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Barro en las botas

Reflexiones, por Raúl Emilio Acosta. En el hall del viejo teatro La Comedia, de cortada Ricardone y Mitre, había una chapa de loza, de aquella loza irrompible, que decía: "Prohibido escupir en el suelo".

Miércoles 11 de Septiembre de 2013

En el hall del viejo teatro La Comedia, de cortada Ricardone y Mitre, había una chapa de loza, de aquella loza irrompible, que decía: "Prohibido escupir en el suelo". Citaba la ordenanza. Ignoro si se derogó. Probablemente no. El Digesto Municipal es un embrollo que se encargan de perfeccionar, como embrollo, todas las administraciones.

Había una vez (parece un cuento) un funcionario que las conocía a casi todas (a todas es imposible, hasta tanto no las digitalicen, ordenen y actualicen a no insistir, es un sueño) y a ése funcionario decidieron jubilarlo para que no molestara citando ordenanzas que se contradecían. Es un cuento. Después fue concejal o lo intentó, pero ese es otro cuento.

En la puerta del teatro de la familia Erausquin había una "U" de hierro clavada en el suelo. Servía para desembarrar la suela de las botas, tan a contramano de la serenidad del teatro La Comedia. Supongo que en muchos sitios estaban esas desembarradoras, para no entrar con los pies embarrados, el calzado embarrado. Ni falta que hacía una ordenanza para desembarrarse. Hay cosas que no están escritas, pero se cumplen. La sociedad está llena de ordenanzas tácitas que se aplican. Aplicaban.

Los embrollos de las ordenanzas arman líos sobre lo que se quiere armar lío. La predisposición al bochinche es inherente al comadrerío y todos somos comadres y si Rosario no es Windsor no importa, no está Oscar (Wilde) como otra cosa que una calle allá, sobre el final de una ciudad que superó su final.

Algunos recuerdan el palenque en la veredita de calle Mitre (ya le llegará al general Mitre la furia revisionista de los muchachos que quieren quitar los nombres y reemplazarlos por otros, tan discutidos como los que están). Recuerdo una insistencia en cambiar la nomenclatura y que calle Córdoba se llamase calle Alfonsín.

Ese palenque sobre la calle, en la puerta del Teatro La Comedia, acaso sirvió para las riendas de algún flete que trajo a su dueño a la presentación de "Canillita", estrenada en Rosario y en ése teatro.

Es tan flaca la memoria. Cada teatro derrumbado se llevó sus memorias, los ecos de tanta y tanta palabra, tanto gesto, tanto barro en la puerta y tanta salivadera discretamente colocada para no incumplir la ordenanza. ¿Recuerda las salivaderas? Volvemos al enlozado (inglés, casi seguro) una suerte de plato sopero con el centro agujereado y una base sosteniéndolo. Blanco. Visible a distancia. En el suelo. Recibía los cigarros a medio consumir para entrar sin eso, sin el humo a una sala que se sabe: se puede incendiar. Je, cómo no recordar los incendios si otra sala, aún en desbarajuste, se incendió una vez, para desgracia del seguro y de nadie mas; gracias a Dios.

Frente a los teatros que se precien de tales hay un comedor. Hay pocos teatros y por tanto pocos comedores. Al lado de La Comedia, por Mitre estaba el comedor (La Comedia, claro). En la vereda de enfrente los pollos y gallinas que ya eran importantes sobre el 1960, junto con las milanesas y el puchero de madrugada. La sopa de pollo calentaba el alma en El Nacional, que alguna vez tuvo ese nombre el comedor frente al teatro.

Hoy muchos de aquellos sitios históricos son playas de estacionamiento, edificios y cero de memoria. En muchos casos sin terminar, sin final de obra o con juicios y juicios de años y años lo que si cerraron es el circuito del te acordás.

El valor de lo simbólico repuso Salta y Oroño por la tragedia del 6 de agosto (¿remember Hiroshima?) y aquel cine teatro de Salta y Oroño, tantas veces viviseccionado, fue testigo del llanto, la desesperación y finalmente la solidaridad de la clase media ante su desgracia. En ese teatro, ya nada o casi nada, en ese teatro (Real) alguna vez se presentó una fórmula presidencial.

El barro en las botas ya ni se conoce, Rosario ha dejado el barro para los arrabales mas oscuros. Se sabe que pocas cosas quitan el miedo a la impunidad como las calles abiertas y las luces. Del mismo modo que la instrucción, el hecho cultural es el único que logra que una sociedad se supere. Ni sueldos ni vacunas. Instrucción. Cultura. Es con la cultura que llegan las ganas de superarse y toda sociedad que intenta superarse trabaja y se cuida la salud. Debe saber, para pedir, exigir que ese sea el eje de sus actores políticos. El conocimiento acerca a la verdad (griego puro). Un país bruto, ignorante es un país esclavo, con o sin salud.

La falta de memoria, la distracción, la ignorancia puede permitir que se insista con ordenanzas vetustas que aún no se han borrado, partes de un digesto sin actualizar. Por el afán de embrollar, tan inherente al hombre y mas al administrador, alguien puede pedir que no se salive en la calle y que no se entre al teatro sin quitar, antes, el barro de las botas. Tal vez se cumpla a pie juntillas con alguna ordenanza pero se sabe: ya no sirve para nada.

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