Miércoles 27 de Enero de 2010
Con Carina, mi mujer, acabamos de llegar de Uruguay, donde pasamos unos días en Colonia del Sacramento. Paramos en un hotel y alquilamos un par de bicicletas. A la noche surgió el problema de dónde dejarlas. Planteamos el caso en recepción y allí se nos informó, con marcado tono de sorpresa, que por supuesto debíamos dejarlas en la vereda apoyadas en un árbol. Así lo hicimos durante nuestra estada. Todas las mañanas encontramos las bicicletas en el lugar donde las dejamos. Carina fue diariamente, mañana y tarde, a la playa llevando un bolso donde depositaba todo lo que una mujer es capaz de acomodar en él, incluyendo la cámara fotográfica. Ella se metía al agua y caminaba por la playa. Jamás faltó nada. Allí conoció a una persona que por razones laborales debe viajar frecuentemente a Montevideo. En la mañana parte de su casa en bicicleta hacia la terminal de colectivos de Colonia y deja la misma apoyada en una columna. A la noche llega desde Montevideo, y vuelve a su casa en bicicleta (la misma). Ejemplos como los presentados son infinitos. Pero existen otras cosas de las cuales algún día los argentinos debiéramos tomar ejemplo. Artigas, el héroe nacional uruguayo, tiene un monumento frente al Palacio Municipal de la ciudad. El personaje anda de a pie: la civilidad del héroe es mucho más importante que su figura accidentalmente militar. De hecho los billetes de la moneda uruguaya llevan impresos en sus distintas denominaciones la efigie de hombres y mujeres de la cultura: Fabini (músico), Torres García y Figari (pintores), Zorrilla de San Martín y Rodó (escritores), Ibarbourou (poeta), etcétera. No hay milicos en ellos: los milicos están guardados en los cuarteles, que es de donde no debieran salir jamás. Dato muy importante: desde su fundación como país, Uruguay mantiene la separación de la Iglesia del Estado. Colonia tiene poco más de 20.000 habitantes, no existen semáforos y los accidentes de tránsito son prácticamente inexistentes. Ahora, ¡de vuelta a la realidad nacional! Ayer Carina fue a la Florida, en un momento decidió correr la sombrilla de lugar y dejó sus zapatillas. Cuando volvió habían desaparecido. Lo dicho no es otra cosa que la citada realidad nacional que, por supuesto, me expone a la ira de los "nazionalistas" argentinos. Sé que soy un gorila, elitista, oligarca, vendepatria, extranjerizante rojo, cipayo, y vaya a saber cuántas lindezas más; pero en lugar de insultar y no ir al punto, alguna vez podrían dedicarse a argumentar con altura, y ser conscientes de los graves problemas que arrastramos los argentinos y que no nos permiten despegar como país. "¡Tan iguales, pero tan distintos!".
Cristián Hernández Larguía LE 3.687.935