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Bachelet, ante el desafío de cumplir las reformas que prometió a Chile

La presidenta electa planea un paquete de 50 medidas para los primeros 100 días de gobierno, que empieza el 11 de marzo. En su agenda figuran cambios en el sistema educativo mediante un alza de impuestos, y abolir la Constitución heredada de Pinochet.  

Martes 17 de Diciembre de 2013

Los festejos por su aplastante triunfo acabaron y la presidenta electa de Chile, Michelle Bachelet, ahora deberá concentrarse en cumplir sus ambiciosas promesas de reforma sin un firme control del Congreso y con una estrechez fiscal y económica que podría arruinar su luna de miel con los electores. La socialista —que gobernó Chile del 2006 al 2010— fue elegida con un 62,1 por ciento de los votos en la segunda vuelta del domingo, el mayor porcentaje logrado por un candidato desde el fin de la dictadura de Augusto Pinochet en 1990. La médica de 62 años quiere pasar a la historia como la presidenta que corrigió las tremendas desigualdades sociales en el mayor exportador de cobre del mundo. ¿Cómo? Mejorando la educación pública con un aumento de impuestos corporativos y reformando la Constitución heredada de la dictadura.

Pero para eso va a tener que sacar toda la habilidad negociadora que ganó al frente de ONU Mujeres. "Si estoy aquí, si hemos llegado hasta aquí no ha sido porque queramos hacer las cosas fáciles. Es precisamente porque sabemos que es difícil", dijo la presidenta electa ante miles de partidarios tras el triunfo.

Bachelet fue votada por muchos chilenos descontentos con las políticas sociales del presidente Sebastián Piñera, un multimillonario conservador. Y su promesa electoral es cambiar el rostro de una de las naciones más estables de América latina pero con una abismal brecha entre ricos y pobres. La mandataria electa prometió lanzar un paquete de 50 medidas en los primeros 100 días de su gobierno, que arranca el 11 de marzo, una especie de hoja de ruta que será seguida muy de cerca por los chilenos.

Responsabilidad fiscal. Bachelet asumirá Chile con una actividad económica en desaceleración y sus asesores lo saben. El Banco Central redujo su proyección de crecimiento de la economía a entre un 3,75 y 4,75 por ciento en 2014, mientras que el presupuesto fiscal podrá aumentar un 3,9 por ciento, el más bajo de los últimos cuatro años. Eso significa que Bachelet tendrá más desafíos y menos dinero para cambiar Chile. "Lo más probable es que (ella ) use las condiciones económicas más desfavorables para tratar de bajar las expectativas y mantener la disciplina fiscal", dijo Patricio Navia, analista político y profesor de la Universidad de Nueva York.

Para evitar poner más presión sobre la economía, Bachelet intentará financiar su reforma de la educación con un alza de impuestos a las empresas y la eliminación de algunos beneficios corporativos. Según sus cálculos, puede recaudar unos 8.200 millones de dólares de esa forma. Los empresarios chilenos ya han manifestado su apoyo y disposición a desembolsar más en impuestos.

La educación es un tema sensible en Chile y nadie lo sabe mejor que Piñera. La popularidad del presidente conservador fue erosionada por violentas protestas de estudiantes de secundaria y universidad para exigir una mejora en la calidad de la pobre educación pública chilena. El malestar podría desestabilizar también a Bachelet. "Señora presidenta, nosotros nos encargaremos de hacerle difícil la cosa", dijo un mensaje colgado en una página del Ministerio de Educación que fue hackeada por un grupo anónimo. "El próximo año será una etapa de movilizaciones. ", agregó. La buena noticia para Bachelet es que tendría los votos necesarios en el Congreso para aprobar la reforma fiscal para financiar la mejora del sistema educativo, que busca ampliar la gratuidad.

Más complicada será en cambio una reforma de la Constitución para cambiar un sistema electoral diseñado durante la dictadura, que obstaculiza la obtención de una mayoría representativa en el Congreso y hace difícil gobernar. Para poder cambiar la Constitución, Bachelet y sus aliados necesitarían el apoyo de dos tercios, mientras que los cambios al sistema electoral que propone requieren de tres quintos en el Parlamento. Y como no lo tienen, deberán negociar con la derecha. "Ciertas políticas necesitan un acuerdo con la oposición y ahí puede haber más tensiones y conflictos de lo que los resultados electorales plantean", dijo Carlos Huneeus, director del centro de estudios CERC.

Alianzas. Bachelet y su coalición que incluye desde comunistas a demócratas cristianos cuentan con 68 de los 120 diputados y 21 de los 38 senadores, lo que significa que tendrá que recurrir a votos de legisladores independientes y conservadores. "Tienen 21 votos en el Senado y necesita 25 para hacer los cambios más profundos. Tenemos posibilidades de asociarnos con algunos parlamentarios independientes y la derecha no puede seguir sin oír lo que la ciudadanía quiere", dijo José Antonio Gómez, presidente del partido Radical que apoya a Bachelet.

Analistas y miembros de la futura coalición de gobierno dicen que Bachelet aprendió la lección en su primer mandato y sabrá tener cintura para evitar que sus reformas clave queden estancadas en el Congreso. Y eso se reflejaría en la elección de un equipo ministerial con capacidad técnica y habilidad política para tender puentes con el Congreso y los movimientos ciudadanos y sindicales para evitar estallidos sociales si es que las promesas demoran en llegar. Con todos esos desafíos sobre la mesa, Bachelet tomará unos días para reflexionar y diseñar su futuro gabinete, porque, como dijo, "la implementación de esas decisiones es clave para no cometer errores". Por lo pronto, ayer recibió en su casa a Piñera y su esposa Cecilia Morell, quienes la felicitaron por el triunfo y le llevaron un obsequio, en otra de las tradiciones de las elecciones chilenas. También se reunió con legisladores que la apoyaron.

Un millón no votó a Matthei

Según datos del servicio electoral, la centroizquierda obtuvo una cantidad de apoyo similar a anteriores votaciones, promediando los 3,5 millones de votos, pero la derecha bajó de 3,3 millones de seguidores a 2,1 millones, lo que evidenció que una parte importante de personas le quitó apoyo a su candidata, Evelyn Matthei.

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