Brazos abiertos para todos
En la República Argentina hoy en día invertimos y gastamos mucho dinero en celebrar y festejar. Esto es bueno si se hace a conciencia y a medida. Todos los gobiernos tienen aciertos y errores a la hora de gestionar.

Martes 15 de Enero de 2013

En la República Argentina hoy en día invertimos y gastamos mucho dinero en celebrar y festejar. Esto es bueno si se hace a conciencia y a medida. Todos los gobiernos tienen aciertos y errores a la hora de gestionar. Hoy me alegra la noticia del retorno de un barco llamado Libertad. Hoy me alegra la noticia. Me alegra que hayamos superado un inconveniente con un gobierno extranjero, que quiso realizar una maniobra para adueñarse de una pertenencia patria cargada de argentinidad. Hay cosas que me entristecen y preocupan. Me preocupa que existan extranjeros queriendo arrebatar bienes de nuestra nación. Me preocupa que existan algunos funcionarios que desconozcan tal realidad. Me preocupa que gastemos tanto dinero para ver regresar a un barco de la mar y no seamos capaces de gastar dinero en la recuperación de muchos hermanos, que quieren curarse, quieren incorporarse del polvo para caminar con dignidad. Vale la pena aplaudir, festejar y celebrar. Creo que no vale la pena gastar tanto dinero en este logro puntual. Cientas de veces zarpó desde nuestro puerto la fragata Libertad, otras cientas de veces llegó. Nunca fue recibida de está manera. Quizás es cierto que por el nivel de festejo uno puede deducir el gran temor que existió de perderla. La fragata estuvo en peligro. No así la libertad de mi Nación. Dios quiera que los argentinos todos tengamos sabiduría para preservar los valores que sirven de cimiento, para que cada día podamos vivir con igualdad, dignidad, justicia y amor. Llegará el día en que las personas sean más valoradas que las pertenencias materiales. Llegará el día en que festejemos abrazados felices porque con dineros brillantes, recuperemos a tantos hermanos que durante décadas soñaban con desatarse de sogas extrañas y esclavizantes. Durante años soñaban que alguien los reciba con los brazos abiertos, cuando solicitaban un honorable puerto que les brinde protección. Un barco retornó. Dios ilumine a los tripulantes y a los millones de marineros que navegan en la barca de nuestra querida Nación.

Miguel Faes