Barreras degradantes
El pasado miércoles 18, a las 8.30, en la Estación de Omnibus de Rosario, me tocó ser parte de la degradante situación a que son sometidos los viajeros que deben desplazarse en silla de ruedas para abordar un bus de larga distancia. El pasajero –un amigo que había arribado a la ciudad por tren el día lunes...

Miércoles 25 de Febrero de 2009

El pasado miércoles 18, a las 8.30, en la Estación de Omnibus de Rosario, me tocó ser parte de la degradante situación a que son sometidos los viajeros que deben desplazarse en silla de ruedas para abordar un bus de larga distancia. El pasajero –un amigo que había arribado a la ciudad por tren el día lunes– llegó hasta la puerta de acceso del bus sin ningún inconveniente, el problema comenzó precisamente allí. Para llegar a su asiento, el primero de la parte inferior del micro, debió arrastrarse por el piso del vehículo, porque la puerta de acceso no permite el paso de la silla de ruedas al vestíbulo del coche. Además de los límites del ancho de la puerta, el primer escalón de la escalera al piso superior obstruía parte del ancho del vano. No contó tampoco con ayuda de ninguna especie por parte del personal de la empresa, y la silla plegada fue cargada por un amigo en el portaequipaje del bus. Esto me lleva a preguntarme: ¿en caso de que un usuario en silla de ruedas viaje solo, será asistido por el personal transportista? ¿O deberá también arrastrarse desde el compartimiento de carga por la plataforma de la estación después de haber plegado y cargado él mismo su silla en la bodega? Realmente, al culminar la primera década del siglo XXI, nuestra situación en cuanto a violación sistemática de los derechos humanos elementales es a todas luces vergonzosa. Además, debo decir que todos los desplazamientos dentro de la ciudad debimos hacerlos en taxis, ya que no hay micros aptos para personas en sillas de ruedas.

Rolando Maggi, romagi2002@yahoo.com.ar