Miércoles 27 de Mayo de 2015
Existen en este momento en nuestro país alrededor de 700 personas en riesgo de muerte inminente por padecer de hepatitis C, lo que los ha llevado a una cirrosis o a un cáncer hepático. Y, además, un elevado número superior que se va arrimando en forma silente a esa situación desesperante. Y el Anmat, distraído en vaya a saber en qué cuestiones, no termina de autorizar el ingreso a la Argentina de las drogas recientemente descubiertas que la curan en el 98 por ciento de los casos. ¿Qué podemos hacer? ¿Ir despidiendo una a una a esas personas acompañando el dolor familiar? ¿Agregar los "casos" a las estadísticas fatales que suman, según la Organización Mundial de la Salud), 4.000 muertes por día en el mundo por causa de la hepatitis B y C? ¿Agregar esta noticia en los medios que al cabo de dos minutos de ser leída sólo quedaría grabada en la mente de los cuantiosos enfermos y sus familiares? Se me ocurre que no alcanza. Y como tiempo no queda, ¿le parece al lector que podríamos subirlos a todos arriba de un avión sin piloto que sobrevuele Los Andes? ¿Llamaría así la atención del gobierno, o de los candidatos políticos tan cargados de ideas milagrosas para solucionar los problemas más serios del país? ¿Creen ustedes que quizás se les ocurriría algo para salvarlos?
Edith Michelotti