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Cae el número de pymes exportadoras al 21 por ciento

En cinco años, la participación de las firmas más chicas en las exportaciones cayó 10 puntos porcentuales. Las claves de ese cambio.

Domingo 27 de Octubre de 2013

La apreciación del tipo de cambio que marcó una tendencia de política monetaria desde 2009 en la Argentina y las restricciones a las importaciones de insumos y bienes de capital, dejaron secuelas en el sector de las pymes industriales exportadoras, que desde esa fecha hasta la actualidad pasaron del 31% al 21% en el universo de las compañías de esta escala.

   Aunque en el último año el gobierno nacional acentuó la devaluación de la moneda, a un ritmo del 21% anual en el mes de septiembre pero con indicadores mucho más altos los meses anteriores, el fenómeno estructural de retraso cambiario en los últimos cuatro años fue determinante en la estructura de funcionamiento y supervivencia de las pymes.

   Así se desprende de un pormenorizado análisis que realizó la Fundación Observatorio Pyme este mes y que midió el impacto de la política cambiaria y la administración del comercio exterior que realiza el gobierno sobre el segmento de las pequeñas y medianas empresas industriales que exportan un determinado porcentaje de su producción.

   El relevamiento hace el recorte sobre el universo de empresas pymes, definiéndolas como aquellas que ocupan entre 10 y 200 personas, no forman parte de grupos económicos y facturan en promedio casi siempre menos de 30 millones de pesos anuales.

   Desde 2009 hasta 2012 el tipo de cambio real disminuyó un 26% y el porcentaje de pymes industriales exportadoras cayó del 31% al 21%.

   Además de constatar una reducción del número de pymes industriales exportadoras desde 2009 hasta la actualidad, con una caída de diez puntos porcentuales, el trabajo señala que la cantidad de éstas empresas que exportan sistemáticamente al menos el 5% de sus ventas —es decir aquellas mejor insertadas en el mercado internacional— también disminuyó. “Esto muestra que la apreciación cambiaria afectó también al núcleo más duro de las exportaciones industriales de las pymes”, precisa.

   Pero además del retraso cambiario, que argumentan como elemento adverso a la competitividad, las pymes también cuestionan el impacto negativo que tiene sobre su estructura de producción —y como correlato en su superviviencia— la política de administración del comercio exterior que dispuso la Argentina en los últimos años.

   “Las pymes industriales exportadoras son también las más activas demandantes de importaciones de insumos y las dificultades para importarlos por el sistema de control de las importaciones (SCI), a partir de las declaraciones juradas anticipadas de importación (DJAI), también influyen en la capacidad de vender al exterior”, indica el informe.

   En ese sentido, las estadísticas elaboradas por la fundación muestran que los problemas con el SCI son una constante tanto en las pymes industriales exportadoras como por las no exportadoras. De hecho, durante 2012, el 43% de las empresas exportadoras y el 41% de las no exportadoras reportaron que el SCI a través de las DJAI les produjo dificultades para importar y no obtuvieron ningún beneficio por esto.

   Para dimensionar el impacto de estos números es clave aclarar que las pymes se abastecen en el mercado interno de la mayor parte de sus insumos de producción y sólo el 20% del gasto en ellos corresponde a productos importados. Este gasto representa menos del 3% de sus ventas (aproximadamente igual al valor bruto de producción), mientras que para el conjunto de la industria manufacturera la participación de las importaciones sobre el valor bruto de producción representa estructuralmente aproximadamente el 7%.

   De todos modos, a pesar de esta escasa participación de componentes importados en sus costos de producción, estos productos provenientes del exterior son muy difíciles de sustituir, indica el informe de Observatorio Pyme.

   Es justamente en este punto donde las pymes industriales ponen el acento a la hora de demandar un cambio de política de comercio exterior.

   El relevamiento destaca que la apreciación cambiaria logró prolongarse en el tiempo en los últimos años debido a que las grandes empresas en la Argentina tenían la espalda suficiente, o al menos no manifestaban una oposición tan marcada para soportar un tipo de cambio revaluado. La fundación recuerda que los datos de Unctad muestran que casi el 70% del comercio industrial internacional es intrafirma y, en ese sentido, “no es posible olvidar que la estructura propietaria de las grandes empresas industriales de Argentina corresponde en más de un 70% a multinacionales de origen extranjero”.

   Como consecuencia de esta situación, “es esperable que la elasticidad precio de las exportaciones industriales argentinas sea baja, es decir, refractaria a las variaciones del tipo de cambio real”, indicó la fundación.

   Por el contrario, “el comportamiento de las exportaciones de las pymes industriales, justamente porque trabajan en mercados no oligopólicos y en pequeña escala internacional, es más influenciado por las variaciones de precio”.

   El informe, de todos modos, aclara que el tipo de cambio no es la única variable que influye en la performance exportadora de una pyme, ya que el 60% de ellas en el país ingresaron al negocio antes de 2002 y por tanto, sobrevivieron a los permanentes ciclos de apreciación y devaluación.

   Pero “el problema radica en que las pymes industriales sobrevivientes a las fluctuaciones cambiarias son pocas”, dice el relevamiento y apunta que la base exportadora de estas empresas en el país alcanza actualmente al 16% de las empresas y el 40% de ellas inició su negocio exportador después de 2002.

Un trato diferencial. El trabajo de la Fundación Observatorio Pyme señala que para el gobierno el impacto en la demanda de divisas es ínfimo en el caso del sector de pymes industriales, esencialmente porque es un sector que fundamentalmente utiliza insumos nacionales para producir, a diferencia de otras industrias cuya balanza en ese sentido adquiere otras características.

   Sin embargo, desde el sector se preguntan por qué a nivel oficial existe el mismo tratamiento para todas las empresas, cuando en rigor este segmento no representa la fuente del problema.

   Para graficarlo el informe señala que “sectores ensambladores como la industria electrónica tienen un nivel de importaciones del 170% del valor bruto de producción, mientras que otras como la automotriz y la textil en un nivel intermedio, importan cerca del 30% del valor bruto de producción”. En cambio, “la industria agroalimenticia o la de cueros, calzado y marroquinería, prácticamente no importan”.

   Según indica Observatorio Pyme, “la esencia de una política industrial de sustitución de importaciones es el tratamiento diferencial de sectores, tamaños y regiones”. De este modo, “siguiendo las enseñanzas de este principio básico, el racionamiento de las divisas y, en consecuencia, la política de administración de las importaciones, debería evitar dificultar la adquisición de los pocos insumos importados que requieren las pymes y los sectores que utilizan insumos de producción nacionales y así no agregar un nuevo factor negativo al tema de la apreciación cambiaria, que se observó durante estos últimos años”, agrega el informe.

   Es decir, ni más ni menos que premiar, de alguna forma la apuesta que realizan las empresas con los proveedores locales, frente a las que consolidan su producción o simplemente ensamblan partes de productos importados.

   Pero además apunta que más allá de lo conceptual y analizando la cuestión en términos estrictamente cuantitativos, “por el escaso volumen de divisas requerido por las pymes industriales, sería del todo razonable liberar completamente las importaciones de los insumos para todas aquellas empresas (importadoras y exportadoras) cuyas importaciones, representan menos del 5% del total de las importaciones de bienes intermedios de la Argentina”, agrega la fundación que analiza la estructura de este sector.

   Entre otras cuestiones, esta situación retrae aún más la participación de las pymes en el comercio exterior y más aún la sistematicidad de las exportaciones. “El problema histórico del comercio exterior de las pymes industriales argentinas no es tanto el grado de apertura exportadora (exportaciones en relación a las ventas totales), que en promedio es razonable y positivo, sino la aún escasa proporción de empresas que logran exportar sistemáticamente”, apunta el informe de la fundación y aclara que las diferencias entre sectores son muy significativas.

   En ese punto, precisa que alimentos y bebidas muestra “excelente apertura exportadora” pero pocas empresas que exportan, mientras que los sectores de textiles, confecciones, calzado; muebles; y papel, edición e impresión, muestran una baja apertura y muy pocas firmas logran exportar.

   En tanto, los sectores más virtuosos son los de las sustancias y productos químicos y el de maquinaria y equipo, “pero aún así falta mucho por avanzar para alcanzar el desempeño exportador de los países con los cuales Argentina tiene aptitudes y posibilidades para compararse”, señala el informe.

El tamaño y la región. Si se analiza por el tipo de empresa y región, la actividad exportadora presenta una fuerte asociación por tamaño: mientras el 43% de las firmas medianas exporta, para las pequeñas (entre 10 y 50 empleados) el porcentaje es de 18%.

   Por otra parte, la mayor proporción de pymes industriales exportadoras se encuentra en el área Metropolitana de Buenos Aires, donde el 24% exporta, siendo las regiones de Cuyo y Centro las otras dos con mayor participación de este tipo de empresas. Las regiones sur, NEA y NOA ocupan los últimos lugares.

   Según el relevamiento, “la clave para superar el problema del racionamiento de las divisas y el desarrollo económico sostenible de las pymes y la industria nacional en su conjunto consiste en la implementación de una coherente política nacional pro-exportaciones y en la búsqueda del fortalecimiento del nivel de competitividad internacional de estas empresas, vía mayor inversión en capital físico y humano e incrementos de productividad a través de la innovación tecnológica”.

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