Domingo 09 de Octubre de 2011
En estos días asistimos a un tenso debate acerca del levantamiento de los permisos de vuelos a Lima desde Rosario con la compañía Lan Perú. Intentaremos poner algunas luces sobre el tema aunque eludiremos cuestiones políticas que se entrecruzan.
En el mundo existen, en términos generales, dos tipos de compañías aéreas o con dos formatos de explotación diferentes: el tradicional “Hubs & Spoke” (cuyo concepto literal sería concentrar y distribuir) y el punto a punto, que con aviones de capacidad menor conectan ciudades más chicas.
En el sistema tradicional, las compañías concentran sus pasajeros en una gran ciudad (Buenos Aires, por caso) y luego distribuyen con el fin de hacer más rentables sus vuelos y poder ofrecer más frecuencias. La compañía aérea pionera de este modelo fue Delta Airlines que en 1955 impulsó en Atlanta su primer Hub, una ciudad de muy relativa importancia, comparada con otras capitales, pero que aún hoy sigue siendo el aeropuerto de mayor desplazamiento de pasajeros del mundo.
El otro modelo de distribución de pasajeros es el conocido como punto a punto (PP), que con aviones de capacidad menor conectan ciudades más chicas donde los costos operativos de los aeropuertos son sustancialmente menores. Este formato nace con la liberación de los espacios aéreos en EEUU y Europa que impulsó el nacimiento de gran cantidad de compañías conocidas como “low cost” o de bajo costo (más precio que costo, según mi entender). Estas PP fueron muy incentivadas y en muchos casos subvencionadas por los gobiernos locales y regionales debido al aporte económico devenido de la gran cantidad de nuevos visitantes desplazados por estas compañías aéreas. Barcelona es un exitoso ejemplo, ya que no siendo un punto de distribución importante de Iberia, gran cantidad de compañías de bajo costo la fijaron como destino y, con precauciones, se puede volar desde todo el Norte de Europa por unos 30 euros por trayecto. Estas compañías desarrollaron gran cantidad de servicios de alojamiento y ocio sobre todo dirigido a jóvenes.
Dicho lo anterior, es claro que Aerolíneas Argentinas es una compañía “HS”, un poco Sui Generis porque el Hub de Buenos Aires tiene dos aeropuertos (Aeroparque y Ezeiza), aunque en cualquiera de sus dos versiones manifiestamente unitario, pese a que se supone que distribuye a través de Aeroparque hacia los destinos regionales y desde Ezeiza a los de larga distancia.
Este modelo de distribución genera unas desigualdades inquietantes. Por ejemplo, un ciudadano de nuestra región que quiera ir a Salta, en el mejor de los casos tarda 5.30 hs estando a menos kilómetros de distancia que un ciudadano porteño a quien sólo le insumirá 2:15 hs. Para ir a Porto Alegre un paisano nuestro tardará 5:15 hs y un vecino de Buenos Aires apenas 1:35 hs; a Lima los tiempos serán de 14:30 hs, y 5:25 hs respectivamente, a Miami 24:28 hs para los que vivimos a la vera del río Paraná, y apenas 9:08 hs para los rioplatenses.
Para no ser interpretado como una persona preocupada por los intereses o comodidades de sectores más pudientes, que son quienes pueden acceder a estos servicios, debe saberse que para quienes trabajamos vinculados a la industria turística no es tema menor.
Para no herir susceptibilidades, vamos a invertir la ecuación. Por ejemplo un joven que quiera venir a tomar un curso de español a la ciudad de Rosario desde Porto Alegre tardará 1:35 hs para llegar a Buenos Aires y 5:15 para venir a estudiar a Rosario, con Aerolíneas Argentinas. Otro ejemplo: un estudiante norteamericano que quiera volver a Miami volará en 9:08 hs desde Buenos Aires y tardará 24:08 hs volando con Aerolíneas Argentinas, desde Rosario a Miami
En todas las actividades de promoción, las posibilidades de conectar directamente a Rosario desde Brasil, vía Porto Alegre, o desde los EEUU, vía Lima, son un poderoso argumento de persuasión a la hora de elegir un destino.
Es evidente que si desaparecen lo pocos vuelos internacionales del aeropuerto local se perderían muchas ventajas comparativas con otras ciudades, como por ejemplo Buenos Aires.
Parece ser de sentido común que cuanto más amplia sea la oferta de vuelos internacional, más posibilidades de captar estudiantes o turistas internacionales. Que Aerolíneas ponga unas ofertas de vuelo vía Ezeiza, es una buena noticia; que Lan o Gol sigan operando en nuestro aeropuerto, también.
Es difícil no entrar en consideraciones políticas respecto a los móviles que llevan a la decisión de cancelar dichos vuelos, pero vamos a intentarlo. No calificaremos al gobierno nacional como defensor de los intereses del empresario privado que administra Aeropuertos Argentina 2000 y recauda las tasas aeroportuarias en los dos aeropuertos de Buenos Aires, ni tampoco a los políticos locales como lobbistas de una compañía aérea privada. Vamos a considerar legítimo que Aerolíneas Argentinas intente defender y ampliar su cuota de mercado. Ahora bien, si es una aerolínea federal debería repartir mejor, ya que no es justo ni razonable que la aerolínea de bandera castigue a los pasajeros de la región con tremendas ineficiencias horarias.
Federalismo sui generis. Entiendo que el debate es una vez más acerca del federalismo, es decir de los 360 millones de dólares del presupuesto que invierte anualmente el Estado Nacional en Aerolíneas, cuántos benefician a los ciudadanos porteños y cuántos, a los del interior, como pasajeros o como receptores de turistas internacionales. Si el gobierno quisiera ser coherente con la decisión de levantar los vuelos del Lan Perú debería ofrecer una frecuencia similar no sólo a los santafesinos sino también a los posibles visitantes.
El gobierno antes de desautorizar los vuelos internacionales, debería como mínimo no sólo concentrar en Buenos Aires sino distribuir con el interior, armando por lo menos otro “HS” en alguna ciudad; o bien reemplazar los vuelos que quita con frecuencias “PP”, de dudosa rentabilidad, pero que de todas maneras Mariano Recalde presidente de Aerolíneas, ha dicho muchas veces que la rentabilidad no está entre las preocupaciones de la compañía, sino que su objetivo es mejorar la conectividad. Y precisamente conectividad es lo que se pierde con la decisión de quitar los vuelos de Rosario.
(*) Director ejecutivo de EduArgentina