Lunes 23 de Noviembre de 2009
“Se nos fue una buena vecina. Fue muy triste verla así, muerta, tirada en el piso. No se
merecía una cosa así”. Joel Bogado es el encargado de la pensión ubicada en 3 de Febrero 621,
en pleno barrio Martin, donde la noche del sábado una anciana de 87 años fue asesinada a golpes en
el interior de la pieza que alquilaba. El hombre miraba por TV el partido entre Independiente y
Banfield cuando le avisaron que algo extraño había ocurrido con Zulema Villamón, una de las
inquilinas más antiguas del conventillo. Enseguida pudo ingresar a la habitación y comprobar que la
mujer estaba inerte boca abajo, muy cerca de la cama, en medio de un charco de sangre..
Los investigadores policiales no descartaban que el homicidio se haya
cometido en ocasión de un robo, aunque a simple vista, y de acuerdo a una primera observación, de
la escena del crimen no faltaba ninguna pertenencia. La última vez que la vieron con vida fue el
sábado cerca de las 6 de la tarde. Al mediodía había almorzado con su hija y juntas habían llevado
al veterinario a Wendy, una perrita blanca que solía hacerle compañía a Zulema. La mascota ayer
dormía plácidamente frente a la puerta de la pieza de su dueña, como esperando un reencuentro
imposible.
Buenos vecinos. Además de ser una de las habitantes más viejas de la
pensión, Villamón gozaba del cariño y la confianza de sus vecinos. Hacía siete años que vivía en
ese conjunto zigzageante de piezas que tiene su ingreso por 3 de Febrero entre Juan Manuel de Rosas
y Buenos Aires, en la misma manzana de la seccional 1ª. En total hay 14 piezas, la mayoría
desocupadas.
“Acá vivimos en forma permanente seis o siete inquilinos,
incluida Zulema. El resto va y viene. Gente que está de paso, por poco tiempo”, consignó a
La Capital cuando la tranquila tarde de domingo se quebraba con una ovación que bajaba de los
edificios vecinos y anunciaba el triunfo parcial de Rosario Central.
Zulema vivía sola en una de las habitaciones más grandes de la planta
baja. Llegar hasta allí desde la calle no es sencillo. Se debe recorrer un largo pasillo y hacer un
par de giros hacia la derecha. La puerta de calle suele tener llave y hay que tocar timbre, pero a
veces también suele quedar abierta.
“No me pregunte cosas técnicas de cómo estaba ella o cómo estaban
sus cosas dentro de la pieza porque apenas me la encontré así, de golpe, en el piso, salí corriendo
para la comisaría 1ª que está acá a la vuelta. Después ellos se hicieron cargo y a los siete
varones que estábamos anoche nos llevaron a declarar. Nos pusimos a disposición de la policía y
estuvimos hasta las 7 de la mañana”, aclaró Bogado, como para exponer la conmoción que causó
el asesinato de “una buena vecina”.
Inesperado. No hubo nada que anunciara el trágico final de Zulema. Nadie en
ese laberinto de pasillos y escaleras escuchó ruidos o gritos. La víctima no tenía problemas de
convivencia. Todo lo contrario. “Era como nuestra abuelita. Hacía mandados para una señora y
también lavaba ropa para un par de señoras acá”, recordó Joel.
El crimen se descubrió cuando otra integrante de la vecindad se acercó
antenoche hasta la piecita de Zulema y allí hubo algo que le llamó la atención y por eso acudió a
Joel. Eran cerca de las 22 cuando el encargado pudo acceder al lugar. La víctima estaba en el piso
boca abajo, con los pantalones bajados hasta la mitad. Presentaba golpes en varias partes del
cuerpo y una probable fractura de cráneo. Tampoco había certezas en cuanto al tiempo que llevaba
sin vida. Al cierre de esta edición no había sospechosos detenidos.