Jueves 04 de Junio de 2009
En fecha reciente y bajo el título "Desjudicialización versus rejudicialización", el doctor Arturo Araujo se ensaña en este diario con los empleados judiciales. Nada hay más lamentable que la mediocridad de tirar por elevación y al bulto, como viene haciendo el presidente del Colegio de Abogados cada vez que aborda la crisis laboral de sus agremiados. Razón le asiste para estar preocupado, pero yerra en su estrategia si cree que mintiendo públicamente sobre la realidad laboral del Tribunal encontrará soluciones. Cierto es que el servicio de justicia no rinde tributo a la celeridad y que hay colapso en algunas mesas de entrada. También es cierto que la labor diaria del abogado se encuentra seriamente afectada por las innumerables demoras que una infraestructura insuficiente genera, y que la creciente demanda de respuestas por parte de los justiciables no se encuentra satisfecha. Pero es precisamente ese síntoma elocuente el que evidencia el desbalance entre la disponibilidad estructural y el trabajo por hacer, y eso es lo que con urgencia se deber corregir. Araujo lo sabe, o al menos debería saberlo si en realidad estuviera bien informado, como se presume ha de estarlo para desempeñar con responsabilidad y eficiencia la representación de sus colegas. Por eso no se entiende su actitud altamente agresiva para con quienes, a fuerza de voluntarismo más que de recursos, todavía les hacemos posible litigar a diario en el foro rosarino. Afortunadamente muchos abogados a quienes atendemos día a día y muchas personas del público tienen la oportunidad de comprobar con cuánto esfuerzo personal de los empleados se sostiene el servicio de justicia, y también la sobrecarga horaria que soportamos. Lo que el dirigente en realidad quiere decir es: "Corte Suprema de Justicia, pare la mediación porque nos perjudica laboralmente, los abogados nos quedamos sin casos, sin clientes, sin trabajo". Pero como no se anima, pega golpes bajos para que se sientan arriba. No puedo menos que recomendarle a Araujo que rinda cuentas a sus agremiados sobre le pérdida de las sindicaturas, y sobre la inminente pérdida de las sucesiones a manos de los escribanos. También quisiera recomendarle mayor presencia de la conducción en los juzgados, a fin de interiorizarse debidamente de la problemática operacional, y tal vez así, preguntando un poco más, se entere de que hay soluciones sencillas a mano, diseñadas en el terreno y no en la soledad trasnochada de algún escritorio.
Susana T. Maggi,
LC 5.436.602
Un pedido al presidente canalla
Señor Usandizaga, como canaya exijo una respuesta. Escribo al borde de la impotencia porque gente como usted le hace mucho daño a todos los que de verdad queremos a Rosario Central. Ha demostrado que no entiende nada de fútbol y además delega en la figura de su hijo los destinos de nuestra institución. Creo que es hora de dejar los vahos de la soberbia y de dar un paso al costado. Rosario Central es un club de fútbol que vive por el fútbol y 30 mil personas por semana se lo demuestran llenando la cancha. En el fútbol se equivocó en todo y lo que vive Central hoy no sólo es culpa de las dirigencias anteriores sino en gran parte de su incapacidad. Explíquenos a los canayas de qué nos sirve Real Arroyo Seco, el estadio pintado, la ciudad deportiva y la restricción para hacer nuevos socios si el club ya está casi en la "B".
Ricardo A. Valle,
ricardovalle1954@hotmaiul.com