Bullying: un flagelo escolar a vencer
Motivo de honda preocupación para el pediatra es el bullying escolar, porque en forma astuta y silenciosa va instalando un daño social que el profesional enfrenta cada día que pasa con mayor frecuencia y donde la víctima, por temor a su victimario...

Viernes 24 de Octubre de 2014

Motivo de honda preocupación para el pediatra es el bullying escolar, porque en forma astuta y silenciosa va instalando un daño social que el profesional enfrenta cada día que pasa con mayor frecuencia y donde la víctima, por temor a su victimario que lo amenaza: “Si contás será peor”, se callará generando consecuencias secuelares que pueden llegar hasta “lo fatal” según el ambiente familiar de pertenencia de quien lo sufre. Las secuelas principales que se observan en niños o adolescentes son las siguientes: 1) La víctima o blanco del bullying: sufrirá una acentuada disminución de su autoestima, como también de la posibilidad de generar vínculos, comportamientos agresivos y en casos extremos puede haber intento o concreción del suicidio. 2) El autor del bullying: tendrá comportamientos criminales o antisociales y formas violentas de vida en el círculo familiar o laboral. 3) Los testigos del bullying: pueden volverse temerosos o ansiosos por la posibilidad de “ser la próxima víctima” o por la pérdida de la paz en el ambiente escolar, que perjudica tanto para las adquisiciones cognitivas como las sociales. ¿Qué hacer para frenar el avance de este flagelo? Creemos que los principales protagonistas son la Escuela y la Familia, correspondiendo a ellas por cierto las primeras acciones: La Escuela, reconociendo que el bullying existe; por lo tanto actuando rápidamente. Y la Familia, informando que el niño de pronto “no quiere ir más a la escuela”. Consideramos que solamente un profundo y sostenido trabajo mancomunado entre las partes comprometidas y la imprescindible colaboración profesional de médicos pediatras y psicólogos sobre un programa adecuado a la realidad institucional en cada paso, se podrá iniciar el camino no sencillo, en busca de la paz que otrora gozaron nuestros hijos y nietos, guiados sabia y amorosamente por sus docentes: maestros o profesores y la conducción reflexiva, pero cálida o severa de las autoridades institucionales, según correspondiera. Luchemos para que este pensamiento se convierta en realidad.
 

Comité de Educación para la Salud
Sociedad de Pediatría de Rosario