Bonfatti y los pibes de V. G. Gálvez
La tarde no podía ser más luminosa. Pero el sol con todo su brillo no lograba disimular la pobreza del lugar. En Villa Gobernador Gálvez a nadie se le ocurre hablar de “la década ganada”; si de políticas...

Martes 12 de Agosto de 2014

La tarde no podía ser más luminosa. Pero el sol con todo su brillo no lograba disimular la pobreza del lugar. En Villa Gobernador Gálvez a nadie se le ocurre hablar de “la década ganada”; si de políticas públicas se habla, allí -más allá del esfuerzo de sus vecinos- los que vienen triunfando desde hace tiempo son el atraso, el abandono, la desidia, la ausencia casi total de planificación e inversión. La escuela secundaria N° 516 “Leticia Cossettini” se levanta en el barrio “del Cementerio”, uno de los tantos barrios de la ciudad a los que les falta de todo: barrido, limpieza, iluminación, pavimento, cloacas, agua potable. Llegamos a la escuela esquivando pozos, montañas de basura y animales de diversos tamaños. El modesto edificio aparece rodeado por el gris brillante uniforme de numerosos autos oficiales de la gobernación. La ocasión es importante: gracias al esfuerzo de un grupo de docentes y en el marco del plan “Vuelvo a Estudiar”, más de treinta jóvenes de la zona retoman sus estudios. No es una ironía decir que en este aspecto estos pibes son afortunados: otros que quisieron volver a la escuela no consiguieron banco para anotarse. El acto se desarrolla en el patio. Todos sentados en las sillas sacadas de las aulas. Pero esa uniformidad no puede disimular el marcado contraste entre la elegancia de los trajes oficiales y la modestia del esmerado arreglo de los pibes. Luego de las presentaciones, cuatro nuevos alumnos, buscando dominar sus nervios, leen o comentan sus expectativas y compromisos para la nueva etapa. Finalmente es el turno del gobernador. Está distendido, cómodo, tranquilo. Trae recuerdos de su infancia y de sus primeros aprendizajes. Enfundado en un impecable traje negro su figura brilla en el patio de la escuela. Desde allí busca orientar a los nuevos estudiantes y sentencia: “Chicos, el dinero no es lo importante”. No conforme con esto agrega una broma de difícil comprensión para su auditorio y dudoso gusto en tiempos de muerte joven: “La mortaja no tiene bolsillos”. Los pibes escuchan con atención y respeto, y aplauden cuando el gobernador termina sus palabras. Muchas cosas y de lo más diversas habrán pasado por sus mentes en ese momento. Quizás alguno pensó que está bien lo que dice el gobernador... pero todas las cosas que el sistema le propone día a día para consumir se consiguen con dinero. O que está bien lo que dice el gobernador pero qué bueno sería que su padre ganara más dinero y pudieran llegar a fin de mes. Otro capaz pensó: “Está bien gobernador, pero cuando no tenemos dinero para pagar la luz resulta que nos la cortan, y si no tenemos dinero para la garrafa pasamos mucho frío”. Otro, que le gusta recorrer la ciudad y conoce casi todas las escuelas se preguntó: “¿Y por qué si dice que el dinero no es importante no gasta el que tiene la provincia en arreglar tantas escuelas de Gálvez que están en malas condiciones?”. Hasta capaz que a uno de los pibes le gusta mucho la historia y leyó un poco a Juan B. Justo y a Alfredo Palacios y aprendió de ellos y sus denuncias y reflexionó: “¿Por qué será que siempre nos quieren convencer a los pobres de que el dinero no es importante?”

Juan Pablo Casiello (secretario gremial Amsafe Rosario)