Miércoles 05 de Mayo de 2010
Gracias a la invalorable ayuda de dos personas que pasaban el Día del Trabajador en el camping Puerto Gaboto, mi mamá está viva. Cuando estaba comiendo un trozo de carne se atragantó y casi no podía respirar, su cara se tornó azul. Ante mis gritos de desesperación se acercaron dos hombres, Jorge y otro de quien no sé su nombre y que fue el que le dio un apretón en el estómago y mi madre despidió el trozo de carne y recuperó su respiración y color. Esta acción que la salvó demuestra que, más allá del valor intrínseco de la palabra solidaridad, ayudar a otro es la mejor forma de ayudarse a sí mismo. El haber actuado tan rápido y en forma decidida, me hace sentir ganas de ayudar a otros, porque lo que hacemos por los demás lo hacemos por nosotros. Una vez más gracias a los dos, me devolvieron lo más importante en mi vida. Y también agradezco el apoyo y la preocupación de todos los que estaban a nuestro alrededor.
María Teresa Armando, DNI 6.434.115