Miércoles 30 de Mayo de 2012
El barrabravismo es una evidente muestra de la inconducta humana refugiada en el anonimato. Pero como sucede en tantísimos casos la culpa no es del chancho sino del que le da de comer. Existe una alarmante falta de paliativos en quienes rigen los destinos del fútbol nacional ó en los directivos de los clubes afiliados. Todos, absolutamente todos, han dado apoyo y sustento al accionar de los vándalos. Hasta autoridades políticas han solicitado el concurso de barrabravas para engrosar y obstaculizar concentraciones. Por dinero o ventajas se mata, golpea, pelea y daña dentro y fuera de las canchas. El mal está creciendo rápidamente. Las amenazas contra jugadores, la invasión de los estadios y áreas administrativas de los clubes es noticia diaria. Los futbolistas juegan con miedo y bajo presión. Los dirigentes y sus familias son extorsionados. Ya es tiempo de parar este desatino. Acá estamos todos comprometidos, desde el gobierno nacional, que ha incrementado las transmisiones de Fútbol para Todos, hasta cualquier hincha pacífico o socio de un club. No debemos prestar nuestro apoyo, ni presencia en ningún cotejo futbolístico, si no estamos seguros que, finalizado el partido, volveremos a casa sanos y salvos. En el TC 2000 los fanáticos de Ford o Chevrolet no agarran a las trompadas a los volantes que no ganaron. En el rugby no hay barras que castiguen al equipo perdedor. El fútbol es el deporte nacional, no contribuyamos para que sea la vergüenza nacional. Si los barrabravas sienten necesidad de liberar tensiones, que lo hagan por otros medios.
Rubén Mario Baremberg
DNI 6.012.531