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Berensztein: "Las primarias están atravesadas por una peronización insólita"

 El politólogo puntualiza que el candidato del Frente Renovador tiene una diferencia importante respecto de Martín Insaurralde, por lo que cree que la presidenta va a apuntalar a su delfín.

Domingo 21 de Julio de 2013

El politólogo y director de Poliarquía Consultores, Sergio Berensztein, afirma que el actual proceso electoral de las primarias de agosto está atravesado por una "peronización insólita" del electorado en todas sus variantes, al tiempo que ubica a Sergio Massa y a Daniel Scioli (rivales en estos comicios en la provincia de Buenos Aires) como dos potenciales presidenciables con posibilidades de ganar por las características que ambos reúnen para el grueso de la sociedad. Berensztein, en diálogo con LaCapital, sostiene que hasta el momento lo relevado por su consultora es una "apatía generalizada" en este esquema electoral, donde existe un 60 por ciento de la población que está buscando un candidato con un perfil diferente al kirchnerismo puro y duro. "Por eso Massa y Scioli tienen potencial en la medida en que no buscan esta confrontación absurda, exagerada y arbitraria que vivimos en estos años", agrega. El politólogo puntualiza que el candidato del Frente Renovador tiene una diferencia importante respecto del postulante kirchnerista Martín Insaurralde, por lo que cree que la presidenta va a intensificar su presencia en el principal distrito electoral del país para apuntalar a su delfín.

—¿Qué características observa en estas primarias y cuáles son los números que maneja Poliarquía?

—Este proceso electoral está caracterizado por una enorme apatía. Hay que tener mucha cautela con los sondeos con los que contamos precisamente porque la gente está desinteresada. Son encuestas hechas con la mejor metodología, pero en la medida en que la gente se informe sobre los candidatos probablemente modifique algunas decisiones, por ejemplo, con el candidato del Frente para la Victoria, Martín Insaurralde, que todavía no es muy conocido. Pero lo que se ve hoy en territorio bonaerense es un liderazgo fuerte de Sergio Massa, segundo está Insaurralde y luego hay un empate entre Francisco De Narváez y Margarita Stolbizer. Si uno analiza el resto de los distritos, está muy provincializado el contexto electoral. Puede ocurrir que en esta elección gane el PRO en Capital Federal, Massa en la provincia de Buenos Aires, Binner en Santa Fe, De la Sota en Córdoba y Cobos en Mendoza. Sin embargo, la presidenta sigue reteniendo el 35 por ciento de votos en todo el país.

—¿Esos candidatos quedarían instalados para el 2015?

—Habrá ratificaciones de liderazgos, todos ellos con pretensión presidencial: Macri, Binner, Cobos, De la Sota. Incluso en el kirchnerismo pueden asomar Urribarri en Entre Ríos, Urtubey en Salta y hasta Capitanich en Chaco. Por eso es una elección singular. Tal vez ninguno de ellos trascienda las fronteras de sus provincias, pero estarían posicionándose de manera efectiva para una eventual carrera sucesoria. Y la presidenta, al retener la primera minoría, le garantizaría un piso de influencia, pero la dejaría totalmente afuera de cualquier sucesión en la medida en que perdería un montón de votos que blanquearía la diferencia entre 2011 y 2103; es decir, su debilitamiento gradual en imagen y gestión.

—¿Cómo analiza la jugada de Scioli, que hasta último momento se había hablado que podría ir junto con Massa y Macri?

—De los candidatos del oficialismo, por lejos, es el mejor posicionado. Scioli puede encarar este proceso diciendo: "En el kirchnerismo, excluida Cristina, el mejor candidato soy yo". Hay otros elementos para considerar. Si Scioli cerraba el acuerdo con Massa y Macri, enfrentaba un problema de gobernabilidad significativo, porque administrar la provincia de Buenos Aires, con el déficit que tiene, sin el apoyo del gobierno nacional, hoy es virtualmente imposible. Ahora queda en un territorio tal vez no tan afín ideológicamente, porque todavía hay sectores del kirchnerismo que lo rechazan, pero es el mejor posicionado. Hizo una jugada inteligente dadas las circunstancias que enfrentaba.

—¿Se puede dar en estas elecciones una situación parecida al 2009, donde hubo porcentajes repartidos?

—No lo veo así, porque el frente de Massa incluye a muchos radicales, es una coalición muy transversal. Y se observa bastante fatiga y desarticulación en el FAP. En la otra elección, cuando fue con el nombre de Acuerdo Cívico, había un espíritu más asociativo. No creo que haya una situación de tercios.

—¿El kirchnerismo sigue ostentando un porcentaje alto de votos?

—El kirchnerismo tiene un grupo acotado pero significativo de apoyo, que es el 10 por ciento de la población, y hay un 30 por ciento de antikirchnerismo. Ambos grupos se caracterizan por su fanatismo. La guerra cultural argentina involucra al 40 por ciento de la población. Hay una mayoría del 60 por ciento, donde la mitad tiene cierta afinidad gradual con el gobierno, y la otra que se puede inclinar por la oposición. Ese 60 por ciento está en búsqueda de una candidatura diferente, por eso, pensando en 2015, las postulaciones de Scioli o de Massa tienen potencial en la medida en que no buscan esta confrontación absurda, sino que buscan puentes, consensos. Tienen una visión de futuro más integrada, con más diálogo, más apaciguada en términos de las confrontaciones exageradas y arbitrarias que vivimos en estos años.

—¿Puede Massa incorporar a su futuro bloque de diputados a otros peronistas que vean que la sucesión viene por ese lado?

—Puede suceder, y no sólo con diputados del PJ. Lo veo a Massa como un candidato con posibilidades efectivas de convertirse en un líder que traspase las fronteras partidarias.

—La transversalidad que pensó Néstor Kirchner...

—Sí, una , probablemente.

—¿La disputa por la sucesión dentro del peronismo es entre Massa y Scioli, o puede aparecer alguna otra figura?

—Podría surgir otra figura más cristinista, como Sergio Urribarri. Hasta podríamos tener tres candidatos peronistas como en el 2003. En la Argentina no hay partidos fuertes con alcance nacional. Uno observa un panorama fragmentado donde el peronismo como tal está abarcando cada vez más potencial de votos. En la provincia de Buenos Aires, si uno cuenta a Insaurralde, Massa, De Narváez, Eduardo Amadeo y el Momo Venegas, pueden sacar el 80 por ciento de los votos, que es una barbaridad. Si uno mira el conjunto, hay una peronización del electorado insólita. En Córdoba si uno suma a Juan Schiaretti, Olga Rituort, Carolina Scotto y Domingo Cavallo, también abarca más del 50 por ciento de los votos. En Salta, el candidato de Urtubey y Juan Carlos Romero suman más del 80 por ciento.

—En Santa Fe, ¿ve muy lejos a Binner respecto del segundo?

—Lamentablemente, no tengo datos recientes de Santa Fe.

—¿Su olfato que le dice?

—En principio, en términos relativos, el FAP está mejor que antes porque se debilitó parcialmente la candidatura de Del Sel, y Obeid es mejor que los candidatos kirchneristas de las elecciones pasadas. La experiencia y el recuerdo como ex gobernador es positiva para Obeid. Era el mejor candidato posible que tenía la presidenta.

—Por esa suerte de pamperonismo dominante, ¿lo ve a Binner peleado la Presidencia en 2015?

—La pregunta es, ¿comparando con 2011, hubo un crecimiento territorial? Eso no se ve. En Mendoza pudo haber habido acuerdo entre el radicalismo y el socialismo, pero fracasó. En la provincia de Buenos Aires se fragmentó por derecha y por izquierda el radicalismo. En capital no se llama FAP sino Unen. El FAP no tiene una marca nacional. Termina siendo un acuerdo de Santa Fe y con reproducciones imperfectas en otros distritos. Si bien las condiciones de Binner son interesantes, en términos de inserción territorial es una oportunidad que el FAP, en estas elecciones, ha perdido para afirmarse en todo el país. Esto mismo le pasó a Mauricio Macri.

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