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Automovilismo: El día inolvidable del Poppy

Carlos Alberto Reutemann marcó toda una época en la Fórmula 1. No sólo fue el piloto que mejor representó a la Argentina después de los tiempos de Juan Manuel Fangio y el Cabezón Froilán...

Viernes 05 de Abril de 2013

Carlos Alberto Reutemann marcó toda una época en la Fórmula 1. No sólo fue el piloto que mejor representó a la Argentina después de los tiempos de Juan Manuel Fangio y el Cabezón Froilán González, sino que además fue el primer santafesino en hacer realmente ruido en la máxima categoría del automovilismo, aunque no el primero en llegar, ya que en 1954 Clemar Bucci, de la localidad de Zenón Pereyra (distante 145 kilómetros de Rosario) se subía a un Gordini para disputar 5 GP. Pero fue el Lole el que le dio orgullo de pertenencia al país y a la provincia. Su heredero natural cuando colgó el casco el 21 de marzo de 1982 en Jacarepaguá era sin dudas Oscar Rubén Larrauri, que ya para entonces estaba para suplantarlo. Sin embargo, el Poppy debió esperar otros seis años para, a puro esfuerzo y talento, convertirse además en el representante local que más lejos llegó en el automovilismo internacional. De Granadero Baigorria, ningún otro de la zona alcanzaría semejante status. Y el pasado 3 de abril se cumplieron 25 años de la hazaña.

A finales de la década del 70 hubo un rosarino que arañó la Fórmula 1. Fue Ariel Bakst, quien corrió varias carreras de la telonera Fórmula 2, junto a pilotos de la talla de Juan María Traverso, Miguel Angel Guerra y Ricardo Zunino. Los dos últimos sí pudieron dar el salto. El hoy vicepresidente de la Top Race lo hizo en el 81, cuando tras tres intentos fallidos (Long Beach, Jacarepaguá y Buenos Aires) pudo clasificar al Osella en Imola aunque sólo lo hizo circular 300 metros, hasta que el chileno Eliseo Salazar lo mandó contra el guard rail provocándole la rotura del tobillo y de sus sueños. Mientras que el sanjuanino Zunino, que debutó reemplazando nada menos que a Niki Lauda en el GP de Canadá 79, sólo hizo algunas carreras al año siguiente en el equipo Brabham y muchas menos en Tyrrell en el 81 para también despedirse.

Tras la gran frustración del 81, donde perdió el título en la última carrera de Las Vegas, Reutemann intentó seguir en el 82 pero sólo corrió 2 GP: en Sudáfrica y en Brasil. Y dejó un hueco enorme que al año siguiente debió llenar Larrauri. El Poppy, que había llegado a Europa con 24 años, en 1980 había debutado en la Fórmula 3 Europea en Nürburgring y al año siguiente, en ese mismo trazado, ganaría su primera carrera. Esa categoría ya por entonces iba desplazando a la Fórmula 2 en importancia y de hecho de ella saldrían los pilotos de las nuevas generaciones de F-1. Y en aquel 1982, el baigorriense terminaría de graduarse con el título en el equipo de Gianpaolo Pavanello.

Sin dudas, 1983 debió ser el del gran salto, pero ya el año anterior tras la despedida del Lole se canceló el Gran Premio de Argentina y la posterior guerra de Malvinas con los ingleses dejaba a los pilotos argentinos en el exterior en una situación de mayor indefensión, en una actividad donde Inglaterra tenía una gran penetración y ascendencia. La crisis económica que ya el decadente gobierno militar no podía tapar más tras el conflicto bélico, agravó más el cuadro de situación y, a ese nivel, Larrauri pagó las consecuencias.

De hecho, el Poppy era muy valorado por sus condiciones conductivas y seguido por los constructores que en ese momento aún copaban la escena en la Fórmula 1. Uno de ellos, Guy Ligier, le tenía reservada la butaca para el 83 y Larrauri sólo debía conseguir 300.000 dólares para subirse a una butaca entonces de prestigio. Pero esa cifra, que hoy parecería ridícula, fue imposible de conseguir y Raúl Boesel le sacaría el lugar. Curiosamente, 15 años después por las mismas razones económicas, otro brasileño, Ricardo Rosset, le arrebataría al argentino Norberto Fontana el puesto en Tyrrell, el equipo del viejo leñador, el último símbolo de una época que llegaba a su fin.

La oscuridad total parecía ceñirse sobre el futuro de Larrauri, que de ganar el segundo título en importancia del mundo, se quedaba afuera de todo. Pero el baigorriense había hecho sus méritos. Y después de un breve paso en la devaluada F-2 con el equipo Minardi, conoció al suizo Walter Brun, que lo hizo incursionar en el Mundial de Sport Prototipos, donde conseguiría el título de campeón en 1986 con un Porsche 962.

Su relación con Brun se hizo muy estrecha y el Poppy se animó a sugerirle que era el momento de dar el salto a la F-1, cuyos costos no eran ni cerca lo que son ahora. Y el suizo se animó en ese 1988, construyendo el auto, el EuroBrun 188 con motor Ford Cosworth, que tenía mil y una debilidades pero un piloto talentosísimo.

Ese 3 de abril, en la apertura del campeonato en Río de Janeiro, Larrauri metió 26º al EuroBrun y salió a pista para dirigirse a la grilla, pero un problema eléctrico lo volvió a meter en el box y ya no podría salir. Sin embargo, ese fue el punto de partida para un gusto grande y merecido que se dio el piloto de Granadero Baigorria, que brilló realmente dos carreras después, cuando bajó la lluvia del primer día de trabajo en Mónaco se metió 4º para largar al final 18º, una posición increíble que venía a corroborar su capacidad conductiva, mientras su compañero Stéfano Módena, que le ganó el duelo personal del año ya que venía corriendo en monopostos (había debutado el año anterior en la F-1, previo paso por la F-3000), quedaba afuera de los 26.
  Si bien abandonó por un problema de frenos en el giro 14, causó sensación y en el GP siguiente, en México, sería 13º, su mejor resultado a bordo de un auto inestable, con suspensiones débiles. Algo que no pudo corregirse en todo 1989, un año mucho más difícil porque la F-1 no era tan costosa y hubo el récord de ¡39 inscriptos! Eso determinó que se instalara la preclasificación y jamás EuroBrun pudo poner un auto en la grilla.
  De hecho, en ese 1989 empezaron las limitaciones y Walter Brun decidió poner un solo auto en pista que se lo confió a su compatriota suizo Gregor Foitek. En el primer GP, en Brasil, fue 3º en el corte preclasificatorio entre 13 pilotos pero luego quedó 28º en la clasificación y no largó, como tampoco en sus 10 intentos posteriores, donde jamás llegó a estar entre los 30 que clasificaban. Por eso, para el GP de Italia, Brun volvió a convocar al Poppy, que tampoco realizó el milagro en las últimas 5 carreras.
  El Poppy Larrauri estaba para la Fórmula 1 en 1983, pero llegó con 33 años en 1988 gracias a su perseverancia y pese a que hacía cuatro que corría en autos con techo. Y 25 años después, tras los efímeros pasos de Norberto Fontana, Esteban Tuero y Gastón Mazzacane, su figura no perdió vigencia. En Rosario y la zona, ni hablar: nunca nadie llegó tan lejos.

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