Boca ganó con lo justo. Debutó en la Copa Libertadores con una victoria que no
lo mostró como un equipo arrollador. Pero le alcanzó para vencer 1 a 0 a Deportivo Cuenca y
encabezar el grupo 2 junto a Táchira. El gol lo anotó Rodrigo Palacio, la figura del partido.
Boca encontró muy rápido la ventaja que le permitió tranquilizarse y plantear un
trámite más acorde con sus aspiraciones. A los 12 minutos, Palacio aprovechó un pase del colombiano
Vargas (rebotó en un jugador de Cuenca) y definió con un remate que se clavó en el ángulo de Morán.
Hasta ese momento, el equipo dirigido por Ischia no había entregado señales de prepotencia y
agresividad.
Igual, no necesitó dominar mucho el partido para empezar a resolverlo. Le bastó
su intención de buscarlo pese a que Cuenca no fue un equipo que se emboscó contra su arco desde el
vestuario. Boca apeló a la circulación segura de la pelota, con Riquelme como el abanderado. Pero
en el primer tiempo careció de vivacidad para darle más sustento a ese dominio. Por eso se adueñó
de todo, aunque no fue muy superior.
Incluso, Cuenca se perdió el empate a los 24’. Chila cabeceó en el área
chica increíblemente por arriba del travesaño. En ese tiempo, el conjunto ecuatoriano intentó no
asumirse inferior de entrada. Trató de no perder el orden y ajustó las marcas, sobre todo para
encimar a Riquelme y quitarle margen de acción a Mouche.
Si el resultado era estrecho fue por la pasividad de Boca, que entretuvo
demasiado la pelota y generó pocas situaciones de riesgo. Apenas una trepada de Ibarra y un disparo
de Vargas sacudieron la modorra. Battaglia también acompañó con su habitual capacidad para marcar
presenciar en la zona media.
Boca encaró el complemento con otra intensidad. Ya no tuvo la plasmosa
tranquilidad del inicio. Se pareció más al equipo que la gente quería ver. Entonces empezó a
ejercer a voluntad una supremacía. Palacio desbordaba siempre por la derecha y Riquelme, de a poco,
comenzaba a incidir en el manejo de las situaciones. Igual, Ischia vio que al equipo le faltaba
algo más de electricidad en las jugadas de ataque. Puso a Gaitán por Mouche y después apostó por
Palermo en lugar de Viatri. El Titán gozó de su chance que fue invalidada por el árbitro, quien lo
vio en posición adelantada cuando no lo estaba.
A esa altura, Cuenca ya era un equipo empequeñecido. Le costaba cada vez más
salir de su terreno. La defensa también empezó a caer en errores infantiles que agrandaron a
Boca.
La sensación era inequívoca. Boca tenía todo muy controlado y Cuenca sólo
aguantaba. Pero el gol del derrumbe ecuatoriano no llegaba. El ingresado Krupoviesa (Morel se retió
lesionado) exigió a Morán con un disparo de media distancia y Palermo también tuvo otra
oportunidad.
Como el segundo se ausentó, la esperanza de Cuenca siempre estuvo latente. Hasta
encontró una jugada aislada en la que pudo empatar. Abbondanzieri debió jugársela en un mano a mano
con Texeira. Hubiera sido un tiro a la justicia porque Boca, aunque no jugó bien, justificó
largamente la victoria en el debut copero.