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"Boicotean una industria que impulsó el gobierno"

Claudio Molina cuestionó la política oficial hacia el sector. La industria del biodiesel en el país atraviesa una coyuntura crítica por factores internos y externos.

Domingo 27 de Octubre de 2013

El negocio del biodiesel tiene fundamentos sólidos a largo plazo, pero atraviesa una coyuntura complicada. La industria, que experimentó un boom de crecimiento durante la última década, enfrenta problemas concurrentes. Por un lado, cortocircuitos al interior de los organismos públicos en el manejo de las políticas hacia el sector. Por otro, medidas paraarancelarias de parte de la Unión Europea, el principal mercado de exportación.

   Claudio Molina, director ejecutivo de la Asociación Argentina de Biocombustibles, es uno de los pioneros en la promoción de esta actividad. Y es muy crítico respecto de los últimos cambios en las políticas oficiales para el sector. Señaló que este año las exportaciones van a caer un 40% y el país producirá 1,8 millón de toneladas contra los 2,4 millones del año anterior.

—La industria del biodiesel está atravesada por complicaciones internas y externas. ¿Cómo analiza la situación actual?

—Hay que tocar los dos aspectos. Hay una primera etapa de un alto crecimiento de la industria que va desde 2007 hasta 2012. En julio de 2012 se produce una inflexión en el plano interno cuando se crea la Unidad Ejecutiva Interdisciplinaria de Monitoreo, que es un organismo que se genera a partir de una resolución conjunta de los Ministerios de Economía, Industria y Planificación Federal. La conducen el secretario de Política Económica, Axel Kicillof y el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, quienes cambian radicalmente las reglas de juego en el mercado local ya que aumentan (en agosto de 2012) las retenciones para la exportación de biodiesel casi 10 puntos. El producto pasó de tributar del 14,2% al 24%. También se reduce el precio en el mercado interno casi 1.000 pesos la tonelada y esto lleva a un cierre masivo de las pequeñas y medianas industrias. La exportación ya tenía contratos en curso, siguió operando más o menos bien, pero en septiembre de ese año se empezó a debilitar. Las industrias medianas y pequeñas convencen al gobierno nacional sobre el perjuicio que sufrieron y en septiembre Moreno propone un régimen de retenciones móviles que establece un mecanismo de fijación de precios en el mercado interno para el corte, actualizable cada 15 días. Así, el precio surge de la paridad de exportación. Es decir, del precio FOB de exportación menos el porcentaje de retenciones que se actualizaba quincenalmente. Pero ese precio no sirvió para las pymes, que continuaron cerradas en su mayoría. En diciembre se segmentó el precio de acuerdo al tamaño de la planta.

—¿Eso solucionó el problema?

—Esto termina solucionando el problema de las pymes, pero de forma muy inestable porque el gobierno no cumple con su disposición de actualizar los precios cada quince días. Así, las empresas venden en el mercado interno sin saber cuál es el precio definitivo. Las plantas grandes son perjudicadas porque se establece un precio muy bajo y por el cupo que no les permite ocupación plena de su capacidad instalada. El mercado interno que venía muy bien hasta julio de 2012, pasó a ser un mercado totalmente inseguro e inestable.

— ¿Eso concentra el negocio en las grandes?

—Las empresas grandes tienen una muy baja participación en el mercado interno porque había un programa de Planificación Federal de aumentar el contenido del biodiesel en el gasoil, generalizarlo al 10% (hoy se está operando cerca del 8%) pero hay resistencia de YPF. Al mismo tiempo, se iban a dar algunos usos especiales en segmentos de consumo como el agro, la generación eléctrica y el transporte automotor de carga pesada donde se puede llegar al 20% de corte sin problemas, pero Economía trata de que esto no se lleve adelante. Lo mismo YPF, que tiene una visión muy contraria al biodiesel desde que se nacionalizó.

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