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Benito Cerati: “Me olvido hasta de quién soy yo”

El hijo de Gustavo Cerati admite que parece que está en otro planeta. se presenta con su banda Zero Kill hoy a las 21, en Plataforma Lavardén (Sarmiento y Mendoza).

Viernes 01 de Abril de 2016

Nació en pleno “Amor Amarillo”, con su padre, Gustavo Cerati, cantándole “su sabor a la primera vez le hace volver a aprender...a respirar”. Creció entre instrumentos y melodías, cuando la electricidad del rock se apoderaba de la escena Latinoamérica de la mano de Soda Stereo. Definitivamente la música está en su ADN, también por su madre, Cecilia Amenábar, famosa fotógrafa y DJ chilena. Talentoso, innovador y desafiante, Benito Cerati va por todo. Su espíritu inquieto desafía los tiempos y las realidades. “Me olvido hasta de quién soy, no lo registro, parece que estoy en otro planeta”, dispara. Es que el músico de apenas 22 años atraviesa un proceso creativo incesante. Fue autor de la célebre frase “decir adiós es crecer”, en “Ahí vamos”, y co autor de varias de las canciones de “Fuerza natural”, la última obra de Cerati antes de su muerte, en septiembre de 2014.
  Con semejante backround, Benito se lanzó de lleno a su carrera musical: a los 5 años grabó su primer disco casero y lo presentó en un concierto en el patio de su casa: “Era una especie de acid house al palo, gritaba palabras que escuchaba de mis padres”. Y ya en su adolescencia, en 2012, formó el grupo Blank Tiger, que después evolucionó en Zero Kill, y con el que llega hoy a Rosario. La banda liderada por Benito Cerati en voz, sintetizadores y programaciones se presenta esta noche, a las 21, en Plataforma Lavardén, en un show donde adelantará en exclusiva canciones de su próximo disco “Alien Head”, y en el que repasará su primer material “Trip Tour”. Además, se presentará el autor, multi-instrumentista y productor Guillermo Beresñak, que repasará canciones de sus dos discos “En busca del beso mágico” y “Sin moverse”.
  Zero Kill incursiona en distintos géneros alternativos, con influencias del rock británico de los 80 y los 90. Ya desde su primer material, que tiene 17 canciones, dejó en claro el poderío de los sintes furiosos y beats pesados, a través de los que propone nuevas estructuras musicales. El primer single fue “Automática Lunática”, en el que Benito despliega glam al mejor estilo Jim Reid y David Bowie, generando una explosión de sentidos.
  En 2014 el grupo se presentó en Santiago de Chile junto a Babasónicos y otras bandas en el emblemático Teatro Caupolicán de esa ciudad.
En 2015, Zero Kill se presentó en la edición Argentina del festival Lollapalooza y también en el marco del Ruido Fest en Chicago (USA), junto a Ducktails. El 2016 comenzó con la participación en el Cosquín Rock y en un show multitudinario en el Personal Fest en Buenos Aires. Actualmente, la banda se encuentra grabando su segundo material discográfico que saldrá en mayo.
  Antes de su show en Rosario, Benito charló en exclusiva con Escenario acerca de su universo musical, sus inicios como músico a los 5 años y  la relación con su padre antes y después de su partida terrenal: “No hay un día en que no lo sienta en el aire”.
  —¿Cómo va a ser el show?
  —Tenemos preparado un show súper lindo y especial. Va a ser un show variado, va a tener temas de disco viejo, pero la mayoría va a ser de temas nuevos, del disco que estamos terminando de grabar este mes. Lo estamos probando en vivo, nos encanta tocarlos, tenemos muchas pilas y ganas de viajar para allá y nos escuchen.
  —En “Trip Tour” ya se vio tu estética compositiva y visual, ¿tus influencias principales son The Jesus and Mary Chain y Primal Scream? ¿Creés que haber vivido esa etapa te marcó tu costado electrónico?   
   —Genial que lo relaciones con eso porque es justo lo que me gusta, las tomo de ejemplo sobre todo por su capacidad de mutar, van de un género a otro. Como Bowie, que no se quedó estancado en un lugar y hacía todo lo que le gustaba. Lo mismo pasa con Primal Scream. Mi primer disco lo saqué cuando tenía 18 años y plasmé todo lo que aprendí durante 17 años de mi vida. Entonces ese disco tiene todas las ideas que tuve durante mi infancia y adolescencia, es un disco muy sobrecargado, tiene 17 temas. Me inspiro en esas bandas  y también en otras como Massive Attack, era fan y adicto desde la época de rock británico de los 90, y Postishead también.
  —Naciste en pleno “Amor amarillo” y creciste con “Bocanada”, en una etapa en la que Gustavo estaba entre Soda y su carrera solista...
   —Claro, cuando nací, en mi casa se escuchaba “shoegazing”, My Bloody Valentine y Curve, que me encanta, era lo nuevo de ese momento. Todo eso me influenció, porque lo que uno plasma en su música es lo que uno escucha de chico. Y después, más para adelante, me influenció mucho el house. Mi música tiene una influencia muy noventosa. Inconscientemente tomo mucho de ahí. Mis discos favoritos son noventosos y se ve que es algo familiar, porque todos los sonidos que ocurrían en esa época me fascina.
  —¿Cómo te diste cuenta que querías ser músico?
  —Nunca lo llegué a pensar. Para mí ser músico es como respirar. No es algo que tengo que decidir, mi fascinación por la música se me vino “dado”. Nunca me senté y dije: “voy a hacer músico”. Simplemente estoy haciendo lo mismo que hacía cuando era chico. Nunca lo vi como un trabajo, es algo lindo, y en eso estoy. Nunca pensé en hacer otra cosa. Estudié antropología en la UBA pero no por querer dedicarme a eso, sino para saber más, por al experiencia y el conocimiento. No hay escapatoria.
  —¿Grabaste tu primer disco a los 5 y lo presentaste en un concierto en el patio de tu casa?
  —Sí, grabé tres discos cuando era y recuerdo perfectamente cómo fue todo, porque me marcaron mucho. A los 5 años grabé mi primer disco con una máquina de ritmos Roland, era una especie de acid house al palo, bpm que no podés ni contar, y gritaba palabras que escuchaba de mis padres. Ese fue mi primer disco, era muy gracioso.
  —En una nota tu padre dijo que “no quería forzarte a ser músico”...
  —Por supuesto. Nunca fue de darme consejos, sino de impulsarme para donde yo estaba yendo. Así que yo le mostraba lo que estaba haciendo y él me decía: “Uy, sí está bueno” o “Esto habría que verlo”, pero nunca me forzó para ningún lado. El era una personas súper abierta porque entendía a la música como música, no tenía prejuicios con otros géneros que él no hacía. De hecho, escuchábamos la misma música y nuestros discos favoritos eran los mismos. Siempre tuvimos mucha similitud. En los últimos años que hice mi tributo a Michael Jackson me ayudó un montón, nos pusimos más compinches.
  —Y eso te llevó a participar del último disco de Gustavo, “Fuera Natural”, para el cual co escribiste canciones como “Desastre”, “Rapto” y “Sal”... ¿cómo viviste ese proceso?
  —Fue un período de mucha afinidad, de ir juntos al estudio a presenciar el período de grabación. El me llamaba y me decía: “Vení, que ahora van a grabar los vientos y tenés que verlo porque es re único”, y yo iba y veía todo...
  —Aprendiste del mejor maestro....
  —La verdad que sí.
  —En ese sentido, ¿sentís un peso o responsabilidad por ser el hijo de una leyenda del rock latinoamericano?
  —La verdad es que esto para mí es súper natural. Me olvido hasta de quién soy yo, no lo registro, parece que estoy en otro planeta. Por eso agradezco que se me haya dado rienda suelta a cualquier cosa lo que quería hacer. Si hubiese querido hacer salsa, seguramente me hubieran dicho que está todo bien. Nunca me dijeron nada malo de lo que estaba haciendo. No siento un peso. Pero me doy cuenta cuando me enfrento al público, ahí está verdad.
  —¿Le tenés miedo a las comparaciones?
  —No, de hecho, ¡qué honor! ¡Compárenme!
  —A tu disco debut, “Trip Tour”, lo definiste como “un grito de auxilio” ya que lo escribiste en una etapa emocionalmente complicada por el estado de tu padre. En ese sentido, ¿en tu próximo álbum “Alien Head”, que sale en mayo, mostrás otra faceta compositiva?
  —Sí, ahora estoy súper contento, siento que he evolucionado mucho en mis letras. En el primer disco dije cualquier cosa, hasta el día de hoy estoy tratando de descifrar qué dije (risas). En este disco juego con la ironía, me divierto. Le puse más atención a contar historias en concreto que a escribir palabras difíciles y no saber qué estoy diciendo. Por supuesto que inconscientemente, cuando uno saca cosas de la cabeza, te das cuenta después, ahora las escucho y pienso: “ah, claro, quise decir esto”. Otra diferencia es que al primer disco lo grabé yo solo programando, componiendo y cantando, fue un trabajo unitario. En este caso, es un trabajo de banda, suena más compacto, no es tan dispar como el otro y pude expresar todas las ideas que quería. Estoy muy feliz con todas las canciones, todas tienen algo único y hermoso. Es la misma banda con la que toco en vivo y con la que grabo. Es todo lo que puedo adelantar sin spoilear.
  —Sos el co autor de unas de las mejores canciones de Gustavo, “Adiós”, de “Ahí vamos”, donde escribiste la canción “saber decir adiós es crecer”.
  —¡Pero voy a desmitificarlo! El me pasó el tema entero balbuseado, como siempre hacía para tener la melodía antes de ponerle letra y me dijo: “escribime todo lo que te parezca del tema”. Y él agarró las primeras dos frases que son “Suspiraban lo mismo los dos, y hoy son parte de una lluvia lejos”. Y en un momento puse “es crecer”. Y a él se le ocurrió la idea de ¿qué es crecer? Poder decir adiós, ¿no? ¡Así que el crédito es de él! A parte tenía 12 años, no le había dicho nunca adiós a nadie.
  —A poco más de un año de la muerte de tu padre, ¿sentís que pudiste despedirte? ¿cómo sentís a Gustavo en vos?
  —Lo siento híper presente. No hay un día en que no lo sienta en el aire. El tenía mucha presencia en la familia, era una persona muy querida por todos. Obviamente que al principio faltó. Pero yo, personalmente, aprendí a suplirlo desde adentro, desde un acompañamiento no tan corpóreo sino más espiritual. Fui construyendo un altar imaginario donde él está. Es muy difícil explicar las cosas del alma en el plano terrenal.

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