Berlusconi, ¿cavalieri?
Es casi una obviedad decir que la escena política contemporánea posee muchos elementos de simulacro. En efecto, a los empresarios, los políticos y a muchos dirigentes sólo les importa parecer éticos y no serlo.

Martes 02 de Junio de 2009

Es casi una obviedad decir que la escena política contemporánea posee muchos elementos de simulacro. En efecto, a los empresarios, los políticos y a muchos dirigentes sólo les importa parecer éticos y no serlo. ¿Acaso puedan ser compatibles "ciertos negocios" con la ética? Creemos que no. Desde antaño los mercaderes eligieron su bienestar aun al precio del sufrimiento ajeno. Traficantes de mercancías varias, y también de la vida humana. Claro, los esclavistas. Que aquí también los hubo: los Alzaga y los Martínez de Hoz. Los asesores de imagen "fabrican" candidatos a legisladores y a primeros ministros, se camuflan los errores y se los muestra como aciertos, el olvido colectivo o las medias verdades operan como factor decisivo de los "engaños". Estética y efeites, formas y no contenidos. En Italia recientemente se incorporaron los fascistas de la Alianza Nacional disciplinamente al PDL de Berlusconi. Ironías del destino, estos intolerantes, xenófobos y racistas se proclaman miembros de un partido llamado de "las libertades". ¿De qué libertades? ¿De la libertad de expresión y asociación? No, sólo de la libertad de mercados, de la "libertad" de precarizar las vidas de millones y su fuerza de trabajo. Los fascistas, nostálgicos de Mussolini agrupados antes junto a Giorgio Almirante en el MSI (Movimiento Social Italiano), al cual tributaba un dirigente vernáculo de la UOM, se reciclaron en la Alianza Nacional, ahora confluyen con los miembros de Alianza del Norte de Umberto Bossi en el PDL. Pero los fascistas han analizado sus perspectivas electorales y para formar parte en el Parlamento Europeo no pueden explicitar su racismo, su xenofobia, su desprecio por los obreros pobres, por los inmigrantes africanos, centroeuropeos, asiáticos o sudamericanos. Les importa no parecer lo que son: xenófobos, racistas, intolerantes, autoritarios, en esencia lo son y lo serán. Berlusconi, que se burla de los vuelos de la muerte en la Argentina, recibe a sus nuevos socios con los brazos abiertos, o mejor dicho con el brazo derecho en alto haciendo el saludo romano. Además su grupo editorial censura al escritor portugués José Saramago, quien con valentía acusa a Berlusconi, como ya lo hizo con Bush Jr, con los banqueros de Wall Street y otros hacedores del malestar general. Berlusconi: ¿cavalieri?, no: condottiero y censor. Estas maniobras que parecen lejanas, pues ocurren allende los mares, deberían alertarnos, también aquí hay muchos dispuestos a camuflarse para trepar la pirámide.

Carlos A. Solero