Bienes temporales
Cuentan que una noche, años atrás, en una populosa ciudad de algún lugar de la Tierra estalló un incendio en un establecimiento que tenía almacenadas sustancias inflamables. El fuego se...

Viernes 19 de Abril de 2013

Cuentan que una noche, años atrás, en una populosa ciudad de algún lugar de la Tierra estalló un incendio en un establecimiento que tenía almacenadas sustancias inflamables. El fuego se extendió rápidamente casa por casa hasta quedar prácticamente toda la manzana envuelta en llamas. Algunos intentaron salvarse arrojándose a la calle desde los balcones y terrazas, muriendo instantáneamente. Otros lograron salir a tiempo de sus viviendas pero después, cuando ya estaban  libres de todo peligro, entraron en lo más recio del fuego en busca de sus pertenencias, muriendo abrazados a ellas. En estos tiempos y lugares, donde la riqueza es cosecha de pocos, no hace falta un incendio como el del relato (sea éste real o ficticio) para apreciar estos actos rayanos entre el heroísmo y la irresponsabilidad. Hay hombres y mujeres que se esclavizan por lo material, adorando y aferrándose a los bienes temporales como si fueran sus fetiches. Debemos, sí, luchar con ahínco para defender y conservar nuestro patrimonio, pero siempre con la  exacta idea de hasta dónde y con plena conciencia del valor, la utilidad, la necesidad o la oportunidad de algunos desprendimientos para otros fines más elevados.

Carlos Alberto Parachú