Martes 12 de Febrero de 2013
Un joven párroco recién llegado a una pequeña isla del Adriático, para fomentar la nula natalidad de la isla, decide pinchar los preservativos antes de ponerse a la venta, confabulándose con el quiosquero y el farmacéutico. Esta película originaria de Croacia nos muestra con ironía las responsabilidades que tenemos los seres humanos con nuestras decisiones, desde las banales hasta las que ponen en riesgo la vida de otros seres humanos. Cuando uno pone en evidencia las transgresiones que se cometen diariamente (de convivencia ciudadana) las contestaciones son de irrisorias a agresivas, adoptando distintos matices con un alto grado de inverosimilitud. Leí la carta de lectores de una médica del día viernes 8 de febrero en La Capital, donde explicaba el tiempo que le insumía su profesión y familia, excusando su mala caligrafía y la de sus colegas. Quienes tenemos que hacer pedidos telefónicos a la farmacia, sufrimos intentando descifrar esos “jeroglíficos médicos”. Quisiera decirle a la doctora que muchas profesiones y la vorágine en que se vive demandan tiempo, que no por eso debemos dejar de lado la calidad en las prescripciones. Le refiero un caso de un médico a quien felicité por su claridad de caligrafía, y me lo explicó: “Lo hago con legibilidad porque hubo un caso de similitud de nombre de remedios que el farmacéutico no pudo descifrar y optó por uno que fue casi mortal para el niño al que se lo suministraron”. La doctora tendría que saber que por fuera de la burocracia que vivimos día a día, su profesión íntegramente aborda no sólo escucharlos y revisarlos, sino prescribir como corresponde. Me llama la atención que aduce “miedo a no equivocarnos por temor a problemas legales y para que no nos corrijan nuestros superiores”. No sé la explicación de un grafólogo, pero a mi me sugiere falencias de conocimientos, que se pueden salvar con un garabato ilegible. Con respecto a su necesidad de contar lo que les sucede en caligrafía le dejo una cita: “ El sabio no se sienta para lamentarse, sino que se pone alegremente a su tarea de reparar el daño hecho.” William Shakespeare.
Silvia Buonamico