Buscando respuestas y soluciones
Me pregunto: ¿Existe alguna razón que yo no alcanzo a percibir, para que a lo largo de tantas administraciones provinciales, comunales de distintas vertientes políticas, no surjan dirigentes que comprendan la verdadera importancia del ecosistema del río Carcarañá como singular atractivo turístico a nivel nacional ampliamente comprobado?

Viernes 09 de Octubre de 2015

La destacada. Me pregunto: ¿Existe alguna razón que yo no alcanzo a percibir, para que a lo largo de tantas administraciones provinciales, comunales de distintas vertientes políticas, no surjan dirigentes que comprendan la verdadera importancia del ecosistema del río Carcarañá como singular atractivo turístico a nivel nacional ampliamente comprobado? ¿Cómo es posible que si toda persona que se acerca a la zona por primera vez, a veces de lugares de reconocidos atractivos turísticos, no sólo vuelve, sino que se hace habitué, o empieza a averiguar por la posibilidad de adquirir terrenos, no logra concentrar el interés de los responsables de brindar una infraestructura adecuada, quienes no sólo miran para otro lado, sino que  hasta ningunean a quienes defienden la integridad del lugar? ¿Nuestros gobernantes no ven las campañas de promoción turística que despliegan nuestras provincias vecinas por todos los medios a su alcance respaldando esa actividad? En los últimos 15 años se fueron estableciendo a lo largo del río distintos emprendimientos turísticos, y en paralelo está a la vista el desarrollo urbano logrado en ese lapso, respondiendo al interés que despierta la región, con escasa o nula atención de los distintos estamentos del Estado, para mejorar la infraestructura. Me refiero especialmente a la tozudez, o ceguera, no sé a qué atribuirlo, del Estado para negar, al punto de ni siquiera mencionar la posibilidad de actuar ante la persistencia de las inundaciones que nos agobian con su intensidad y frecuencia desacostumbradas, enredándose en reclamos zonales y actuando como si el problema real, la necesidad de una solución integral no existiera, ¿o tenemos que creer que ante el Estado somos invisibles? No creo que sea insensibilidad, más bien creo que sólo es tozudez y que a la larga, deberá encontrarse la sensatez. ¿Será que las obras sólo se miden en función de los votos que reditúan teniendo en cuenta sólo este único parámetro? ¿Será que la política sólo se mira la punta de la  nariz y es incapaz de vislumbrar obras a un plazo algo mayor y no tan visibles? El país que tenemos con sus grandezas y pequeñeces no se hizo de un día para otro, fue creciendo en el tiempo con obras realizadas por gente que miraba al futuro. Me parece que antes no había elecciones tan seguido, que la necesidad de encuestar todo no era tan acuciante y había más tiempo para pensar más en la gente y no tanta urgencia para aferrarse al poder. La región que abarca la parte baja del Carcarañá compone un atractivo turístico único en la provincia por sus características tan particulares y es hasta irresponsable ignorar esa realidad, desperdiciando todo su potencial por cualquiera sea la razón del momento. Me pregunto: ¿Es imposible convocar a los interesados, digo autoridades, pobladores, emprendedores, en el problema de las inundaciones en la parte baja de la cuenca, para coordinar una solución integral, que no se ocupe solamente de aliviar con parches la parte alta y haciendo centro en una solución que contenga los intereses de todos?
Manuel Torres
DNI 6.029.173

La senectud es inevitable
La vida tras la muerte, la  transformación en otros seres son solamente argumentos novelescos que pretenden conmocionar el real y único ciclo humano conocido: nacimiento, vida y muerte física. Y así como el tiempo convierte en vetusto e inútil todo lo que nos rodea, los años de vida transcurrirán hasta que  ingresemos en la senectud, paso previo a la desaparición física. Sabemos que ello es inevitable pero podemos reducir sus  efectos mejorando conductas. Concretemos algún sueño antes de perderlos todos, querramos mucho más a nuestras familias, recordemos con amor a quienes ya no están, desarrollemos potenciales capacidades intelectuales, conozcamos otros países o ambientes. Cerremos los oídos a quienes se lamentan por falta de poder económico para cumplir sus sueños. Pensemos que existe gente sin valores materiales pero trasuntan felicidad aún con lo poco que tienen. Repartamos nuestra experiencia, conocimientos y sabiduría. Finalmente, pensemos  que pueden desaparecer el mismo día aquel que dejó transcurrir su vida acumulando riquezas, algún otro que logró salvar vidas con sus conocimientos, uno que conmovió multitudes con su arte y un último que fue delincuente y asesino. Para el día de su desaparición necesitaron en común una sola cosa: un metro cuadrado de tierra.  
Rubén Mario Baremberg
DNI 6.012.531

Se ruega no pisar el césped (II)
Hace unos meses, precisamente en el mes de enero, escribí una carta de lectores manifestando mi preocupación acerca del trato que se le daba a los arreglos efectuados en nuestro hermoso bulevar Oroño. Lamentablemente, a pocos meses de un trabajo tan arduo como costoso y que pagamos entre todos, vemos que los resultados han sido fallidos. En ese momento y en esa carta decía que la Municipalidad o los que estuvieran a cargo de la remodelación del bulevar tomaran los recaudos necesarios para cuidar las mejoras efectuadas, ya sea poniendo los viejos carteles de “no pisar el césped”, “junta la caca de tu perro” y de restaurar la presencia de los viejos y queridos guardianes, ya que a pesar de estar puestos los carteles de “prohibido circular en bicicleta” todos hacen caso omiso de los mismos, y caminar por Oroño para los peatones es un riesgo. ¿Por qué no hay controles y se aplican las sanciones correspondientes?  Pienso que sería la única forma de que la gente tome conciencia y así poder mantener limpia y ordenada nuestra querida ciudad. Ahora están planeando una bicisenda en Oroño; creo que la calle no tiene el ancho necesario, pero además y desde hace mucho tiempo, nunca entendí que se hubiera repavimentado solo una parte de la calzada, porque el lado derecho sobre casi toda esa extensión (desde Montevideo al río) está lleno de pozos y agua. Sería tal vez muy conveniente hacer dársenas para los contenedores, en fin, hay mucha tarea. Por ejemplo, colocar los basureros para los residuos que origina la gente que va paseando, hay cuadras donde no ha quedado ninguno y no los han repuesto. O sea, hay mucho por hacer pero si no hay controles no vale la pena empezar. Tal vez una campaña en los medios y alguna materia en la escuela primaria que se llamara “comportamiento urbano”, para que los niños aprendan que no se debe tirar basura en la calle, que se debe respetar el mobiliario urbano, que no se deben pintar las paredes y que se debe querer a la ciudad donde vivimos.
Cristina Burgues

Funcionaria fundamentalista                        
Sorpresa primero, indignación después me causaron las palabras de la directora del Imusa, Diana Bonifacio. “Chotas, jodidas y locas”, fueron los adjetivos con que definió a las personas que tratan de proteger a la fauna urbana. Impropio de una funcionaria que para emitir tales conceptos debió determinar claramente a quién o a quienes se refería, individualizando y no generalizando. Parece desconocer el sacrificio y abnegación de los que acuden para ayudar a perros y gatos, a veces en horarios inadecuados para cualquiera, usando sus propios vehículos, pagando de sus bolsillos los medicamentos y atención veterinaria. Por suerte, no todos los profesionales que colaboran con el animal callejero piensan y sienten como esta funcionaria. Si no fuera por los proteccionistas, la realidad de las mascotas sin dueño sería mucho más abrumadora. No sólo actúan ingresando a lugares socialmente muy conflictivos sino que además se organizan formando hogares transitorios donde contener animales heridos, sarnosos y hambreados. Es cierto que la función del Imusa ha cambiado. Eso también lo lograron las protectoras. Antes se sacrificaban miles de perros por año, sólo por “prevención”. Pero, más allá de la prolija enumeración de los resultados expuestos, hay que tener en cuenta que la institución cuenta con recursos humanos y presupuestarios suficientes. Va siendo hora, entonces, de cambiar la metodología empleada. La proliferación de animales abandonados, cachorros, hembras preñadas y demás, significa que lo que se hace no es suficiente. En la calle, en el barrio, no se ven los resultados. A igual que el señor gobernador, cuando nos quiere hacer creer que han disminuido los crímenes, o la señora intendenta, que presenta a Rosario como una ciudad que respeta el medio ambiente. La doctora Bonifacio debería, primero, desvestirse de la soberbia contagiada por sus superiores, y después pedir públicamente disculpas por sus dichos. Es hora de convocar y escuchar con todos los sentidos, también con el corazón, donde nace la compasión por cualquier forma de vida. La sociedad que participa generosamente, sin sueldos ni vacaciones, lo necesita y lo requiere. Necesitamos que cambie tanto verticalismo obtuso. Y al programa del querido Canal 5 de Rosario, que dio espacio a la funcionaria en cuestión, solicitarle, sólo por justicia, les dé oportunidad de expresarse a las chotas, jodidas y locas para que cuenten lo que hacen. Gracias.
María Esther Linaro
DNI 6.210.349

Qué película se puede ver
Soy una abuela que quiere llevar a su nieto de 8 años al cine. Hasta allí todo bien. Sólo que no sé qué  película puede ser adecuada para su edad, salvo las clásicas de animación. Cuando en otros tiempos llevaba a mis hijos al cine no se presentaba este inconveniente porque al anuncio de las películas se le agregaba “apta  para todo  público”, “no apta para menores de 13 años” o “acompañado por un mayor”. ¿Que pasó en el tiempo? ¿Es tan difícil que haya algún ente regulador que con un criterio adecuado a nuestros tiempos nos aconseje al respecto? La respuesta que no quisiera escuchar sería: “véala usted primero y después lleve a su nieto al cine”. Señores responsables de los cines, no es tan difícil. Abuelos, padres y maestros, agradecidos.
DNI 2.794.254

El espejo de Kafka
En su libro titulado “Consideraciones acerca del pecado”, Franz Kafka nos ofrece con el siguiente relato un espejo para mirarnos a cuál de los dos sectores sociales en puja pertenecemos, y cuál es la consecuencia de vivir en la penosa división social que vivimos los argentinos. Dicho relato, dice: “Había una vez una banda de canallas, es decir, no eran canallas sino hombres comunes. Estaban muy unidos. Cuando, por ejemplo, uno de ellos había hecho infeliz, de manera un poco ruin, a alguien que no era del grupo (es decir, aun así, no es que se hubiera comportado como canalla, sino como se porta de costumbre, habitualmente), y lo confesaba después en presencia de sus socios, éstos indagaban, juzgaban, imponían penitencias, perdonaban, etcétera. No tenían malas intenciones, tutelaban severamente los intereses del individuo y de la comunidad, y quien se confesaba veía que se le presentaba el tono complementario del exhibido por él: “¿Cómo? Pero, ¿por qué te afliges? Has hecho la cosa más natural, has obrado sólo como debías. Sucede que estás un poco excitado. Vamos, sé razonable de nuevo”. Así se sostenían unos a otros, y ni aun muertos disolvieron la banda, sino que subieron al cielo de la mano. Era un espectáculo de inocencia infantil, verlos volar juntos de aquella manera. Pero, como a la vista del cielo todo se fragmenta en los elementos que lo componen, se precipitaron abajo como un conjunto de piedras”.
Daniel E. Chávez