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Brasil, Unasur y G-20: la ruta internacional del kirchnerismo

La redefinición de la alianza con el socio del Mercosur y la construcción de un bloque sudamericano orientaron la política exterior de Kirchner.

Domingo 19 de Mayo de 2013

La política exterior de la Argentina desde mayo de 2003 hasta la actualidad fue uno de los ejes más importantes del andamiaje teórico y político desplegado por los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández. En diez años, el posicionamiento internacional del país cambió de manera profunda como resultado de una serie de decisiones gubernamentales que concentraron los esfuerzos en el bloque regional sudamericano, con alianzas muy fuertes con Brasil y Venezuela como punta de lanza, en detrimento del alineamiento con los países centrales practicado por las administraciones anteriores.

El fortalecimiento y ensanchamiento del Mercosur, la creación de la Unasur, el abandono definitivo del Area de Libre Comercio de las Américas (Alca) —el proyecto de integración comercial craneado desde Washington—, y la incorporación del país al G20 son algunos de los datos salientes de la última década.

A esta clara voluntad latinoamericanista se sumaron cambios bruscos y fuertes en el tablero mundial, cuyo símbolo más visible fue la crisis financiera originada en Estados Unidos en 2008, y la muy viva todavía crisis de deuda de Europa, aún atrapada en el círculo de los ajustes y los planes de austeridad.

Ese multilateralismo naciente surgido de la crisis de los países centrales occidentales y de la decadencia de algunas de sus herramientas predilectas (con el Fondo Monetario Internacional a la cabeza) fue bien leído e interpretado —según algunos analistas, como el investigador de la Universidad de San Andrés Gabriel Tokatlián, incluso de manera exagerada— por las administraciones kirchneristas, que salieron a discutir la legitimidad del neoliberalismo sin complejos, abrazados a los desastres cosechados por las recetas del Consenso de Washington en casi todas las latitudes.

Con China consolidada como nueva gran potencia, y un Brasil recargado gracias a la acción transformadora de las gestiones de Lula da Silva, Argentina se volcó de lleno a ese nuevo mundo contenida por el Mercosur.

La asunción de Néstor Kirchner el 25 de mayo de 2003, donde estuvieron Fidel Castro, el propio Lula y Hugo Chávez, dejó en claro desde el principio qué rumbo iban a tomar las relaciones internacionales tras la crisis cuasi terminal de 2001.

MODELO NéSTOR. Si muchos analistas definen al kirchnerismo básicamente como una fuerza política de acción, la orientación de la política exterior adoptada por el gobierno que Néstor Kirchner inició hace diez años es una muestra clara de puro voluntarismo político.

Justamente, el rearmado de las alianzas regionales con los vecinos sudamericanos se contruyó alrededor de la resignificación del concepto de política y del papel del Estado, algo en lo que coincidieron la mayoría de los gobiernos sudamericanos durante los últimos años.

Así, la voluntad de alejarse todo lo posible del modelo neoconservador de los 90 tuvo su correlato en la política exterior kirchnerista. Por eso, en la plataforma electoral de Kirchner del año 2003 se acentúa la necesidad de reforzar el Mercosur a través de una clara elección de la alianza con Brasil en términos estratégicos.

También en esa línea se inscriben una serie de decisiones contrarias a los deseos de los Estados Unidos, y que incluyeron la negación a conceder inmunidad diplomática a las tropas estadounidenses para ejercicios conjuntos en Mendoza (2003); la abstención en Naciones Unidas a la condena a Cuba por temas de derechos humanos (2004); la negativa de avalar la intervención en la guerra de Irak; y el torpedeo en acuerdo con Brasil y Venezuela, al proyecto del Alca en Mar del Plata (2005).

Hay que tener en cuenta también dónde estaba parada la Argentina poscorralito y devaluación: dificultades para acceder al crédito externo, cuantioso endeudamiento público con los organismos multilaterales de crédito y, fundamentalmente, una situación de default con los acreedores privados tenedores de deuda que dificultaba cualquier tentativa de reinserción global.

Sobre ese terreno, Kirchner armó una estrategia internacional que funcionó —según la visión de Tokatlián—, sobre "una especie de trípode" con una pata atada al regionalismo, es decir "el despliegue de una política más intensa en América latina, preferentemente en América del Sur".

Un segundo elemento de esa política fue el multilateralismo, que implicó "un alto nivel de participación en los foros multilaterales con algunas políticas estandartes, como la de defensa de los derechos humanos.

El tercer componente, siempre según el experto de la universidad de San Andrés, fue el apego al derecho internacional "en tanto fuente para legitimar un perfil externo y un modo de restringir a los más poderosos".

"Este esbozo de política exterior, con matices, continuó hasta el primer mandato de Cristina Fernández".

MODELO CRISTINA. A partir del año 2007, la actual presidenta heredó el proceso de transición en la reubicación internacional comenzado por Néstor Kirchner, a lo que se sumaron fenómenos externos como las primeras señales de la crisis económica y financiera de los grandes de Occidente.

El primer mandato de la presidenta se caracterizó por una profundización de la política de integración sudamericana con acciones comunes en caso de crisis internas con repercusiones regionales, como fueron los intentos de desestabilización institucional en Bolivia, Ecuador, y Honduras, y el enfrentamiento entre Venezuela y Colombia.

En ese marco, el nacimiento de la Unasur (Unión de Naciones Sudamericanas) en mayo de 2008 fue un paso fundamental, orientado a fortalecer el bloque regional en la perspectiva de la crisis de Europa y de Estados Unidos y de los crecientes cuestionamientos al capitalismo financiero.

Para Tokatlián, Cristina sobredimensiona la intensidad y resultado final de esta crisis de las potencias centrales, algo que desde su análisis "no es nuevo en el peronismo en el poder" ya que el propio Perón vaticinó una tercera guerra mundial.

"La Argentina necesita un mapa de ruta para un contexto de más turbulencia y mayor pugnacidad, pero puede cometer un desatino estratégico si malgasta con cálculos incorrectos la enorme autonomía externa que brinda un escenario fluido y contradictorio", precisó el experto.

BRASIL CENTRAL. Dentro de la estrategia exterior de los gobiernos kirchneristas, el lugar de la relación con Brasil ocupa un espacio central. A medida que el gigante sudamericano se consolidó como un jugador mayor del escenario internacional, Argentina entendió que una alianza firme con semejante mercado era inevitable y deseable en proporciones parecidas.

Si bien desde un registro de la relación comercial las tensiones han sido muchas y frecuentes y ninguno de los dos países se privó de blindarse con barreras paraarancelarias a partir de la crisis internacional de 2008, la mayor fortaleza de la unión entre ambas naciones hay que buscarla por el lado de la política.

Así, las sociedades Néstor/Lula primero, Cristina/Lula después, y Cristina/Dilma en los últimos años, se esforzaron por mostrar afinidades ideológicas respecto a los grandes temas geopolíticos regionales y globales como la defensa de los regímenes democráticos o la postura frente a organizaciones como el Fondo Monetario.

Otros analistas tienen una visión más crítica de la evolución del bloque sudamericano durante la última década. Para Roberto Bouzas, especialista en relaciones internacionales de la Universidad de San Andrés, "en los últimos diez años el Mercosur ha confirmado que el proyecto original de construir una unión aduanera estaba más allá del alcance de los países miembros".

Relación bilateral. Según Bouzas, el mayor éxito de la relación bilateral comercial entre los dos países bajo los gobiernos kirchneristas y petistas "ha sido evitar que los recurrentes conflictos comerciales hayan desembocado en una crisis abierta".

"En varios momentos la Argentina y Brasil estuvieron al filo de desatar graves crisis comerciales bilaterales. Si hubiera sido por el sector privado brasileño, me temo que la posición del gobierno brasileño habría sido bastante más agresiva de lo que fue en la práctica", señaló.

Para el académico, "la creciente discrecionalidad de la política comercial no crea un contexto favorable para que se desarrolle el tipo de comercio que interesaría promover con más interés entre los dos países".

"La profundización de una división regional del trabajo que integre cadenas regionales de producción se hace más difícil e improbable en un contexto en el que las reglas se modifican con arbitrariedad. Este costo o lucro cesante de la política comercial argentina debe incorporarse en el balance", estimó.

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