Bajo un sol abrasador, entre cantitos de campaña y felicidad
Los militantes socialistas volvieron a celebrar en la capital provincial que un referente de su signo político se calce la banda y el bastón. 

Sábado 12 de Diciembre de 2015

Miguel Lifschitz arribó en automóvil minutos después de las 10 a la Legislatura santafesina para jurar como gobernador acompañado de su flamante esposa Clara García. En un revival de campaña fue recibido por enfervorizados militantes socialistas que con banderas y remeras con los colores del partido de la rosa lo recibieron al cantito de: "Olele, olela, no es Del Sel no es Perotti, es Miguel Lifschitz gobernando Santa Fe".

Se apartó unos instantes del protocolo para acercarse a saludar y recibir las muestras de afecto de la militancia. Después sí Lifschitz enfiló hacia la escalinata donde lo aguardaba la comisión de recepción parlamentaria que instantes previos había designado la Asamblea Legislativa para recibir con pompas al nuevo jefe de la Casa Gris.

Desfiló sonriente por el histórico hall que divide ambos recintos parlamentarios entre los acordes de la fanfarria militar en dirección al ala este donde sesionan los 50 diputados provinciales y que da a la avenida Urquiza. Feliz hasta se permitió un gesto afectuoso cuando visualizó al cronista de LaCapital. "Cómo anda el Decano", saludó mientras lo palmeaba en la mejilla.

Luego del juramento de rigor, leyó un discurso con una "apretada" síntesis de sus postulados de gestión redactados —según reveló— "de puño y letra". La alocución que se extendió una hora exacta cosechó elogios en el iridiscente arco oficialista y algunas objeciones puntuales pero sin críticas estridentes de la oposición, según las opiniones que recabó este diario una vez concluida la ceremonia de jura en el recinto de la Cámara baja.

"Es evidente que como todo nuevo mandatario, Miguel va a tener los meses de primavera que yo ya no tendré en mi nueva gestión", comparó con sana envidia en tono de broma el reelecto intendente capitalino José Corral.

Al filo del mediodía y bajo un sol abrasador, el nuevo gobernador volvió a salir a la calle para recorrer a pie, como es tradicional en los recambios de gobierno, las cuatro cuadras que separan por General López (una suerte de avenida de Mayo santafesina) la sede del Poder Legislativo de la Casa Gris, donde ya lo aguardaba Antonio Bonfatti para transmitirle los símbolos del poder.

En ese trayecto, tomado del brazo de Clara García, recibió saludos de algunos vecinos que le sacaban fotos con sus celulares desde los elegantes balcones —muchos embanderados para la ocasión— de esa zona del centro cívico santafesino y lo alentaban con aplausos.

"Suerte Miguel", le gritó una mujer que cubría su cabeza con un pañuelo para protegerse de la inclemencia de los primeros calores de diciembre. Lisfchitz alzó su mano y levantó su cabeza para dedicarle una sonrisa. Después hasta se permitió una humorada cuando le comentó jocosamente al vicegobernador Carlos Fascendini. "Que calor, como me dijo recién un senador este pavimento está para cocinar huevos fritos".

La Casa Gris ya estaba a esa altura a la vuelta de la esquina y los cuatro años de poder que se le avecinan apenas a unos instantes.

 

Marcelo Carné