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Bárbaro: "Perdí más amigos en el kirchnerismo que en la época de la guerrilla"

El politólogo y dirigente peronista Julio Bárbaro estuvo en el origen del proyecto político que inauguró Néstor Kirchner, donde durante toda la gestión del ex presidente fue interventor del Comfer.

Domingo 13 de Octubre de 2013

El politólogo y dirigente peronista Julio Bárbaro estuvo en el origen del proyecto político que inauguró Néstor Kirchner, donde durante toda la gestión del ex presidente fue interventor del Comfer. Hoy abomina de ese proceso, al que culpa de fracturar a la sociedad y de tener una impronta “stalinista”. Dice que la ley de medios nació sólo por el odio a Clarín y define a los funcionarios de Cristina Fernández de Kirchner como “mala gente”, que hacen de la obediencia un culto que termina en la simple alcahuetería.

   Bárbaro estuvo en Rosario para presentar su nuevo libro “Hablemos de política” y tenía programada una disertación en la sede de la Universidad que fue cancelada sin mucha explicación. El histórico dirigente del PJ, que reconoce su raíz política en el socialcristianismo, dice estar espantado por el nivel de agresión y persecución que lleva adelante el kirchnerismo y por el nivel “pobre” de la política argentina, dominada más por la “obediencia que la disidencia”.

   “Tenemos una política pobre. No tenemos ningún ex presidente que pueda transitar la calle ni dar clases en la Universidad. Tenemos ambición y acusación, juicios, vidrios oscuros. La política argentina no logró establecer una relación permanente con la gente”, razona Bárbaro en una entrevista con LaCapital.

   —¿Qué explicación encuentra para este sombrío diagnóstico?

   —Porque creemos que la política es el espacio de la viveza y no de la inteligencia. Somos un país que podemos dar un premio Nobel o un Daniel Baremboin, pero no tenemos políticos que admiremos y respetemos por su talento intelectual.

   —¿No le atribuye a Cristina dotes intelectuales?

   —No. Cristina es una abogada que habla bastante, pero no tiene formación política. Cuando veo que en la línea sucesoria deja a (Amado) Boudou y a Beatriz Rojkés de Alperovich, observo una concepción de la política donde el autoritarismo tiene más peso que el talento. Los ministros se callan. La obediencia destruye la inteligencia. Perón estaba rodeado de dirigentes de vuelo, aunque tuvo a López Rega en su decadencia.

   —Pero Perón también concentraba todo el poder y tenía un manejo vertical en las decisiones.

   —Perón concentraba pensamiento, no obediencias. El peronismo abarca disidentes, no los sometía, sino que los cobijaba. Néstor Kirchner, a los 20 días de asumir, me llama, me pone la revista Noticias, me señala y me dice: “Esto quién lo escribió. Yo, le dije. Bueno, si sos funcionario mio no escribas más”. El quería individuos que se sometan a la obediencia.

   —¿Cuál es la lógica política para que un funcionario tolere eso?

   —Porque el beneficio está dado por el poder. Cuando se tolera es porque uno tiene una estatura menor a la del cargo. Se fueron Lavagna, Beliz, Rosatti. Los tipos que expresan un pensamiento, se van. Quedan los que dicen “sí jefe”. Hay pobreza en la política porque hay pobreza en la construcción de la política. Sin disidencia, no hay política. La política es riqueza de conceptos.

   —Eso puede ser atinente para un ámbito académico, pero es difícil para un presidente que tiene que mandar, decidir, y le tienen que obedecer...

   —Nunca un diputado o senador fue tan devaluado como ahora. Cuando fui a hablar sobre la ley de medios al Senado, le pregunté al presidente del bloque si iban a modificar algo. Me dijo que no podían cambiar ni una coma. “¿Entonces ustedes para qué están?”, le pregunté. Van subiendo los peores, los que lo único que saben es obedecer.

   —¿No es una marca del peronismo esa forma de construcción del poder?

   —No, el peronismo tenía izquierda, centro y derecha. El kirchnerismo tiene Santa Cruz, Santa Cruz, Santa Cruz. Esas son las visiones ideológicas del kirchnerismo. Es totalmente distinto. Nosotros teníamos a Perón, que era un líder que contenía. Tomemos el ejemplo de Carlos Kunkel, que en el 73 le fue a renunciar a Perón, y recibió con la televisión a los jóvenes que le iban a discutir. Hoy a Kunkel no lo recibe ni el presidente del bloque. ¡Ni Abal Medina lo recibe!

   —Esta semana se cumplieron cuatro años de la sanción de la ley de medios, de la que usted es muy crítico. ¿No hay nada bueno que rescate de esa norma?

   —El que hizo esa ley no sabe nada. Clarín tiene sus defectos, pero hacer una ley para curar los defectos de otros es absurdo. Es una ley que el gobierno que venga tiene que revisar, rehacer. Es una ley hecha desde el odio, por un gobierno, como el kirchnerista, que lo peor que nos deja es la fractura social. Se ha fomentado el odio al otro. El que no aplaude a Cristina es el enemigo. Con la ley de medios compraron Canal 9, C5N y Crónica TV. ¿Esto es una ley de la democracia?

   —Cuando usted estuvo en el Comfer durante la gestión de Kirchner, ¿alguna vez le dio una señal de lo que iba a hacer su esposa después?

   —Mientras yo estuve en el Comfer, él me exigía que no me pelee con Clarín. El no dio señales de cable porque estaba acordado con Clarín y les dio diez años a todos los medios, porque se salía de una crisis, y los acreedores venían por las licencias, por eso el Estado defendía las licencias de los medios.

   —¿Puede modificar algo la operación de la presidenta en las elecciones del 27 de octubre?

   —Nadie lo sabe. Es un dato que ningún encuestador puede evaluar. Mi percepción es que hay dos caras: la enfermedad de Cristina acerca y Boudou espanta. Para mí no va a cambiar nada.

   —¿Cree que estos son los últimos dos años del kirchnerismo?

   —Creo eso, deseo eso y peleo por eso. Hace rato que digo que las internas consolidaron la democracia, porque ellos querían hacer de nuestro país una Venezuela. Los kirchneristas se aferran al cargo y creen que el beneficio de ellos es el de la sociedad.

   —¿Perdió alguna amistad durante este proceso político?

   —¡Puf!, más que en la época de la guerrilla. Yo no entré en la violencia, pero nunca perdí la amistad con los que entraron. Participé del kirchnerismo desde su origen y algunos los perdí y a otros ya no dan ganas de saludarlo. Mi último amigo ministro era Timerman. Si yo tengo que determinar algo de los que están en el gobierno, digo que son mala gente, porque persiguen y lastiman. Yo tengo muchos años en el peronismo como para sentirme perseguido por estos personajes menores. Tenía que hablar en la Universidad de Rosario y no me dejaron. No tienen límites, son stalinistas. Yo digo que La Cámpora se tendría que llamar La Ramón Mercader (el militar comunista que asesinó a Trotsky): se la pasan persiguiendo y queriendo matar a todo aquel que piensa distinto. ¡Pobre Cámpora!, no se merecía que estos chicos le pongan su nombre a una agrupación. El otro día fuimos con el gobernador de Córdoba (José Manuel de la Sota) a Paraná, y no pudo salir en ningún diario por orden de Uchicharri (por el gobernador entrerriano José Urribarri). Lo llamo así porque mi desprecio hacia él no permite que recuerde bien su apellido. Ese tipo, Uchicharri, cree que le toca la candidatura que viene porque es el premio al alcahuete. O sea que el mayor alcahuete de Cristina va a ser el candidato que ella deja para la sociedad.

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