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Asesinan a balazos a una parejita de adolescentes en la zona sur

Dos hombres bajaron de un auto y les tiraron. Buscan a un sospechoso de 28 años como ejecutor. La policía sigue una pista pasional, pero en el barrio, un humilde sector de la zona sur cercano al cruce de Oroño y Uriburu, dicen que los mataron por error.

Lunes 19 de Marzo de 2012

Un chico de 16 años y una chica de 17 fueron asesinados a balazos y otra adolescente resultó herida ayer a la madrugada en una esquina de la zona sur donde uno o dos hombres bajaron de un auto a los tiros. Mientras la policía no descartaba una hipótesis de tipo pasional, vecinos y allegados a las víctimas lo desestimaban de plano, convencidos de que el o los homicidas -sindicados en la barriada como soldaditos narcos- buscaban a otras personas y se confundieron. Al cierre de esta edición la policía procuraba la captura de un joven de 28 años apuntado como el principal sospechoso de la matanza.

El aberrante doble crimen ocurrió alrededor de las 6 de la mañana en la esquina de Vuelta de Obligado y Gutiérrez, un humilde sector de la zona sur cercano al cruce de Oroño y Uriburu. Varios adolescentes terminaban de pasar la noche en una fiesta cuando de pronto arribó al lugar un Fiat Palio, al parecer de color gris, con vidrios polarizados.

Entonces, según relataron testigos, dos tipos conocidos como Dardo y Pachorra bajaron y al menos uno comenzó a disparar. Si bien una versión indica que antes preguntaron por alguien "de la banda de Pochocho", también se indicó que los tiradores no pronunciaron una palabra antes de gatillar.

Fabio Acosta, de 16 años, recibió cuatro balazos: dos en la espalda, uno en el muslo izquierdo y otro en el brazo derecho. Asimismo Irina Rojas, de 17, sufrió un balazo en la espalda. Ambos murieron horas más tarde en el Hospital de Emergencias Clemente Alvarez, adonde habían sido trasladados en vehículos particulares.

Por su parte, una chica de 15 años identificada como Tamara R. fue internada con un balazo en el glúteo derecho en el Hospital Centenario, donde según fuentes policiales se recuperaba ayer fuera de peligro.

Datos. Según fuentes policiales, de la escena del doble crimen se levantaron cuatro vainas de balas calibre 11.25 y un nombre: Dardo. Se trata de un hombre de 28 años domiciliado en la zona sur y con una condena a tres años de prisión, entre otros antecedentes como portación de arma de fuego, robo calificado y lesiones.

Sobre él pendía hasta ayer un pedido de captura del Juzgado de Instrucción Nº 9 por robo calificado, al que habrá que añadirle este hecho por el cual hasta anoche permanecía prófugo.

Incomprensible. Como si el dolor no fuera suficiente, la confusión reinaba todavía ayer a la tarde en la esquina de Vuelta de Obligado y Gutiérrez, justo donde termina un barrio de monoblocks y se abre un pasillo de humildes viviendas en calles de tierra. Muchos chicos y adolescentes pateaban la cuadra sin terminar de comprender lo sucedido horas antes con sus amigos.

Algunas amigas de Irina contaron que la chica había estado un boliche de Ovidio Lagos y Fragata Sarmiento y luego pasó por una fiesta que sus amigos y vecinos estaban haciendo en esa esquina. "Ella venía de Jumper con otra amiga y se quedó un rato. Después, justo cuando estaba por irse a dormir, apareció el Palio de donde bajaron dos tipos armados", contó una adolescente que no pudo graficar el momento en el que el atacante le disparó a sus víctimas.

En este sentido, los testimonios coinciden en que Fabio estaba en la esquina, alejado unos metros del lugar de la fiesta y abrazado a Irina, cuando le dispararon. Entonces, la chica intentó asistirlo y recibió un balazo.

Amén de la saña incomprensible de los cuatro balazos al muchacho, los testigos destacaron que el tirador le pegó varios culatazos en la cabeza a la chica baleada. "Le gritó «cállate, hija de puta» y le pegó varios cañazos en la cabeza", contaba una chica.

Relaciones. Esta saña y otros datos motivaron a los investigadores a pensar en un trasfondo pasional para el doble homicidio. Así, la versión policial refiere una relación previa entre Irina y Dardo, que habría reaccionado por celos al verla abrazada y a los besos con Fabio.

Pero esta versión fue desestimada de plano por la mamá de la adolescente asesinada. "Tengo entendido que mi hija era amiga de la pareja de este Dardo, así que no entiendo por qué la mató", comentó Gabriela, quien al tiempo de negar la relación entre su hija y el sospechoso también dijo desconocer si Irina estaba de novia con Fabio, lo cual sí fue confirmado por otros allegados a la chica.

Lo cierto es que, más allá de estos vínculos, muchos vecinos coincidían ayer en la hipótesis de que Dardo y Pachorra estarían buscando a miembros de una banda rival y "se confundieron".

Natural. Entonces el enfoque sobre el relato se amplía y ya no sólo se habla de dos adolescentes muertos sino de bandas de pibes sacados que disputan a los tiros sus antagonismos -o los de sus jefes- pretendiendo imponer respeto en las calles en función de los crímenes cometidos.

"Parece que a las 4 de la mañana le habían pegado un balazo a un pibe en Sancho Panza y Balcarce", comentó un vecino al pasar, sobre supuestas actividades de Dardo y su grupo, a quienes también se les atribuye cuidar coches en inmediaciones del Casino City Center.

"Están relocos, van re-puestos", señalaba otro joven sobre el accionar general de estas bandas, como si fuera posible que dos asesinatos cometidos con semejante saña pudieran ser consecuencia de un error.

Lo más inquietante es que sí puede ser: apenas habían transcurrido cuatro horas de este año cuando un demencial acto de venganza terminó, en una canchita de la villa Moreno, con las vidas de tres pibes que no tenían nada que ver con la disputa original.

Menuda tarea será, entonces, la de combatir el crimen si a las irracionales motivaciones de venganza, odio, locura, interés económico o rapiña hay que empezar a contemplar el error como un nuevo móvil.

En ese caso, el error sería de toda una sociedad que -por motivos similares a los que llevan a matar- no encuentra el camino para dejar atrás la impunidad.

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