Cánticos: Una que sepamos todos

Lunes 21 de Junio de 2010

“Si se calla al cantor calla la vida”, si se calla a la tribuna no hay fútbol. Pero las vuvuzelas no dejan saber si hay cantor, vida, tribunas o fútbol.
El cántico de la hinchada es una voz celestial que ruge y baja desde las graderías metiendo al gentío para disputar cada pelota. Sin ella no hay fiesta y un partido sólo será una práctica deportiva.
Pero, Neil van Schalkwyk, el fabricante de las vuvuzelas afirma que en Sudáfrica se hablan once lenguas, por lo que es imposible ponerse de acuerdo en cantar una canción que sepan todos. Dice que esas cornetas los unen, mientras se jacta de haber logrado una decimosegunda lengua.
En la tele se ve a la gente saltar, gesticular y hacer mímica como si gritaran, pero no se los escucha. Es feo ser “espectador” o parte del decorado y sólo mirar a la gran pantalla para ver si los enfocan.
El que va a la cancha busca protagonismo, estar ahí para despertar a esos rústicos jugadores. Se canta para impulsarlos a transportar la pelota y darnos una alegría.
La tribuna brama para recordarle a los suyos que han sido delegados para lucir los colores del alma. Deben ser hidalgos depositarios del mandato soberano que les otorgó la camiseta, con la sagrada misión de hacer goles.
Jugar a la pelota es una alegría que no todos pueden comprender. Cuando por imposibilidades físicas, edad u otra maldición no se puede llevarla al pie unos metros y patear con dignidad, al apasionado no le queda otra que cobijarse en la hinchada, cantar y jugar el partido haciéndole saber a sus futbolers que no están solos y que por eso deben correr y poner picardía y habilidad.
Sones de coplas murgueras, melodías pegadizas y rock, se empuña en multitudinarias payadas, con contrapunto de ingenio, burlas y bronca.
Los coros se apropian de la fiesta y hacen lo que se “les canta”, riman la ingenuidad con la amenaza. Van desde aquel: “Tenemos un arquero que es una maravilla, ataja los penales sentados en una silla …”, a corear la marcha peronista cuando los militares la prohibían. Del “Si ve una bruja montada en una escoba, ese es Verón, Verón que está de moda” a remixarle a Palito Ortega su edulcorada “caminando por las calles, voy cantando, voy cantando esta canción”, para que se oiga: “Despacito, despacito, le rompimos ...”
La hinchada entona el himno de la patria de la infancia y el barrio. Pero, como las vuvuzelas, también quieren callarlos los de la barra-pagas, que entonan con la plata de los dirigentes y cantan otra canción. l

Mañana, Figurita 22: La Voz del Estadio