Basta de circo
Quién no oyó hablar de aquel viejo cuadro de una historia muy lejana ya. Ubiquémonos en la Roma de los emperadores o césares, figuras predominantes, autoritarias, de conductas verdaderamente siniestras. Pan y...

Jueves 11 de Agosto de 2011

Quién no oyó hablar de aquel viejo cuadro de una historia muy lejana ya. Ubiquémonos en la Roma de los emperadores o césares, figuras predominantes, autoritarias, de conductas verdaderamente siniestras. Pan y circo se decía. Del pan no se sabe, del circo sí. La muchedumbre frenética, aullante, esperaba que el mesiánico bajara el pulgar para con esto sellar la suerte de muchos que se constituían en víctimas propiciatorias del régimen de turno. Claro, los tiempos cambian, el circo de hoy, como espectáculo, difiere notablemente de aquello. Pero hay otra forma de pretender o literalmente entretener a otro tipo de famélicos. Por si no tenemos cuestiones serias a considerar, aparece un impresentable cantautor argentino, quien incursiona por un género y un estilo musical que lo estaría mostrando como el paradigma de actitudes cuasi demenciales, y sale a la palestra a denostar a un grupo numeroso de votantes de la Capital Federal. Pero a no llamarnos a engaño. Al parecer, este señor (con minúsculas), pretende constituirse en el estereotipo de la crítica que él cree imprescindible, como si se tratase de la verdad. No veo a esta altura que tales desafortunadas declaraciones, las de repudiar a aquellos, ameriten que se le otorgue prensa y/o constituirlo en un personaje mediático. ¿Será tal vez que en esta irreverente actitud esté buscando predicamento a su tal vez alicaída “condición” artística? Al encontrar a quienes se presten a alimentar a las fieras del circo, la escena y obviamente la función está montada. Finalmente, sería del caso no entrar en el juego del entretenimiento a la especie humana con cuestiones ramplonas. Es demasiado, basta de circo, ya tenemos bastante con aquello al cual se le agrega a cada concurrente,
un pan con un embutido al medio (léase chorizo) y el consabido elemento bebible con gas (somos creativos, un pan más dos ingredientes). Otra: quien se arrogue el derecho de hacer público un sentimiento de asco hacia terceros debería antes hacerse una autocrítica: 1º Me debo al público, por él llegué. 2º O tengo el asco incorporado a mi piel, o en todo caso, ¿no daré asco con esto que puede saber a paparrucha? Lo triste es que ha cobrado notoriedad. ¿Le dejará algún rédito?. Algo consiguió, tal vez sus seguidores no entren en su juego, pero habremos de convenir que el necio olvida, o bien no le importa, propio de fanáticos miopes mentales.
Oscar Rodríguez,
Oscarodriguez74@hotmail.co