Atacantes y ofendidos
A veces tengo la sensación de que todos reivindican la política, pero pocos están a la altura de ella. El tratamiento por parte de las instituciones y los hombres de la política acerca del narcotráfico en la provincia de Santa Fe es la síntesis acabada de esa sensación.

Lunes 19 de Noviembre de 2012

A veces tengo la sensación de que todos reivindican la política, pero pocos están a la altura de ella. El tratamiento por parte de las instituciones y los hombres de la política acerca del narcotráfico en la provincia de Santa Fe es la síntesis acabada de esa sensación. Oficialismo y oposición están más ocupados en "contarse las costillas" de fracasos, culpas y responsabilidades que poner en eje el tema. Expresiones como "narcosocialistas", "no podemos tolerar", "no cuenten con nosotros", "ustedes los formaron", "pero ustedes los nombraron", "aliados de las corporaciones", "defendemos el modelo" muestran una política como ruido, la política de la retórica. Este es el juego que mejor juegan todos, aunque debo reconocer que algunos mejor que otros. En este espacio la identificación de los "buenos" y los "malos" depende del lugar de la parcialidad en que estén parados. Situación que en el mejor de los casos terminará con el cansancio de los jugadores y el aburrimiento de la tribuna. No estoy criticando el fervor, la pasión y las arengas en los discursos en tantos componentes del entusiasmo, la cohesión del grupo y la defensa de las ideas, ya que son una parte apasionante de la política. Me estoy preguntando si no nos estamos quedando sordos (entretenidos, distraídos) con los ruidos de la política y se pierden el eje o la sustancia del tema. El narcotráfico existe, su penetración en la sociedad y en las instituciones públicas es a todas voces obvia. La experiencia internacional demuestra que el narcotráfico se hizo fuerte fundamentalmente ahí donde el Estado y la propia sociedad se debilitaron, se fracturaron, se hicieron permeables a las lógicas de las economías delictivas y de la corrupción. La experiencia dice también que no hay situaciones irreductibles e inevitables, pero para que la situación no se profundice y se encamine a su solución hay que actuar, hay que tener una estrategia. Una estrategia diseñada, sostenida y defendida por todos aquellos que no queremos llorar más muertos, no queremos naturalizar la violencia, no queremos naturalizar los negocios "lavados", no queremos jóvenes pobres muriendo para ricos exprés. Las instituciones de la política se están comportando con fluidez en el campo del ruido; saben cómo hacerlo. Pero en el campo de las políticas públicas, en aquel en donde el Estado determina el sentido de un objetivo para encarar una problemática que afecta a la sociedad, en ese campo hay silencio. ¿No saben? ¿No quieren? ¿No pueden? Problemas como el que nos ocupa son de un nivel de complejidad que amerita direccionar las energías de las inteligencias y los recursos; enfocar en el problema; sin distracción y en un bloque homogéneo. Las fracturas y los resquicios son oportunidades para los delincuentes. En este tema no hay lugar ni para las bravuconadas ni para las ofensas, hacen ruido. La sociedad necesita política.

Patricia Nari