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Belgrano y Newell's protagonizaron un empate para el olvido

Poco. Muy poco. Casi nada. El cero de un lado como del otro es tan lapidario como real. Es difícil narrar lo que se vio. Sobran palabras. Y faltan definiciones. Como al partido que no protagonizaron Newell's y Belgrano. Que tampoco jugaron. Y apenas si lucharon. Un bodrio. De principio a fin.

Lunes 27 de Agosto de 2012

Poco. Muy poco. Casi nada. El cero de un lado como del otro es tan lapidario como real. Es difícil narrar lo que se vio. Sobran palabras. Y faltan definiciones. Como al partido que no protagonizaron Newell's y Belgrano. Que tampoco jugaron. Y apenas si lucharon. Un bodrio. De principio a fin. Porque cuando terminó el primer tiempo, la expectativa de un complemento distinto hizo prácticamente ignorar ese tiro libre de Heinze que Juan Carlos Olave manoteó al córner. Como así la volada del arquero cordobés para desviar el cabezazo de Maximiliano Rodríguez. Pero al finalizar el partido esas dos ocasiones fueron el escaso pero único capital de riesgo, quedando como saldo rescatable de más de noventa minutos diluidos en la intrascendencia.

Seguramente los entrenadores pensaron algo distinto a la precariedad observada. Belgrano podría haber prevalecido por su condición de local, pero esa situación no resuelve la ausencia de los recursos necesarios para generar un gran juego. Aunque sí al menos podría potenciar la actitud. Pero no. No fue este el caso.

Newell's debería haber impuesto su supremacía por el peso específico de sus individualidades a través de un funcionamiento coordinado, más cuando la jerarquía de ciertos nombres puede simplificar la tarea. Pero tampoco.

Ante la intemperie de ideas y osadías, era de suponer que los entrenadores subsanarían sobre la marcha el colapso de los sistemas. Si lo intentaron no lo consiguieron. Por ende, la nada continuó inexorable en el campo del no juego rodeado por una expectativa que cotizó en baja hasta sepultarse con el pitazo de cierre de Loustau.

El Tata paró un equipo distinto desde la concepción acostumbrada. Villalba estuvo, como siempre, delante de Ortiz (reemplazante de Vergini, quien no pudo estar por figurar en la lista de "investigados" de la Afip) y Heinze pero en esa ocasión dibujando una línea de tres, Marcos Cáceres abierto por derecha y Vangioni por izquierda haciendo terceto con Bernardi en el medio, y en la zona de gestación rotando de manera anárquica Pérez, Figueroa y la Fiera, con un extraviado Sperduti entre los zagueros locales. Sin dudas que lo planificado no salió. Y tampoco se corrigió. Es más, los ingresos de Casco, Scocco y Tonso acentuaron la confusión.

Es evidente que el Tata pensó un planteo para vulnerar al adversario y por qué no para disimular los contratiempos por ausencias y lesiones, pero sólo él tendrá la respuesta qué se quiso hacer y terminó en este jeroglífico. Tan difícil de ver como de explicar.

Lo cierto que un equipo con trabajo acumulado, oficio, calidad y valor agregado no pudo prevalecer, ni por lo táctico, ni por lo técnico. Razón por la cual deberán revisar las partituras, porque sus muy buenos ejecutantes, entre ellos la Fiera Rodríguez, no logran afinar. Tal vez alcance y sobre con hacer más simple lo que se sabe: jugar. Y Newell's tiene jugadores para hacerlo.

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