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Buscarini, un rosarino que ya suena en Hollywood

En diálogo exclusivo con Escenario, Buscarini destacó que la historia de Pablo De Santis lo sedujo porque tenía “mucha imaginación y poca fantasía”.

Sábado 21 de Junio de 2014

Para Juan Pablo Buscarini hacer cine en la Argentina es toda una aventura. Desde aquí, a partir de este concepto de aventura despunta este realizador y productor rosarino que estrenará “El inventor de juegos” el próximo 3 de julio, con el sello de jerarquía del respaldo de Disney. En diálogo exclusivo con Escenario, Buscarini destacó que la historia de Pablo De Santis lo sedujo porque tenía “mucha imaginación y poca fantasía”.

“Es una pelicula que pasa en un tiempo un poco atemporal, pero es analógico, es un mundo sin computadoras, sin pantallas, sin celular, en donde el protagonista me transporta a un cine que disfruté en los 70 y en los 80, un cine de aventuras donde se privilegiaba la narración y el entretenimiento”, dijo el cineasta que ya dirigió “El Ratón Pérez”, con la que ganó un Goya como mejor filme de animación, “El Arca” y “Condor Crux”, y ahora siente que va por un premio mucho mayor, nada menos que el reconocimiento definitivo a nivel internacional.

   “El inventor de juegos” se estrenará en simultaneo en más de 1.000 salas de Latinoamérica, en un hecho sin precedentes para la Argentina. Basada en la novela novela infantil homónima del escritor Pablo De Santis, la película está totalmente filmada en formato digital 3D, con tecnología de última generación, y fue rodada íntegramente en locaciones y sets originales de la Argentina, convirtiéndose en la producción cinematográfica de rodaje más ambiciosa de los últimos veinte años, según adelanta su oficina de producción.

   La coproducción entre Argentina, Canadá e Italia está protagonizada por el niño David Mazouz (“Touch”); Joseph Fiennes (de la ganadora del Oscar”Shakespeare Apasionado”), el reconocido y veterano actor americano Ed Asner (ganador de cinco Globos de Oro y siete Premio Emmy); Tom Cavanagh (“Scrubs”); la actriz italiana Valentina Lodovini y Megan Charpentier (“Mama”), a quienes se suman los actores argentinos Alejandro Awada y Vando Villamil.

   La película narra la historia de Iván Drago, un niño de 10 años que gana un libro de historietas como premio consuelo en un parque de diversiones, sin imaginar que en la contratapa de ese libro hallará su destino más preciado. Es que en una publicidad será invitado a participar de un extraño concurso de inventores de juegos, lo que le llevará a encontrar un horizonte de aventuras detrás de un viejo legado familiar.

   —¿Cómo te llega esta propuesta?

   —Mirá, había terminado de filmar “El Ratón Pérez” por 2005 ó 2006 y en ese interín leí la novela. Yo soy lector de la literatura de De Santis, pero de su trabajo para adultos. Cuando la leí lo hice con una mirada cinematográfica, y me pareció que era bárbara y también me di cuenta que era una película grande, y me di cuenta que no había una película así que se haya hecho en la Argentina.

   —¿Cuando le diste la mirada cinematográfica, cómo la imaginaste?

   —Me llevó dos años tratar de hacer un buen guión, quería hacer una película que estuviera a la altura de lo que pedia la novela. Y para eso había que buscar una andanza. La película nos conducía a una imagen que había que hacerla más mundial, ahí empecé a explorar. Además, antes del casting me llegó una asociación con un productor italiano, que es un porcentaje minoritario en la producción, pero con quien tuve acceso al talento europeo. Después llegó lo de Canadá, que es un país muy interesante en el grupo de productores creativos, y aportaron la mirada anglosajona.

   —La producción, por lo que contás, fue determinante.

   —Argentina tiene un acuerdo de producción con Italia desde 1988, que muy pocos lo lograron convertir en película, pero todo ayudó y el proyecto fue más largo de lo que yo mismo pensaba, me llevo cuatro y cinco año. La película quizá terminó siendo un poco más grande de lo que imaginaba, pero siempre se pensó en una alta escala, primero porque lo pedía el guión y su historia, segundo porque es contenido infantil y tenés que estar a la altura. La regla del juego es muy global, la competencia es despiadada y después es tarde para lamentos, porque a los pibes no los podés llevar arrastrados al cine por una cuestión nacionalista.

   —¿Qué te representó trabajar con Joseph Fiennes, que ya era una figura conocida por actuar en “Shakespeare apasionado”? ¿Te significó una presión extra o un desafío?

   —Era una presión hasta que tuve un contacto con el tipo, y lo terminé de corroborar cuando tuve una reunión con él en Londres. Es un tipo tan encantador, tan inteligente, un tipo que te tira ideas de su personaje, y cada vez que tiraba una idea me cerraba diciendo «viste cómo somos los actores, pero vos sos el director y, de última, la palabra final es tuya». El estaba en la lista de los que más me gustaba para encarar ese personaje, y para mí era una condición importantes. La presión mía era que estaba haciendo un trabajo con chicos y quería lograr un clima de rodaje porque si no es complicado, pero, además de Fiennes, gran persona, está el caso de Tom Cavanagh o el de Ed Asner, con 84 años de edad. Son profesionales de primerísimo nivel, todos.

   —¿Qué te sedujo de esta historia?

   —Me seduce mucho el tema, es una película que pasa en un tiempo un poco atemporal, pero es analógico digamos, es un mundo sin computadoras, sin pantallas, sin celular, en donde el protagonista propone una aventura, y me transporta a un cine que uno disfrutó, de los setenta, de los ochenta. Es un cine de aventuras donde se privilegiaba la narración y el entretenimiento, y uno en el cine se sentía pegado a un protagonista viviendo una aventura. Pero además, y esto es un gran mérito de De Santis, que...¿viste que uno escucha mucho la palabra fantasía?, bueno, justamente esta es una historia de un tremendo nivel de imaginación, pero muy poca fantasía.

   —¿A qué te referís puntualmente con poca fantasía?

   —En el contenido infantil de la literatura o las películas uno está acostumbrado a entrar en un terreno de lo fantástico donde todo vale, es un mundo donde no hay reglas físicas, donde hay unas criaturas exóticas, y eso es lo que tiene Hollywood, que tiene muy buenas cosas, pero hay también mega presupuestos de efectos y mucho diseño. En cambio, en “El inventor de juegos” es un desafío mayor, se mueve en un mundo posible, todo lo que hay es físicamente posible, es real, los personajes son reales, pero con mucha imaginación.

   —¿Qué escena podés reflejar que pueda representar esa imaginación que citás?

   —Mirá, hay una carrera de globos aerostáticos y el personaje, Juan (David Mazouz), va a parar un colegio que es una analogía de la educación tradicional, porque se construye en terreno pantanoso y se va hundiendo de a poquito, y a medida que los pisos van quedando bajo tierra, como pasa en muchos edificios en Europa, los van clausurando. El tema es que cuando él llega, todos están dando clases del tercer piso para arriba, o sea, es muy imaginativo pero es físicamente posible. Y a mí eso me sedujo muchísimo porque me retrotraía a la posibilidad de otro cine, porque a pesar de que la película tenía un presupuesto grande no me ponía en el desafío de plantear una película imposible, sino una posible.

   —¿Cuál es el indicador principalde una película posible?

  —Es que nosotros, teniendo una gran post producción, no queríamos crear diseños de efectos visuales, sino concentrarnos mucho en un imagen refinada y de calidad. Pero más allá de la producción, me parece que el desafío, como dice el poster (en referencia al afiche de la película), bien sintetizado por un especialista en comunicación, es que la aventura supera la imaginación. Y me puse recontento cuando leí esa frase, porque me pareció que ahí estaban los dos conceptos que yo pensé cuando arranque esta película.

   —¿Después de haber ganado un Goya, podemos soñar ahora con un rosarino ganador del Oscar?

   —Ja, me encantaría, pero no. Con “El Ratón Pérez” me dio mucha satisfacción llegar al Goya, pero el cine infantil te hace entrar en una consideración de festivales y es muy difícil meter una candidatura o una nominación a un Oscar, juegan un montón de factores. Lo que sí me parece bueno es que esta película se pase en 1.160 salas, desde México hasta Usuahia, y esto es un hito de la industria cultural que nunca habíamos vivido.

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