Barras bravas y románticas
Nuevos episodios de violencia en el fútbol se desataron en los últimos días en una escalada de antigua data que parece un cuento de nunca acabar, transformando a la agresión en un hábito.

Martes 28 de Agosto de 2012

Nuevos episodios de violencia en el fútbol se desataron en los últimos días en una escalada de antigua data que parece un cuento de nunca acabar, transformando a la agresión en un hábito. La semana pasada el salvajismo de los barras bravas desencadenó en Victoria al término del cotejo entre River y Tigre una trifulca que cobró más de 50 heridos, entre ellos el jefe policial del operativo de seguridad que como consecuencia de un ladrillazo recibió 27 puntos de sutura en su cabeza. Robos y actos de vandalismo tuvieron lugar en el Club Independiente, cuyo presidente, Javier Cantero, ha decidido, corajudamente, erradicar el flagelo de la violencia de la institución de Avellaneda. Pese a que esa preocupación campea en muchos clubes de fútbol que, permanentemente, realizan acciones para expulsar a los barras bravas de los espectáculos deportivos, no existe una fuerte decisión política desde el vértice del poder para poner coto a esta historia sin fin. Hace un par de semanas nomás ocurrieron hechos y hubo declaraciones presidenciales que motivan una honda preocupación en la sociedad. En primer lugar, durante un encuentro en el que se presentaba un nuevo sistema de identificación digital para quienes concurran a los estadios de fútbol, la señora de Kirchner se refirió a los barrasbravas de un modo que hasta podría llamarse cariñoso. Recordó que cuando iba con su madre o con su marido a la cancha lo que más le gustaba era ver a los hinchas parados sobre los paraavalanchas, de espaldas al campo de juego, que "arengaban" a la multitud. Destacó cuánto valoraba ella esa "pasión". Dijo que no eran ellos los responsables de la violencia en el fútbol, la que se debía, según su particular análisis, a los árbitros que "bombean". Estamos acostumbrados a que la primera mandataria exprese suelta de cuerpo cualquier cosa que se le pase por la cabeza. Pero ya está llegando a extremos preocupantes. La titular del Ejecutivo consideraba a los barrasbravas como figuras románticas, tiernas, heroicas, desinteresadas. Parecía retratar al personaje de "El hincha", la película que en el tramo final de su vida protagonizó Enrique Santos Discépolo. Pero estos hinchas no tienen nada que ver con aquél. Los barrasbravas no son puro espíritu, son delincuentes. Ni siquiera son hinchas, son mercenarios. Los hinchas miran el partido, estos otros son parte de una estructura mafiosa que usa al fútbol como excusa. Es inadmisible en un jefe de Estado esa exaltación tácita de la violencia, que revela o bien una supina ignorancia de lo que habla, o algo mucho más delicado. Claro que nada debería ya sorprendernos si recordamos que muchos de esos desaforados de los paraavalanchas son los mismos que con el dinero de todos los argentinos fueron llevados a Sudáfrica, en ocasión del último campeonato mundial, por la ONG kirchnerista Hinchadas Unidas Argentinas y cometieron en la patria de Nelson Mandela, todo tipo de desmanes. En los países que erradicaron la violencia en los espectáculos deportivos hubo una fuerte acción del Estado. ¿Qué se puede esperar ahora en el nuestro, cuando el Estado, por boca de su más alta representante, nos dice que los violentos, responsables de muchas de las 39 muertes provocadas por la violencia en el fútbol, sólo en la era kirchnerista, son los buenos de la película?

Jorge R. Enríquez / jrenriquez2000@gmail.com