple como un termo de café; otros donaron su tiempo, su esperanza, su aliento, sus oraciones, su corazón. La ciudad tembló y pasaron pocos minutos hasta que se conoció la noticia. Mientras tanto, todo era sorpresa y desconcierto. Cuando en un principio todo parecía estar perdido, cuando era difícil creer, Rosario no se dejó arrasar por la desolación y la desesperanza y decidió intervenir. Nada de mirar desde afuera, de ser un espectador más; nada de dejar que se ocupe otro ni de sentarse a esperar. Cada uno a su modo, con lo que tenía para ofrecer decidió colaborar. La gente eligió hacer y no mirar para el costado. No hacía falta tener mucha plata en el bolsillo, ni grandes bolsas de comida para poder ayudar a quienes lo necesitaban, aunque eso también servía. Bastaba con regalarles un espacio en tu casa a los que lo habían perdido todo, o un poco de tu tiempo, unos minutos o unas horas de tu día para ir a donar sangre, para preparar un termo de café, para armar un sandwich o simplemente para escuchar y dar un abrazo a quien más precisaba de tu apoyo. En pocas horas se donó todo lo que se necesitaba. Incluso, sucedió lo impensado, llegaron a pedir que no se acercaran más donaciones porque no había más lugar. Se había logrado el objetivo. Pero no todo terminó ahí. Mucha fue la gente que permaneció en el lugar hasta el último día prestando su ayuda. En especial los numerosos bomberos voluntarios y rescatistas que hicieron un trabajo excelente, digno de admirar. Se arriesgaron a cambio de nada, no perdieron la templanza ni la fe, dieron todo. A ellos, gracias por su grandeza y su humildad, fueron un ejemplo para todos. Pero también toda esa gente que colaboró codo a codo con ellos para que pudieran realizar su labor. Mucha fue también la gente que se sumó a las largas búsquedas y rastrillajes, de día, de noche, en cualquier momento y en cualquier lugar. No dudaron ni un segundo en brindar su tiempo y su buena disposición para las búsquedas masivas y conjuntas, o sencillamente su atención durante el camino al trabajo o a la facultad. Todo sumaba. Se podrán decir muchas cosas, pero que Rosario no es solidaria no es una de ellas. Que de la tristeza que significaron todas estas pérdidas aprendamos o no depende de cada uno de nosotros, de todos. Ojalá que la solidaridad que se demostró esté presente siempre de ahora en adelante, y no sólo en los momentos críticos.
Marina Belloc / DNI 37.572.001