Asumir la libertad
Mi madre me repetía, cuando era niño, que "no había mejor atadura que la libertad bien entendida". El paso del tiempo le fue dando significado a esta aserción que, a primera instancia, pareciera...

Jueves 19 de Diciembre de 2013

Mi madre me repetía, cuando era niño, que "no había mejor atadura que la libertad bien entendida". El paso del tiempo le fue dando significado a esta aserción que, a primera instancia, pareciera un contrasentido. La libertad, en su acepción más amplia y profunda, implica una responsabilidad y compromiso de quien la ejerce, y configura todo un desafío. Es más fácil recibir órdenes que tomarlas por "motu proprio". El equivocarse genera desazón, pero es la mejor manera de crecer como individuo independiente, como es a través de la experiencia personal. En los regímenes autoritarios extremos, como lo fue el nazismo, los individuos no piensan; alguien que lo hace por ellos les dice qué hacer y actuar. Estos fanáticos se sienten amparados por el padre Estado que les brinda todo tipo de protección, aun a costa de su libertad individual porque no la necesitan. Experimentan un temor supremo a no poder contar con el dictador de turno, a quien idolatran como una deidad hecho hombre, dotado de una infalibilidad absoluta en todos los órdenes. El hombre que se siente libre es aquel que toma decisiones por cuenta propia, realiza las cosas a su manera. Es indudable que la libertad "diaria, del día a día" no es algo abstracto sino que se halla enmarcada en la realidad socio-económico-cultural a la que pertenece cada persona. Jean-Paul Sartre consideraba que el hombre estaba "condenado a ser libre", de acuerdo a la visión existencialista de su filosofía. Frase tomada por un político vernáculo que sugirió que los "argentinos estábamos condenados al éxito". Nadie está condenado al éxito ni al fracaso, pero es indudable que la pertenencia social-económica-cultural predetermina a las personas, Es una verdad de Perogrullo señalar que no es lo mismo nacer en una clase alta que en una pobre. Pero, el impulso individual para sobreponerse a la adversidad, el ansia de superación, lo que actualmente se denomina resiliencia son factores personales que responden a cada individuo. La educación sigue siendo el factor más importante para la generación de igualdad de oportunidades, valor que tanto pregonan los regímenes neoliberales como socialdemócratas. Pero el acceso a una educación niveladora difiere en ambos: para un sistema es un bien de mercado; para el otro, un derecho social. Nuestro país fue pionero en materia de educación a partir de la ley 1420, que aseguraba una educación común, obligatoria, gratuita y laica. Luego ha habido marchas y contramarchas, fundamentalmente en los noventa, con las nuevas legislaciones surgidas a partir de la "fiebre" neoliberal instalada en esa década donde se imitaron experiencias europeas que fracasaron estrepitosamente. Un hombre libre requiere de una educación apropiada que le lleve a tener pensamientos críticos y propios; y esa es una tarea que el Estado y la sociedad en su conjunto no pueden relegar.

 Alejo Vercesi