Sábado 20 de Marzo de 2010
Poco después de las 5.30 de ayer, cuando todavía no había amanecido, tres hombres desesperados llevaron en un BMW gris a Roberto Pimpi Camino hasta el hospital Carrasco y literalmente lo abandonaron en la guardia. El ex jefe de la barra brava de Newell’s, de 37 años, había sido ejecutado de cinco balazos en un ataque de claro sentido mafioso: dos tiros en las piernas lo hicieron caer de rodillas y otros tres proyectiles de arriba hacia abajo lo mataron. Fue en la puerta de un bar de poca monta que Camino frecuentaba esporádicamente y al que había llegado regalado junto con algunos laderos y después de recibir una convocatoria enigmática para una reunión. Los médicos nada pudieron hacer por su vida y la noticia empezó a correr como reguero de pólvora por las redacciones de todo el país. A lo largo del día se escucharon las más diversas hipótesis acerca del móvil del homicidio, todo según quien las pronunciaba, aunque con el paso de las horas algunas se desvanecieron y otras cobraron fuerza hasta robustecer la teoría que apuesta a la relación de Camino con el tráfico de drogas y la presunta complicidad de la policía en el negocio.
Todo se desencadenó cinco minutos antes de las 5 de la mañana en el bar Ezeiza, en Servando Bayo 1484, casi esquina Zeballos, un lugar poco transitado y bastante oscuro durante la noche. El local es propiedad de un hombre al que apodan El Toro y que es un policía retirado. Allí llegó Pimpi poco después de la medianoche convocado por un llamado telefónico de El Angelito Negro, un uniformado en actividad y buenas relaciones con la cúpula de la fuerza. Camino no fue solo. Lo acompañaron como mínimo dos hombres: El bocón y Tito, además de una o dos mujeres. Ellos serían quienes después lo llevaron hasta el hospital. En derredor de ellos, unos veinte parroquianos quemaron la madrugada tomando porrones y jugando al pool.
En la calle.A pesar de que Ezeiza cerraba habitualmente a las 9 de la mañana, ayer empezaron a bajar las persianas alrededor de las 5 y Camino fue invitado a salir. Entonces apareció un joven delgado y alto con una gorrita que le disimulaba el rostro. Lo llamó por su nombre y lo ejecutó de cinco disparos. Después huyó por las oscuras calles del barrio Azcuénaga que, de acuerdo a algunas fuentes, "estaba liberado". La autopsia determinaría que le dispararon con balas calibre 9 milímetros recargadas, algo que impediría cotejarlas con el arma que las expulsó. El primer proyectil ingresó por el muslo y salió por el glúteo izquierdo, el segundo le atravesó el muslo derecho y le causó la fractura del fémur. Ya en el piso, fue alcanzado por una bala en el abdomen, otra en el flanco derecho y una última en el hombro derecho, que le traspasó el tórax y le perforó el corazón.
Los agresores escaparon en una moto mientras el ex líder de la barra leprosa se desangraba en el piso y los clientes del bar se esfumaban espantados. A Pimpi lo subieron a su BMW patente 076 y a toda velocidad recorrieron las siete cuadras que los separaban del hospital Carrasco. Entraron a los empujones pidiendo que lo atendieran en la guardia. Los médicos intentaron reanimarlo, pero ya estaba muerto. Cuando se enteraron del deceso, los hombres que lo auxiliaron se esfumaron.
Irma Vargas, la jefa de guardia del hospital, indicó que quienes llevaron a Camino "agredieron al personal (dos custodios privados), tal vez por desesperación". Horas después, cuando los familiares de Pimpi fueron llegando al lugar hubo escenas de violencia verbal y física entre algunos de ellos, como la que protagonizaron Rosa y Cristina, hermana y pareja del ex barrabrava. Tampoco faltaron amenazas contra algunos periodistas.
Inspección.A media mañana la policía allanó el bar por disposición del juez de Instrucción Javier Beltramone en búsqueda de pruebas. El operativo, encabezado por el titular de la Unidad Regional II, Marcelo Casajuz, y el subjefe, Daniel Giménez, arrojó resultados llamativos. Todo estaba muy limpio, "como si hubiesen baldeado", aseguró un vocero. En el interior del local los agentes encontraron una vaina servida calibre 9 milímetros y un plomo calibre 38, mientras que en la vereda se hallaron dos vainas calibre 9 milímetros.
La policía se llevó demorado a Raúl B., un ex policía de 57 años que revistó en la fuerza en la década del 70 y al que apodan El toro. La misma suerte corrió un socio del comerciante. "Tras prestar declaración recuperaron la libertad", explicó un vocero judicial.
Tras la autopsia hecha en el Instituto Médico Legal, Pimpi empezó a ser velado a cielo abierto en los pasillos del Fonavi de Alice y Lamadrid, donde vivía y era respetado y odiado por idéntica cantidad de vecinos. Una multitud se arremolinó junto al féretro que hoy, una hora antes de que Newell's reciba a Vélez en el Coloso del Parque, será sepultado en el cementerio de El Salvador, justo enfrente de la cancha. Una medida por demás de desacertada.