El gobernador Antonio Bonfatti apeló ayer al recuerdo nostálgico de la infancia para evocar a nuestra fiesta maya, cuyo espíritu también se ve reflejado en los cuadros épicos. "No porque todo haya sido así, está claro, sino porque esos cuadros contienen su espíritu de época y un mensaje de unidad que debe hundir sus raíces en el corazón de cada argentino. Cuando los observamos vemos al hombre del pueblo, al cura, al militar y al patricio, todos reunidos en el mismo lugar. Era un tiempo que requería de todos, al igual que el tiempo actual, en el que los problemas complejos nos involucran a todos porque cada tiempo tiene sus dificultades y en cada uno hay distintos caminos para resolverlos. Pero la estrategia para afrontarlas siempre ha de ser la misma: la participación de todos los sectores; la reunión de todos haciendo fuerza para el mismo lado. La complejidad de nuestro tiempo fija nuestras máximas preocupaciones en la convivencia. La violencia genera inseguridad, nos lleva a una permanente desconfianza y nos enfrenta justo cuando más unidos tenemos que estar".
El discurso del gobernador abrió el desfile cívico militar conmemorativo del 202 aniversario de la Revolución del 25 de Mayo de 1810, que se desplegó sobre la avenida General López de la capital provincial. Previamente había escuchado en la catedral al arzobispo santafesino y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor José María Arancedo, instar al diálogo entre los argentinos (ver aparte) en la homilía del tedéum celebratorio de la patria.
Pastelitos y chocolate. Antes de cruzar la plaza de Mayo frente a la Casa Gris, donde izó la bandera, Bonfatti, recién llegado de Medio Oriente y Alemania, recibió el saludo del cuerpo consular, funcionarios y la prensa, con los que compartió pastelitos con chocolate caliente.
En el Salón Blanco estuvieron todos los ministros del Ejecutivo provincial (menos Angel Sciara, de Economía), el vicegobernador Jorge Henn, la presidenta de la Corte Suprema provincial, María Angélica Gastaldi; el intendente santafesino, José Corral, y parte de su gabinete; diputados nacionales; diputados y senadores provinciales, autoridades militares, religiosas, gremiales, empresariales y sectoriales.
El tradicional desayuno en la Casa Gris no tuvo discursos ni formalidades. Como el gobernador regresó un día más tarde de lo previsto (por la demora de un vuelo) dedicó la ocasión a reencontrarse con propios y extraños, confundiéndose en saludos y abrazos y respondiendo interrogantes sobres la gira.
La cuestión calzó con precisión de relojero como excusa ante la requisitoria de la prensa, que buscó definiciones de Bonfatti sobre cuestiones de actualidad. "Hace sólo cinco horas que llegué; por hoy les pido perdón. Compréndanme", rogó, y logró que lo dejaran en paz.
Sol y color.Pese a los pronósticos de lluvia —del todo verosímiles tras una semana de mal clima— el sol del 25 hizo más que asomar: calentó una jornada colorida a la que salió Bonfatti, Henn, Gastaldi, Corral y el ministro de Gobierno, Rubén Galassi, presidiendo la caravana de altos funcionarios que caminó hasta la plaza de Mayo, donde formaban uniformados de distintas fuerzas armadas y de seguridad, escolares y abanderados, además del público que se había concentrado para el acto. En la parada, se cantó el Himno y se izaron las banderas argentina y provincial, para luego continuar la marcha hacia la catedral.
Tema candente. Al salir del templo y ya en el palco desde el que presidió el desfile, Bonfatti aseguró que desde el gobierno "estamos tomando decisiones muy fuertes respecto de lo que debe ser el accionar de la policía en la prevención y represión del delito, pero no nos cansaremos de repetir que tenemos que tener muy presente que no sólo con la policía vamos a solucionar nuestros problemas. La violencia surge de las entrañas de la sociedad. Tenemos que trabajar todos juntos: Nación, provincia, municipios y comunas. Por eso los convoco nuevamente, como en el último 1º de Mayo, a todos para aunar esfuerzos por la seguridad y para fortalecer la convivencia".
El gobernador dijo que "el mundo está pasando por una etapa de problemas y reacomodamiento", que "es cada vez más complejo", pero que "nosotros como santafesinos y argentinos podemos dar el ejemplo. Por eso tenemos que defender a los productores, a los trabajadores. Pensar en función de los que menos tienen. Construir más familia, más valores, más bienestar, más derecho. Por eso estamos haciendo de la educación el espacio privilegiado para la inclusión y de la salud un sistema integrado para garantizar la vida. Por eso hablamos de hábitat cuando se trata de pensar y transformar el territorio".
Relato de viaje. "Venimos —contó luego— de una misión en la que el esfuerzo conjunto de gobierno y oposición nos ha permitido estar más cerca de la Santa Fe que soñamos. Hemos conseguido más de 100 millones de dólares del Fondo Kuwaiti para el financiamiento del acueducto Reconquista-Fortín Olmos. Hemos abierto oportunidades de negocios para nuestra producción y el trabajo. Hemos avanzado hacia la adopción de modalidades de generación de energías sustentables respetuosas del medio ambiente. Sigamos por esta senda de trabajo conjunto y compromiso público; trabajemos, en memoria de quienes hicieron grande la patria, por el futuro de quienes seguirán sus huellas.
Tenemos la oportunidad —prosiguió— de decirle a las nuevas generaciones aquello que alguna vez nos dijera Mariano Moreno: "«Como hemos sido creados para grandes cosas, hemos empezado a obrarlas». Viva la patria", culminó.
Arancedo: "El problema argentino es moral"
“El problema argentino no es sólo técnico o económico sino primariamente moral, porque se refiere a actitudes de rectitud y honestidad, como de solidaridad y justicia, que implican, necesariamente, comportamientos éticos y la capacidad de pensar en el otro. Sólo habrá logros estables por el camino del diálogo y del consenso a favor del bien común, si tenemos particularmente en cuenta a nuestros hermanos más pobres y excluidos. Cuando la pobreza se queda sólo en una estrategia política, el pobre seguirá postergado”, reclamó ayer en su homilía el arzobispo santafesino José María Arancedo.
El jefe de la Iglesia volvió a pronunciarse sobre la reforma del Código Civil, instando al “respeto por la familia y por la vida en todas sus formas” y agregó que “en el ámbito de la vida, no todo lo que es técnicamente posible es necesariamente ético. Estos temas requieren de una reflexión madura y responsable”.
Arancedo llamó a ser “una Nación donde nos sintamos parte de su vida y solidarios de los proyectos que miren a la dignidad y bienestar de todos” y que “se decidida a erradicar los signos de muerte que tienen su fuente en la violencia y la droga; en el desprecio por la vida, la inseguridad y la trata de personas; en la inequidad social y la marginalidad”.
“Necesitamos recrear —continuó— el sentido de las cosas simples y la exigencia moral de los valores como base de una sociedad verdaderamente humana. Debemos recuperar el respeto por la vida y el valor de la palabra dada; la educación como bien público, llamada a ser la base de una sólida inclusión social; valorar la honestidad del ciudadano y exigir la ejemplaridad del hombre público; no acostumbrarnos al aparente triunfo del mal y a la pasiva complicidad con esa realidad que deteriora el nivel de vida. Cuando los valores morales pierden el significado de ideales se empobrece nuestra vida, se empobrece la política y, con ello, se empobrece la Nación”.