Así escribía

Domingo 12 de Abril de 2009

“Déjame Consolarte”
(Fragmento del capítulo 1)

El parque aledaño a las dependencias traseras del Deuts­ches Museum de Múnich parecía hervir de una febril actividad primaveral. El zumbido constante de abejas e insectos que libaban de los heliotropos y los cosmos plantados en los conte­nedores que rodeaban el edificio, el aleteo de las mariposas y de los pájaros, las voces que murmuraban apenas sobre aquel susurro vivo, creaban una deliciosa sensación de somnolencia y a la vez infundían unos deseos irreprimibles de unirse a aque­lla fiesta de sol y de flores. A Christel le era cada vez más di­fícil concentrarse en la redacción del cartel explicativo que iba a presidir la nueva sala de las dependencias de medio ambiente del museo, departamento del que la habían nombrado adjunta recientemente.
El sonido del aleteo de una bandada de palomas que le­vantó el vuelo con un estrépito casi ensordecedor le hizo dirigirse a la ventana y reír al ver a un grupo de señoras de edad avanzada correr hacia el frontispicio de entrada para po­nerse a resguardo de la lluvia inoportuna de excrementos de las aves, que caía alrededor del edificio con un sonido seme­jante al del granizo.
Christel Koch decidió que por aquel día había tenido bas­tante. Le era muy difícil concentrarse en su trabajo y faltaban apenas diez minutos para que su jornada terminase.