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Bachelet y el desafío de cambiar el rumbo de la diplomacia

De resultar electa, la política socialista deberá replantear los resquebrajados lazos con la región, en especial Perú, Ecuador y Bolivia.

Domingo 08 de Diciembre de 2013

El creciente retroceso de Chile en América latina implicará un desafío para el nuevo gobierno que surja de las urnas el 15 de diciembre, que tendrá que replantearse por completo las relaciones con sus vecinos, en especial los resquebrajados lazos con Ecuador, Bolivia y Perú. El nuevo Ejecutivo, que de cumplirse los pronósticos estará encabezado por la socialista Michelle Bachelet, deberá enfrentar además una serie de tensiones al interior de la Cancillería chilena, entre quienes ingresaron al servicio durante la dictadura militar (1973-1990), y participaron de sus operaciones, y quienes se formaron como diplomáticos en democracia.

   Además del juicio marítimo fronterizo con Perú en la Corte Internacional de Justicia de La Haya, Chile enfrenta dificultades por las distancias con Ecuador y Bolivia, país que también demandó a Chile ante la CIJH por motivos territoriales. “El que los gobiernos de Brasil, Argentina y Bolivia aplaudan el contundente triunfo parcial de Bachelet (en primera vuelta) es, en sí mismo, un rechazo a la política exterior del gobierno que concluye”, afirmó el analista Raúl Sôhr. La prueba de ello está en que, “más allá de los protocolos diplomáticos, muchos expresaron su satisfacción pese a que el proceso formalmente no ha concluido, pues falta la segunda vuelta”, añadió. A su juicio, esta respuesta de la región a los resultados electorales “muestra el aislamiento regional político chileno” del que tendrá que hacerse cargo Bachelet una vez que asuma su gobierno.

Estrategia comercial. El Ejecutivo de derecha de Sebastián Piñera privilegió una estrategia diplomática comercial, nombrando incluso como canciller al otrora jefe de negocios internacionales del grupo Falabella, Alfredo Moreno.

   Bachelet, amplia favorita para las elecciones ante la aspirante oficialista Evelyn Matthei, ya deslizó críticas al rumbo adoptado en política exterior de un país que llegó a tener la dirección simultánea de la OIT, la OEA y ONU-Mujer los últimos años. En especial, Bachelet expresó sus dudas por el privilegio dado a la mercantil Alianza del Pacífico con México, Perú y Colombia, en desmedro de una estrategia más global en la región. Según algunos expertos, Chile debería apuntar a diversificar sus acciones en la región, para recuperar terreno diplomático.

   Pero no todas las preocupaciones son iguales o reducidas a temas de políticas específicas. Ecuador es una pérdida mayor para la diplomacia chilena. Tras siglos de cooperación, Quito tomó distancia los últimos años de Santiago y adoptó posturas favorables a Perú y Bolivia, países con los que Chile tiene litigios fronterizos. Atrás quedaron los tiempos en que el otrora embajador chileno en Quito, Enrique Krauss, era incluso invitado a las reuniones de gabinete del presidente Rafael Correa, con quien bromeaba de fútbol. Atrás quedaron también los tiempos de lazos cercanos e incluso de larga amistad entre los presidentes de Chile y Brasil, como sucedió entre Ricado Lagos y Fernando Henrique Cardoso o entre Bachelet y Lula, respectivamente. La actual presidenta brasileña, Dilma Rousseff, jamás concedió una visita oficial a Chile, en el marco de la preeminencia que Santiago otorgó a la Alianza del Pacífico, que abre puertas de influencia a México en Sudamérica, algo no deseado por Itamaraty. Quien asuma la Cancillería deberá observar estos temas, además de las responsabilidades de los próximos años por la llegada de Chile al Consejo de Seguridad de la ONU como miembro no permanente.

Tensión social. Todo eso coincidirá con las fuertes tensiones sociales que sacuden al país desde las protestas estudiantiles que estallaron en 2011, que restaron atención a lo exterior, y con las divisiones político-generacionales al interior de la Cancillería. No en vano, al interior de Relaciones Exteriores conviven hoy diplomáticos que participaron en las acciones de la Operación Cóndor (de represión regional por parte de las dictaduras sudamericanas) y la lucha contrainsurgente en Centroamérica, como prueban archivos secretos de esos años, con otros ingresados al servicio en democracia. Son dos almas, dos proyectos en juego que comenzarán a dilucidar opciones desde marzo de 2014, cuando asuma el nuevo gobierno, en el que participa el Partido Comunista, que ya expresó en palabras de su presidente, Guillermo Tellier, su deseo de ocupar cargos en Cancillería.

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