Edición Impresa

Borges, Gardel y Freud, a terapia con Gabriel Rolón

El psicoanalista presenta mañana en lavardén su espectáculo musical "Medianoche en buenos aires". confesiones de diván.

Sábado 21 de Septiembre de 2013

En momentos en que la señorita terapia es la mujer más deseada, Gabriel Rolón se pone el traje del galán de la película. El psicoanalista más reconocido del país en la actualidad debuta en la ciudad mañana, a las 20.30, con su espectáculo "Medianoche en Buenos Aires", en Plataforma Lavardén (Sarmiento y Mendoza). Acompañado por Federico Mizrahi, en piano, y Teresa Castillo (coautora de la obra), en violín, Rolón se da el gusto de cantar y contar su relación con monstruos queridos de su imaginario sensible. Desde Piazzolla a Gardel, y desde Borges a García Lorca, claro, pasando siempre por la calle Freud, el autor de "Los padecientes" recorre Buenos Aires con un pie en Rosario. "Se puede hacer algo digno y respetuoso buscando un ámbito de pensamiento", destacó Rolón en una extensa charla con Escenario. "Todo lo que hago está atravesado por mis años en el diván", confesó.

—¿Cuáles son los puntos de contacto entre "Medianoche en Buenos Aires" y la película de Woody Allen "Medianoche en París"?

—El único punto de contacto es la inspiración de pensar en un caminante nocturno que entra en un mundo mágico que le permite encontrarse con artistas o pensadores de otros tiempos. Claro, como soy analista, en nuestro personaje no podía darse como en el de Allen, que ese viaje le sucediera de un modo casual, sino que lo mueve un motivo inconsciente y profundo que tendrá que develar en ese recorrido. Cada uno de los personajes con los que habla le darán alguna pista que le permitirán al final descubrir su motivación oculta.

—En esta obra te encontrás con ciertos fantasmas, pero no elegiste fantasmas que asustan sino que embellecen la vida ¿Por qué optaste por homenajear a Piazzolla, Borges y García Lorca, por ejemplo?

—Porque tienen que ver con nuestra idiosincrasia, nuestra manera de sentir y de pensar. Hayan o no conocido a la Argentina, influyeron en ella de un modo potente. Borges es el representante de las letras argentinas más destacado y Piazzolla el músico más importante de esta época en el mundo. Pero lo que en "Medianoche en Buenos Aires" tomamos con Teresa (Castillo) al escribir este guión, fue la obra o la vida de estos espectros admirados. Por ejemplo, en el encuentro con Borges parafraseamos su cuento "El otro", en el que se encuentra consigo mismo siendo niño. A Piazzolla le hacemos narrar su infancia en New York, su encuentro con Gardel, la historia de aquél muñeco que su padre talló para El Zorzal, y cómo fue el momento en el que se enteró de la muerte de Nonino. García Lorca, por su parte, le cuenta a nuestro poeta Horacio Castillo, cómo fue ser el hijo de la familia más adinerada de Granada durante la guerra civil, y terminan sin embargo en una fosa común por defender a los oprimidos. Quiero decir con esto que lo que nos interesó fue mostrar esa parte del alma de los que admiramos que hoy también forma parte de nuestras propias almas.

—Es inevitable que tu mirada de psicoanalista atraviese toda la obra, pero ¿desde qué lugar llega ese encuentro con Freud?

—Nuestro caminante se cruza en una plaza con él porque si bien el amigo Sigmund nunca estuvo aquí, supongo que le hubiera encantado conocer el lugar del mundo en el cual su creación, el psicoanálisis, es más importante que en ningún otro sitio. Es que a mi personaje, que soy yo mismo simulado, la obra de Freud le cambió la vida y le marcó un destino diferente. Le hizo pensar la vida, su propia vida, de un modo en el que no la hubiera pensado si no la hubiera leído y, sobre todo, si no se hubiera analizado. Porque esa es la maravillosa virtud del psicoanálisis, la que lo convierte en algo diferente a cualquier otro tipo de terapia: que no busca la normalidad, ni el bienestar, ni el equilibrio, sino el develamiento de una verdad que hace que seamos hombres y mujeres totalmente distintos a los que hubiéramos sido si no hubiéramos pasado por la experiencia del análisis. Por eso todo lo que hago está atravesado por mis años en el diván.

—El psicoanalista es especialista en guardar grandes secretos de sus pacientes ¿Cómo se asocia ese perfil que tiene tu profesión en una persona tan mediática como vos?

—Si por mediático se entiende trabajar en los medios, a veces lo he sido y otras, ahora por ejemplo, no. Ahora, si por mediático se entiende exponer cada acto de su vida o llevar las peleas privadas a ámbitos públicos, en ese caso no tengo nada de mediático. Yo diferencio claramente lo que pasa en los medios de lo que pasa en mi vida y, por supuesto, en mi práctica clínica. He atendido a muchísimas personas famosas, por ejemplo, y jamás nadie se ha enterado por mí. Cuando se supo fue porque el paciente decidió hacerlo público. Y cuando esto fue así y me preguntaron algo, nunca respondí nada al respecto. De modo que no hay contradicción. Nunca he roto el secreto profesional. Se puede trabajar en los medios y aún así conservar una postura ética.

—¿Si viene un paciente y te pide un autógrafo porque te vio en "Intrusos" o algún programa de la tele, te da alegría o te hace cierto ruido para el análisis posterior?

—Me sacaste una sonrisa. Un paciente jamás me pediría un autógrafo, porque es un paciente, no un admirador. Lo que sí suele ocurrir es que alguno de mis pacientes compre uno de mis libros y me pida que se lo firme, en cuyo caso, no tengo ningún inconveniente. Imaginate que si le firmo libros a gente que no conozco, cómo no hacerlo con alguien que me elige y confía en mí para abrir los lugares más dolorosos de la vida. Pero se lo firmo con ese cariño y esa gratitud que siento por todos los que confían en mí. Como una prueba de mi agradecimiento y no como un autógrafo.

—¿Cuál es tu opinión sobre los programas que abordan la terapia en la televisión, como "En terapia" o "Historias de diván". Y a qué responde que tantas ficciones aborden cuestiones vinculadas al psicoanálisis?

—Por supuesto que en lo que hace a "Historias de diván" estoy muy feliz pero inhabilitado para opinar. No sólo porque está basada en mis libros, sino porque yo fui, junto a Marcelo Camaño, el adaptador y guionista de la serie. Cuidé mucho el lugar ético del analista, intenté que quien mirara la serie sintiera que el análisis es un lugar posible para transitar el dolor y descubrir ciertas verdades que lastiman desde las sombras. Espero haberlo conseguido. De hecho, así lo recibió también la Red Iberoamericana de Ecobioética de la Unesco, que auspició el programa por considerarlo de interés cultural y ético-social. Con respecto a los otros programas, debo decir que la versión argentina de "En terapia" no la vi, porque ya había visto algunos capítulos del original israelí y toda la versión americana, "In treatment". sta fue, sin dudas, una serie muy interesante, aunque se trata de una ficción que para su interés dramático se basa muchas veces en la mala praxis del terapeuta, cosa que yo evité por todos los medios. El interés fue otro. El de ellos escribir una muy buena ficción televisiva. El mío, además, difundir el psicoanálisis y cuidar a los pacientes que me permitieron escribir basándome en sus casos.

—Actualmente hay espectáculos encabezados por filósofos, como es el caso de Darío Sztajnszrajber, e incluso por psicoanalistas, como el tuyo, pero hay más casos incluso. ¿Hay una nueva tendencia del público hacia espectáculos que ayuden a reflexionar, en detrimento de shows pasatistas?

—No lo sé. Creo que las ficciones, comedias, teatros de revista, están muy bien y siguen siendo elegidos mayoritariamente. Pero es grato pensar que también se ha abierto un espacio para los que llegamos con una propuesta diferente. Hay lugar para ellos y para nosotros y creo que se puede hacer algo digno y respetuoso ya sea apuntando a que el público pase un buen momento, ya sea buscando un ámbito de pensamiento.

—La música siempre fue una de tus pasiones, aquí, como Woody Allen tenía su día lunes dedicado a tocar la trompeta, ¿vos te das el gusto de tocar el piano o la guitarra?

—Exactamente esa fue la intención cuando le pedí a Teresa Castillo que escribiéramos "Medianoche en Buenos Aires" y a Federico Mizrahi que amueblara el espacio con su música. Yo soy el narrador de la historia, una especie de Scherezade masculino que le propone al público entrar en un viaje íntimo que, como todo en el análisis, no va hacia adelante y hacia afuera, sino hacia adentro y hacia atrás. En el medio, me doy el gusto de cantar.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

LAS MAS LEÍDAS