Martes 19 de Marzo de 2013
El amor que tiene el gobierno municipal por las bicisendas es rayano con lo ridículo; salvo los días de inauguración, son muy pocas las bicis que transitan por las calles, tal vez crean que porque hay bicisenda la gente va a dejar el auto en el garage y saldrán corriendo a comprarse una bicicleta. Hace unos días transité Ovidio Lagos desde 27 de Febrero hasta Circunvalación y conté solo tres bicicletas. Otra cosa insólita es lo que sucede en la Rambla Cataluña, y es hacer una bicisenda en la vereda. ¿Se imaginan un sábado o domingo donde circulan miles de personas por ese paseo con niños jugando y corriendo y además las bicicletas? Lo más probable es que ocurra un accidente. Están apurados por correr los carritos de comida a pedido del eterno concesionario, pero no le solicitan que cumpla con los plazos y ejecución de obras que se comprometió a realizar desde que ganó la licitación en 2010. A nadie le importa que de noche está casi a oscuras, están las columnas de luz pero con pocas lámparas encendidas. A nadie le importa que el bar Cartuja se haya convertido en un autoservicio sucio y casi derruido. A nadie le importa la mugre de los baños, a nadie le importa que no se haya hecho el vestuario previsto y no haya duchas. Se hizo poco o nada en tres años y lo único que se remodeló es Caracolas y ahora le dio unas ganas enormes de hacer una bicisenda. ¿La terminará o hará como con las otras cosas que quedan por la mitad? Ahora se la agarran con los carritos que tienen un excelente servicio para los que no quieren pagar una hamburguesa al precio de un bife de lomo. Están limpios, ordenados y a la sombra de frondosos árboles. Si los trasladan enfrente mueren. En verano, con 37 grados al rayo del sol, ¿quién se va a cruzar a comer algo? Lo que sí se podría pensar es en hacer en el mismo lugar donde están una construcción de ladrillos, modernizarlos y dotarlos de más comodidades, y así la gente podrá seguir trabajando.
Daniel Bodo